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domingo, 26 de junio de 2022

LA ALTERNATIVA DE JOSELITO EN 'EL CORREO DE ANDALUCÍA' (I)

'El Correo de Andalucía' publicó en su edición del 28 de septiembre de 1.912, día de la alternativa de Joselito en La Maestranza, varios pasajes referidos a la previa de dicho acontecimiento que reproducimos a continuación.

El primero, bajo el epígrafe 'Palique Taurino', lleva la firma de A. N. Drés: 

—¿Estuvo usted en Tablada? 

—Sí, señor, y allí he visto a Ricardo Torres (Bombita), que, en vez de torero parecía  un inglés de los que se dejan caer por aquí  en Semana Semana Santa. También me encontré, al  regreso, a Francisco Posadas, acompañado  de varios amigos. 

—¿Había mucha gente? 

—Poca, es decir, con arreglo a la que estoy acostumbrado a ver en víspera de feria. 

- ¿Y qué han presentado loa señares Moreno Santamaría, Surga y Salas? 

—Tres corridas que no han satisfecho.  Es más, que sólo han merecido censura;  porque a la única que se le puede aplicar el  nombre de corrida de toros es a la de don Felipe Salas, y a pesar de que no llena para una feria en Sevilla. 

—¡Entonces, las otras?, 

—Las otras son buenas para novilladas,  y nada más. La de Moreno Santamaría está  gorda, pero es chica y corta do pitones; y la  de Surga, aunque parecen de más edad los bichos, están más escasos de romana y tampoco pasan de medianejos ni son crecidos de cornamenta. 

—Total, que nos toman el polo. 

— Así como suena. 

— ¿Va usted a publicar los nombres y pelos de los... toros? 

— ¿Para qué? Al público debe tenerle sin cuidado el que los bichos en llamen lo que su  dueño quiera nombrarle, ni que sean negros  o cárdenos; lo principal, lo único, interesante es informarle de sí el ganado está presentado  con arreglo a los precios señalados en el cartel, y eso ya lo sabe. 

—La corrida de Madrid se suspendió. 

—De lo cual se han alegrado no pocos  partidarios de Gallito. 

-¿Y eso?...

—Porque así toma José la alternativa en nuestra plaza. 

— Tienen razón; es un aliciente, 

—Pues, sin embargo, son muchos los aficionados que aseguran quo no hay lleno. Yo  no apuesto a lo contrario. 

(...)

—¿Y de la inauguración de «El Gallinero», qué me cuenta usted? 

—Que me asomé por allí, estuve unos minutos informándome del acto, fui bien atendido por parte de todos los socios y cuando  el banquete empezaba, me marché, a pesar  de las grandes insistencias para que comiera,  por parte de los partidarios de la "dinastía  gallística", y conste que no por despreciar  a nadie, sino porque,., eran muchos mis quehaceres. 

—Estaba aquello animado? 

—No resultaba mal. La mesa la vi completamente llena y algunos individuos se rebosaban por los lados. Allí estaban los señores Vega, por El Noticiero, Pedraza, por  El Liberal y el corresponsal de Nuevo Mundo, señor Olmedo, quo impresionó dos placas  al magnesio. 

—¿Y el local? 

—Muy bonito. Están adornadas las paredes con los retratos, en gran tamaño, do todos los Gallitos y de su padre, un cuadro con la reseña del debut de Joselito en Sevilla y  si no me equivoco el retrato de Limeño. De  frente a la puerta se ven dos cabezas de toro, disecadas. 

—¡Hubo brindis? 

—¿No le he dicho a usted que me vine al  empezar la comida? Lo que sí había amenizando el acto era una murga callejera capaz  de quitarle las ganas de comer al mismo don Lino. 

—iCaracoles, mala sería!.. 

(...)

Pero lo sorprendente aparece en la página 3 del mencionado rotativo, donde en un breve se da cuenta de los primeros detractores con que contó Maravilla:

Gallito Chico, silbado

Córdoba, 27, 21

Al pasar el diestro 'Gallito III' en el expreso para Madrid con el objeto de tomar la alternativa, unos grupos que le vieron comenzaron a silbarle.- García

miércoles, 22 de junio de 2022

LA MUERTE DE JOSELITO EN 'EL CORREO DE ANDALUCÍA' (Y III)

Esta es la esquela que se publicó en primera página en la edición del martes 18 de mayo de 1.920 en 'El Correo de Andalucía':





domingo, 19 de junio de 2022

LA MUERTE DE JOSELITO EN 'EL CORREO DE ANDALUCÍA' (II)

En esta segunda entrada en la que se refiere la muerte de Joselito según consta en 'El Correo de Andalucía' de 18 de mayo de 1.920, reproducimos una poesía titulada 'Arrabal' y firmada por Saucillo. El ejemplar del que se ha extraído la información forma parte de la colección digital de la Hemeroteca Municipal de Sevilla:

Mundo Gráfico, número 74 de 26 de marzo de 1913
                                                           

ARRABAL

La musa del Arrabal

Está hoy entristecida; 

Ella, que jamás lloraba,

Hoy llora a lágrima viva.

Ha empeñado los aretes

De oro, con piedras finas,

Que en grandes solemnidades

Con tanto primor lucia,

Y con las mismas monedas.

Llevada de un ansia misma

Desempeñó su pañuelo

De negro crespón de China,

Y así, vistiendo de luto,

De pena, el alma transida.

Con el paso vacilante

A su barrio se encamina...

- Cierre usté la puerta, madre,

y doble las persianillas,

¡Que ha muerto el mejor torero

nacido en Andalucía!

¡Oh, musa del Arrabal,

Musa ingenua, musa linda,

Laa del pelo enclavelado,

La de la humilde faldilla,

La de la peina de concha,

la de andares de pizpita...!

Sobre el cristal de tus ojos

Gotas de cristal vacilan...

Musa alegre, ¿por qué lloras?

¿por qué lloras, musa mía?

—Lloro por la juventud

trágicamente caída;

Lloro por aquel muchacho

tan hombre en sus niñerías

Y tan niño en sus hombradas.

Tan digno ante las perfidias,

Generoso con los pobres,

Recatado a las malicias

De picaros y haraganes

Que asedian la torería.

Lloro por el niño-sabio,

Joselito "Maravilla",

El gran lidiador de reses,

El que era artista de artistas,

El que humilló a toros bravos

Y a mansos embravecía,

El torero más consciente

De las suertes de la lidia,

Soberano con la capa.

Monarca en las banderillas.

Rey con la muleta y príncipe

Con el hierro toricida...

Era él la clave central,

y a tal centro convergían

Todas las piezas que forman

De la mezquita taurina

La bóveda, de que penden

Las lámparas encendidas

Por la afición a sus ídolos

Con fanática porfía

Rota la clave suprema,

En hora infausta partida

La piedra angular, el ñudo

Que sostuvo la arquería,

Toda la fábrica está

Amenazada de ruina.

Es como si el sol, que es fuerza,

Centro, luz, calor y vida

De los mundos, que a su influjo

En el espacio rutilan,

Se apagara en un instante...

Todo se desquiciaría!

La musa del "Arrabal"

Está como enloquecida,

Va corriendo por las calles,

Hacia San Gil se encamina,

Y ante el altar de la Virgen

Esta plegaria musita:

"Virgen de la Macarena,

Venerada y bendecida

Muy cerca de las murallas

De estos barrios de Sevilla,

Donde viviera el torero

Que ahora ha perdida la vida.

Era él muy devoto hermano

Mayor de tu cofradía

y llevaba tu medalla

Junto al corazón prendida.

Yo le he visto muchas veces

Humillarse en las capillas

De los circos donde luego

Derrochara valentía,

Inclinada la cabeza,

Rezando con voz contrita

A otras advocaciones

Tuyas, y así rezaría:

Dios te salve, Reina y Madre

De misericordia, y vida

Y dulzura y esperanza..."

Y ante este nombre, que invita

A recordarte, es seguro

Que él te recontaría.

Y si su esperanza eras,

Es la hora de cumplirla.

Sobre la arena cayó

la última caída..

A la puerta de la gloria

Se oye el nombre de María:

¡Es el alma del torero

Que llama con ansias vivas!

¡Virgen de la Macarena,

ten piedad de ".Maravilla"!

¡Era tu hijo, el hermano

Mayor de tu cofradía!"

La musa del "Arrabal"

La oración así termina,

Se dirige a su casa

Lloando a lágrima viva...

Cierre usté la puerta, madre,

Doble las persianillas,

Ha muerto el mejor torero

Nacido en Andalucía!


miércoles, 15 de junio de 2022

LA MUERTE DE JOSELITO EN 'EL CORREO DE ANDALUCÍA' (I)

El martes 18 de mayo de 1920 la edición sevillana de 'El Correo de Andalucía', daba cumplida cuenta de la cornada mortal sufrida por Joselito en Talavera dos días antes. 

Uno de los artículos, firmado por Alardi, dice así:


Talavera, 16, 19 noche.

Alardi.—Albareda, 17.

Joselito acaba fallecer enfermería plaza.

CONDE.

JOSELITO HA MUERTO

La fiesta de toros en período agónico


Las plumas altisonantes que supieron embellecer dignamente la figura torera de Joselito el Gallo, hubiesen callado mudas de terror, sin atreverse a expresar la pérdida que para la afición entera significa la inesperada muerte del gigantesco sostén de la españolísima fiesta de toros.

Joselito ha muerto, dejando a ésta en período agónico.

De no haber ocurrido la tremenda desgracia, el maestro, retirado un día de su arriesgada profesión, hubiese ido confirmando la contextura material de los que aspiraran a sucederle, negándoles el inagotable caudal de conocimientos que en su triunfal vida torera llegó a adquirir.

Pero no ha sido así, y Joselito, al morir, no sólo se ha llevado «la llave de la despensa» de muchos que a su sombra se encumbraron, sino la llave de los secretos del difícil arte de lidiar toros.

De vivir Don Modesto, aquel espíritu sutilísimo que supo descubrir un embrión la gama valiosísima que atesoraba desde sus comienzos el torero más completo de cuantos han vestido traje de luces, estamos seguros que hubiese propuesto como señal de duelo por la irreparable pérdida que en estos momentos llora la afición, que por determinado tiempo se hubiese paralizado la bulliciosa vida del mundo taurino, dejando enredarse a su propio abandono coletas que nunca llegarán a peinarse coa la galanura de estilo de José, y dejando también secar las plumas que en mucho tiempo tendrán ocasión de relatar faenas memorables como las que a diario constituyeron la sólida base del torero Maravilla.

A los momentos de estupor que la violenta noticia produjera ha seguido un general estremecimiento de angustia, concretado en este íntimo interrogante: ¿qué pasará ahora?

El nombre del malogrado Gallito significaba dominio completo, solvencia absoluta, meta del toreo artístico, cumbre de una escuela que no por muchos imitadores ha tenido hasta ahora dignos sucesores.

En Joselito se condensaba todo el proceso de la fiesta de toros. A su arbitraje parecía quedar relegado lo que en adelante hubiese de ser ésta.

Agotados por diferentes razones los valores que a su lado brillaron por méritos inapreciables y justos, en completa madurez otros que no darán de sí más de lo que han dado, la figura de José encerraba una incógnita, una esperanza risueña que un toro de ganadería cunera ha venido a cortar de raíz.

El paréntesis queda abierto, ¿quién lo cerrará?

Por ahora sólo podemos colocar una serie de puntos suspensivos. La trágica muerte de José, a modo de irónica compensación, ha logrado aunar los clamores en un solo clamor. ¡El insustituible!

La leyenda que a modo de barrara separaba al partidario del enemigo la ha hecho trizas el toro «Bailador», de la ganadería de la viuda de Ortega. ¡Si expusiera! ¡Como no expone!...

Ha tenido que morir de una terrible cornada inferida en ocasión que dominaba, que pretendía destroncar a un marrajo, para borrar para siempre el punto flaco que servía de bandera a sus detractores.

Así fue su vida. 

Peldaño a peldaño, dejándose jirones de amor propio entre las zarzas adversas, poniendo a contribución sus juveniles arrestos, conquistó los laureles y triunfos que le harán inolvidable.

Nació para su arte, vivió para él y por él ha muerto.

En Talayera de la Reina ha quedado enterrada la página más brillante de los Anales del Toreo.

Dediquemos una oración por el eterno descanso del alma de Joselito el Gallo.

domingo, 19 de agosto de 2018

JOSELITO Y GUADALUPE EN 'EL CORREO DE ANDALUCÍA'

'El Correo de Andalucía' publicó el pasado 15 de julio el artículo que se reproduce a continuación en el que Álvaro R. del Moral rememora la relación entre Joselito y Guadalupe de Pablo Romero a propósito de la única, y curiosa, foto que de la pareja existe. 

La de la fotografía es la única imagen de José y Guadalupe -pintada en el lienzo- juntos. / Archivo A.R.M.

Gallito: de la vida, el amor y la muerte

Joselito cayó en Talavera reconcomido por el amor imposible de Guadalupe Pablo-Romero




















Sevilla, 29 de abril de 1917. En los salones altos del Ayuntamiento se había inaugurado una muestra pictórica que, bajo el título de Exposición Primaveral, reunía a las primeras firmas del panorama artístico del momento. Había sido organizada por la sección de Bellas Artes del Ateneo bajo la cuidada decoración de Gustavo Bacarisas y Eloy Zaragoza. En el extenso catálogo llamaban la atención los más de cuarenta cuadros firmados por García Ramos o los expuestos por Gonzalo Bilbao. Entre tantas y tantas obras, impregnadas de la inconfundible atmósfera regionalista de la época, había una, pintada por Miguel Ángel del Pino y Sardá, que retrataba a las señoritas María Hermosa, Leonor y Guadalupe Pablo Romero.
Eran las hijas de Felipe de Pablo–Romero y Llorente, heredero del primer ganadero de este apellido al frente de la mítica ganadería marismeña que aún lidia bajo la denominación de Partido de Resina. Pocos sabían –o no lo decían– en aquella sociedad estamental de la Sevilla de comienzos del siglo XX que Guadalupe era pretendida por José Gómez Ortega, el gran Joselito. Pero aquel amor, correspondido por la joven damita, también contaba con la firme oposición de la familia –el patriarca al frente– que no podía consentir que uno de los suyos llegara a emparentar con un simple matador de toros, por muy figura que fuera, que para más inri era medio gitano. José visitó aquella Exposición Primaveral y se hizo sacar una fotografía junto al retrato de las distinguidas hermanas Pablo–Romero. Es la única imagen que, de una forma u otra, se conserva de los dos enamorados juntos.
El periodista y escritor Paco Aguado, autorizado y definitivo biógrafo de Joselito, esbozaba algunas preguntas al respecto en su libro El rey de los toreros. «...resulta paradójico, cuando menos, siendo Joselito uno de los íntimos amigos del famoso criador de bravo sevillano, siempre con las puertas de su casa abiertas de par en par y con una estrecha relación tanto taurina como personal, que el ganadero no permitiera que aquella relación siguiera adelante». Las convenciones sociales de la época se habían convertido en un muro infranqueable. Joselito lo tenía todo; menos la mujer que amaba. Quedaban tres años para la cita definitiva de Talavera de la Reina...
Gallito afrontaba en 1917 su quinta temporada completa como matador de toros en plena competencia con Juan Belmonte, que al final de ese año se tomaría un descanso dejando a su amigo y rival en completa soledad al frente del timón del toreo. José ya era el rey de los matadores pero también empezaba a experimentar las amarguras que no le dejaron de acompañar hasta el final ¿Qué le pasaba a Joselito? El peso organizativo del toreo gravitaba sobre sus hombros pero la enfermedad irremediable de su madre, la bailaora Gabriela Ortega, terminó de sumirle en una honda postración que se acentuó con el fallecimiento de la matriarca de los Gallo en enero de 1919. Pero la vida, y la función, seguían. En esa tesitura, con parte de la prensa y la plaza de Madrid a la contra, aceptó el contrato de Talavera para congraciarse con Gregorio Corrochano, el influyente crítico del momento. Bailaor, el torete burriciego de la Viuda de Ortega, se cruzó en su camino aquel 16 de mayo de 1920. Todo se había consumado.
A Joselito le perdonaron pocas cosas en vida. Pero tampoco lo iban a hacer en su muerte. La nobleza y la poderosa burguesía agraria de la época, de alguna manera, se vengaron de la osadía de José Gómez Ortega, ese torero medio gitano que había desafiado a la mismísima Maestranza alentando la construcción de la efímera Monumental de San Bernardo o pretendido casarse con una niña de la clase. Aristócratas y labradores pusieron el grito en el cielo por la organización del funeral del diestro caído en la mismísima catedral de Sevilla.
Muñoz y Pabón, el imprescindible canónigo de Hinojos, los puso en su sitio con otro de sus memorables artículos publicados en El Correo de Andalucía en el que no dejó títere con cabeza. Aquel artículo le valió el regalo de la famosa pluma de oro sufragada por cuestación popular que entregó a la Virgen de la Esperanza Macarena, la misma que Rodríguez Ojeda había cubierto de gasas negras a la muerte del torero de Gelves. Guadalupe de Pablo–Romero sobrevivió 63 años a Gallito. Falleció el 5 de abril de 1983 en su casa de Los Remedios y nunca dejó de llevar flores a la tumba de José. Jamás se casó.