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miércoles, 24 de enero de 2018

CAPOTES DE PASEO DE JOSELITO EN LORCA (Y II)

Continuando con el tema iniciado hace una semana, publicamos el segundo y último artículo del catálogo de la exposición 'De seda y oro, plata, óleo o azabache... capotes con historia', celebrada en el Museo Azul de la Semana Santa de Lorca entre el 29 de septiembre y el 5 de noviembre del pasado año. La muestra fue comisariada por la Dra. María Verónica de Haro de San Mateo.

En esta ocasión firma el trabajo el crítico taurino Vicente Zabala de la Serna:

El capote de luto de Joselito: su historia

Año de confección: 1919
Sastrería: Uriarte
Composición: Seda negra bordada con azabaches
Perteneció a: José Gómez Ortega “Joselito El Gallo”, Bernardo Muñoz “Carnicerito de Málaga”, Rafael de Paula, Antonio Ordóñez y Antonio Bienvenida.
Propiedad de: Paloma Mejías Gutiérrez


Capote de luto.
Metí los dedos entre las telas del capote de paseo negro de Antonio Bienvenida como Santo Tomás en las llagas de Cristo redivivo. Incrédulo de su existencia resurrecta. Sabía de su leyenda. Conocía, más o menos, su historia. Y quería tocar la seda que envolvió al maestro de la torería y la naturalidad en su última tarde en Carabanchel, un 5 de octubre de 1974. La deslumbrante oscuridad exterior de la reliquia se vuelve rosa fucsia y caña adamascada en su reverso. La esclavina desprende cierta luz luctuosa en sus bordados de azabache. Como hileras de perlas de carbón.
Paloma Mejías, calco genético de su padre, lo conserva en una pared blanca de su casa. Como si fuera una mariposa negra clavada en la cal por los extremos de sus alas. Debajo hay cuatro sillas de enea vestidas con viejos trajes toreros de oro gastado. El terno verde botella, en concreto, refleja la sonrisa de un retrato al óleo que cuelga en el otro muro del pasillo estrecho. Bienvenida y su sonrisa imperecedera. La imagino imperturbable en el patio de cuadrillas de Vista Alegre cuando Rafael de Paula reclamó la propiedad de la joya en la arrebatada tarde carabanchelera. Rafael escaneaba con la mirada los pliegues sedosos, el tejido ondulado como un mar de petróleo, la inconfundible elegancia de la pieza, que le sonaba de antiguo. Antonio se percató de reojo. Y preguntó de frente al gitano del jerezano barrio de Santiago si reconocía el capote.  “Cómo no lo voy conocer, ¡si es mío!”, contestó Rafael…

A la muerte de la madre de Gallito, la señá Gabriela (Ortega), el 25 de enero de 1919, el Rey de los toreros encargó a su sastre un capote de riguroso luto que mostrase en los ruedos el dolor ingobernable. Y no sólo el capote.

Una cadena de favores precedió como una estela adelantada las peripecias del capote hasta su destino final. Rafael el Gallo cumplió con la promesa de su hermano, muerto dos meses y medio antes en Talavera,  y el 1 de agosto de 1920 concedió la alternativa  a Bernardo Muñoz “Carnicerito de Málaga” en la tierra de su apodo. Como recuerdo de su apadrinamiento, el Gallo regaló a Carnicerito el capote negro que había heredado de José.

Pasó el tiempo, mucho tiempo. Tanto como para que la guerra incivil apuntillase la dorada Edad de Plata del toreo en el 36. Carnicerito militó en la cuadrilla de Ignacio Sánchez Mejías, y en la de Juanito Belmonte, y más tarde en la de Manolete, y después en la de Álvaro Domecq. De su matrimonio nació en Jerez –curiosa cuna y forja del torero de Málaga- Marina, que se casaría con aquel joven gitano de piel cetrina que enamoró a Juan Belmonte en “Gómez Cardeña” con el cante de fragua y bronce de su toreo: Rafael de Paula. En casa de los Muñoz, Paula veía los brillos oscuros del capote de los Gallo como una llamada de lo antiguo. Su suegro y apoderado atisbó en sus ojos la admiración deseosa, y en un acto de desprendimiento madurado se lo regaló. Rafael, sin embargo, dijo que no, que mejor sería que lo guarde usted, que aquí está bien, para qué moverlo, no vaya a ser.   

Cuando agonizaba la década de los 50, vinieron mal dadas para Bernardo Muñoz. Antonio Ordóñez le organizó un festival benéfico el 1 de abril de 1962 en “su” Malagueta. Uno de los tantos gestos solidarios e impagables que perfilan el carácter altruista y fraternal de los toreros. Carnicerito, en agradecimiento, obsequió a Ordóñez con el capote de José. Como si la generosidad corriese como una chispa por un reguero de pólvora, el maestro de Ronda colocó un eslabón más en la cadena de favores. Antonio Bienvenida había respondido a su reclamo para torear el festival que dirigía y como gratificación quiso que el capote negro de Gallito fuese a parar a sus manos. Las manos que el 5 de octubre de 1974 lo acariciaron por última vez ante la mirada incrédula de Rafael: “Cómo no lo voy a reconocer, ¡si es mío!...” “Lo era, Rafael, lo era”, respondió Antonio Bienvenida en el patio de cuadrillas de Carabanchel sin perder la sonrisa imperecedera. El capote negro de José envolvió el último paseíllo de su vida.  Antonio murió exactamente un año después.

Vicente Zabala de la Serna

miércoles, 17 de enero de 2018

CAPOTES DE PASEO DE JOSELITO EN LORCA (I)

El pasado año, entre el 29 de septiembre y el 5 de noviembre, se celebró en el Museo Azul de la Semana Santa de Lorca la exposición 'De seda y oro, plata, óleo o azabache... capotes con historia', comisariada por la Dra. María Verónica de Haro de San Mateo.

Con tal motivo se editó un magnífico catálogo, cuyos datos figuran más adelante, del que entresacamos este trabajo firmado por María Verónica de Haro y referido a un capote de paseo bordado para José en Lorca.

De Haro de San Mateo, María Verónica
(Coord.): *De seda y oro, plata, óleo o azabache... capotes con historia*,
Fundación Paso Azul, Lorca: 2017. D.L. MU-1117-2017


Bordado en Lorca para el rey de los toreros

Año de confección: 1917
Diseñador: Emilio Felices
Composición: Seda color marrón “tabaco” bordada en sedas de colores
Perteneció a: José Gómez Ortega “Gallito”
Propiedad de: Patrocinio Pedrajas Sánchez
Excelente obra de arte lorquina.

Lorca. Invierno de 1917. Un revoloteo de manos que contonean agujas enhebradas de coloreados hilos de seda se afana en trasladar al elegante raso color “tabaco” las indicaciones del director artístico del taller de bordados del Paso Blanco. Puntada a puntada, Ángela Morales Cánovas y Encarnación Iglesias García de Alcaraz se esmeran en la técnica del novedoso punto corto para lograr el matiz de las gradaciones tonales del boceto diseñado por Emilio Felices.

El trabajo es muy distinto a los acostumbrados. Se borda un capote de paseo para el célebre José Gómez Ortega, Joselito. El diseño es realmente espectacular. No puede ser de otra forma tratándose de un regalo para Gallito, niño prodigio del toreo, príncipe de la gloriosa dinastía de los Gallo, primer espada capaz de superar el centenar de corridas de toros por temporada… aquel por el que estrenaría luto y lágrimas de verdad la Macarena… La efigie del matador protagoniza el medallón de la original esclavina, presentada como un delicado abanico de varillas caladas de marfil. El retrato en seda desprende extraordinario realismo. Es tan fiel como las cromolitografías del torero publicadas las revistas taurinas de la época.

Majestuosos galones bordados cual blonda en el vuelo del capote – recuerdo de columnatas de mármol del patio de la casa familiar en la Alameda de Hércules – enmarcan motivos florales que sirven de flanco a la escena principal. A la izquierda: un personaje a caballo ronda a una moza asomada a un balcón de geranios. Primoroso el enjaezado bordado de la montura. A la derecha: un guiño al lidiador más completo y virtuoso, que se adorna colocando un par de banderillas a un burel castaño. De testigo, una fachada singular: La Monumental inspirada por Joselito – en construcción por aquellos días en la sevillana calle Monte Rey – que sería inaugurada por el matador en 1918. En el centro: capa, madroños y bodegón de motivos flamencos (guitarra, peineta, abanico y pandereta) embellecen el galón principal, en homenaje a la Señá Gabriela, reina gitana, bailaora fetén y madre amantísima del torero.

Próximas al bastidor donde el capote va adquiriendo toda su prestancia, algunas damas blancas dan vida al frondoso jardín de rosas, margaritas, pensamientos y azucenas del Estandarte de la Oración en el Huerto. A ratos, esas gráciles manos orlan el capricho de flores del paño de Gallito, que se concluye festoneando una guarnición de cintas con los colores de la bandera española. Terminado el capote… ¡que suene pues el clarín!

Sevilla. Primavera de 1917. La empresa de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería ha hecho proposiciones a Joselito para incluirle en el cartel de feria en vista de que, a causa del hundimiento de la Plaza Monumental, queda el famoso espada libre del compromiso que tenía contraído con Echevarría respecto de Sevilla. Gallito se ha mostrado dispuesto y en una segunda conferencia se resolverá si actuará o no en las próximas corridas. Al tiempo, los maestrantes “se regocijan con la esperanza de poder ver torear juntos a los dos fenómenos[1]. Diversas circunstancias impiden, finalmente, que el nombre del menor de los Gallos se anuncie en el serial, pero se acuerda otra fecha para contentar a la afición en beneficio de la Cruz Roja. Joselito vestirá de luces ese día.

Accediendo el ruego de su Presidente, el Monarca ha decidido prolongar su estancia “con objeto de asistir a la corrida que organiza la benéfica institución”[2]. La función ha despertado tal interés, “que entre las enormes colas que se han formado en los despachos de reventa de billetes se han registrado varias broncas por la obtención de localidades, las cuales se están vendiendo con un enorme sobreprecio”[3]. Los revendedores clandestinos solicitan veinticinco pesetas por las entradas de sombra y diez por las de sol. La comparecencia de El Gallo, Gallito y Belmonte – ausentes de la recién concluida Feria de Abril – ha originado una formidable expectación.  

La ciudad despierta perfumada de azahar el 27 de abril. Los maestrantes han cedido a la Comisión organizadora gallardetes, trofeos y banderas para el adorno de la plaza, que luce más coqueta que de costumbre. Mantillas y mantones de Manila confieren especial realce al conjunto. El lleno es imponente y la animación indescriptible. En toriles aguardan “Carrón”, “Coriano”, “Codicioso”, “Manchonero”, “Choricero”, “Curioso” y “Gaditano”, todos de Saltillo[4]. Los matadores y sus cuadrillas apuran los últimos minutos en el patio. El Teniente de Alcalde Sr. Bandera – asesorado por Joaquín Hernández Castro Parrao – ocupa la presidencia, y al llegar al palco regio Alfonso XIII, acompañado de los Infantes Doña Luisa y Don Carlos, es ovacionado largamente. El Gallo, de azul y plomo; Gallito, de verde y oro y Belmonte, de grosella y oro – todos ellos con crespones negros de luto por Ballesteros[5] – asoman por la puerta de cuadrillas para trenzar el paseíllo. ¡Suerte!

Al día siguiente, las crónicas de los periódicos contaban que Rafael y Juan no estuvieron airosos a causa de la mansedumbre de los toros, a pesar de lo cual Joselito “veroniqueó magistralmente de capa”[6] al segundo y “pareó en fuerza de sabiduría” [7] al quinto. Pero aquella fecha de la que se cumplen cien años y  que, ciertamente, no pasó a los anales del toreo, resultará emotiva para mis paisanos. Aunque no lo recogieran los cronistas de entonces, esa tarde de primavera se estrenó en la Maestranza este espléndido capote bordado en Lorca para el rey de los toreros.

María Verónica de Haro de San Mateo




[1] El Imparcial, 3/4/1917, p.2
[2] La Época, 25/4/1917, p.2.
[3] El Correo Español, 25/4/1917, p.4.
[4] La Correspondencia de España, 28/4/1917, p.3.
[5] La Acción, 27/4/1917, p.5.
[6] La Mañana, 28/4/1917, p.11.
[7] La Nación, 28/4/1917, p.8

domingo, 8 de octubre de 2017

EXPUESTO UN CAPOTE DE PASEO DE JOSELITO EN LORCA

Cartel de la exposición
La Fundación Paso Azul, de la Hermandad de Labradores Paso Azul de Lorca, presenta hasta el próximo 5 de noviembre en el Museo Azul de la Semana Santa, la muestra  “De seda y oro, plata, óleo o azabache… capotes con historia”, en la que rinde homenaje a este complemento imprescindible de la Tauromaquia. 

La selección de las 30 obras permite admirar capotes excepcionales, algunos de los cuales han sido bordados en Lorca, como el que en su día se confeccionó para Joselito. Según ha recordado la comisaria de la exposición, María Verónica de Haro de San Mateo: “La exposición es un siglo de tauromaquia contado a través de una treintena de capas que podrán ser admiradas gracias a la extraordinaria generosidad de toreros, familiares, sastres y museos taurinos que los han cedido para la ocasión”.

La exposición se acompaña de la edición de un catálogo conmemorativo de 160 páginas, en el que los propios toreros y sastres taurinos que han cedido sus capotes narran la peculiar historia de cada una de las piezas expuestas junto a personalidades de la cultura, la política y los medios de comunicación. También se ha previsto la celebración de un ciclo de conferencias y mesas redondas con la participación de algunos de los protagonistas de la muestra a lo largo del mes de octubre.