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domingo, 18 de julio de 2021

EL CAPOTE DE RAFAEL (TESTIMONIO DE GERARDO DIEGO)

 

Rafael en el remate de un quite (Colección ABC)

En el número de El Ruedo publicado el 23 de marzo de 1967, Gerardo Diego enjuiciaba el toreo de capote de Rafael.

Detrás de Juan vinieron los toreros gitanos, precedidos por El Gallo. Y con ellos el lanceo lánguido y bajas las manos. En Rafael "El Gallo" era mejor el toreo a una mano o con las dos, pero por la cara y variando los adornos. Su repertorio de largas ha sido el más fantástico y bello que yo he podido presenciar. Recuerdo una corrida de Beneficencia en Madrid en que Ignacio Sánchez Mejía me llevó a la plaza. Entramos, ya empezada la corrida, y desde un palco vimos al veragua, uno de aquellos veraguas prodigiosos de robustez y hermosura, embestir a un picador y a Rafael hacerle el quite sacándole con una larga, luciendo una majestad aliada con una gracia calada y, por supuesto, con una precisión magistral para llevar toreado al toro y para cuidar el revoleo de flor del capote. Ignacio y yo nos entusiasmamos, Y mi amigo, el esforzado torero, a quien tales primores le estaban negados, aunque su arrojo diese a su lidia momentos tan inolvidables, me dijo:


"Eso no lo hace ya más que Rafael. Y con cincuenta años casi."

La inspiración de Rafael en el primer tercio era tan inagotable que, por ejemplo, yo le vi, y dos veces seguidas, quitar arrodillándose antes de salir el toro del caballo, sabiendo situarse en el sitio exacto para dar largas afaroladas, la segunda tan ceñida, que hubo de inclinar violentamente la cabeza para que no se la tronchara



miércoles, 16 de junio de 2021

GERARDO DIEGO, RAFAEL Y LA LARGA CORDOBESA


El 6 de diciembre de 1966 la revista El Ruedo publicó un excelente artículo de Gerardo Diego titulado “La invención de la larga cordobesa”. Mostramos un extracto de este texto, el dedicado a Rafael y su interpretación de la mencionada suerte de capote.

 

Como es sabido, la larga cordobesa, cuya invención se atribuye, con mucha verosimilitud, a los califas del toreo cordobés, y cuya ejecución por Lagartijo el Grande yo conozco a través de dos relatos igualmente magistrales uno, escrito, de Azorín, y otro, hablado, ante toreros y poetas, por Ortega (don José), consiste en el lance a una mano, el capote cogido por una punta, resbalado al natural a la salida de un quite y rematado cuando el toro, bien toreado, da la vuelta, alejándose majestuoso el diestro sin volver la cara, con la capa arrastrando y colgada del hombro. La suerte es preciosa y de un garbo más romano que andaluz, según ya presentíamos y ahora vemos confirmado en la ópera.

En cuanto a mí, he visto ejecutar la larga cordobesa a un cordobés, Rafael González "Machaquito", amigo de Galdós. Y a un madrileño por accidente, sevillano de estirpe, Rafael Gómez "Gallito". "Acuérdate que te llamas Rafael", le canté recordándoselo. Y el sabor y grandeza que supo dar al lance fue muy superior al del otro Rafael, aunque fuera cordobés de verdad. Luego, ¿la he vuelto a ver en los ruedos? Alguna aproximación incompleta. Pero pura, cesárea, jamás como la del Gallo el 26 de junio de 1913 —otra tarde inolvidable —en mi plaza de Santander.

 

domingo, 13 de enero de 2019

'EXHORTACIÓN A GALLITO' POR GERARDO DIEGO

Gerardo Diego, en su libro 'La suerte o la muerte', no solo se ocupa de Rafael y José sino que también lo hace de su sobrino Rafael.


EXHORTACIÓN A 'GALLITO'

(Rafael Ortega Gómez)




Al verte aquel día
vestido de luces, 
me bailó por el talle una zambra 
de lances y frunces.

Otra vez mi cuerpo
de mis quince años,
jugando a los toros allá en la alameda
con chiquilicuatros.

Cabeza de toro,
el mimbre y las astas.
Muleta y capote de aquel maletilla
que fue a Salamanca.

Espada de palo,
banderillas rizas.
Lección de toreo -bautismo de estética-,
viriles primicias. 

Músicas juncales
 de los pasodobles
y el descubrimiento del sur perezoso
que me reconoce.

Sierras, vegas, ríos,
toda Andalucía
que viene a mi encuentro volcada en un toro
de infancia y de brisa.

Déjamelo solo,
tráemelo que juegue. 
Pasa, pasa y pasa; cuádrate que quiero
jugar a la muerte.

Ay mis quince años
como quince rosas,
como quince verónicas lentas
 que se me deshojan.

Al verte, 'Gallito',
 vestido en la plaza,
comprendí que el secreto del tiempo
sin vuelta ni trampa

lo lleva el torero
que rige la lidia,
la llave la lleva la espada heredada
de la dinastía,

y un pase ayudado
de los que tú trenzas
 dibuja en el aire siglos de fragancia
de egipcias soleras.

Vístete de luces,
cíñete en las suertes, 
cúbrete de espumas, repica la gloria
de los Rafaeles.

Quiña tus malicias,
hechiza tus flechas,
y al doblar el lance, delicadamente
tuerce la cabeza;

que una sola gota
de ese mar de sangre
 que nos arrebata,
nos pinta los labios de sales y soles,
nos unge las sienes de fiebre y de nácar. 

miércoles, 9 de enero de 2019

RAFAEL SENTADO EN UNA SILLA

Gerardo Diego, en el libro referido en nuestra última entrada, dedicó otro poema a Rafael.


SENTADO EN SILLA

Rafael pide una silla.
-¿Silla? ¿Una silla? - De paja.
Ya han encontrado la alhaja.
Ya se sienta en su Sevilla.
¡Cálculo de maravilla!
Tres, de maestro, le ha dado:
alto, de pecho, ayudado.
En trono de querubines 
y cantando por bajines.
Todos de pie. Y él sentado.

domingo, 6 de enero de 2019

LAS LARGAS DE RAFAEL VISTAS POR GERARDO DIEGO

Gerardo Diego, gran poeta y excelente aficionado, publicó en su libro 'La suerte o la muerte, Poema del Toreo' varios poemas dedicados a la dinastía de los Gómez. La obra fue publicada en 1.963 por el Banco de Santander y tuvo una tirada numerada de 2000 ejemplares. En la página 21 se puede leer...

Portada de la primera edición
del libro.


LAS LARGAS DE RAFAEL 'EL GALLO' 

I

Con la larga cordobesa,
Rafael, llévate al toro.
Con la larga cordobesa
que cae del hombro y no pesa,
que cae del hombro y no cesa
de prolongar desmayando
su decoro.

Con la larga cordobesa
-le vieras, señor Fernando-
échate a la espalda el toro.
Con la larga cordobesa,
larga como una promesa,
tráete ya el toro a la cola
como al paje la princesa.
("Córdoba, lejana y sola")
Con la larga cordobesa,
río largo, río fiel
que de tu hombro derramas.
Con la larga cordobesa.
Acuérdate que te llamas 
Rafael.

II

Con la larga afarolada,
abre ya al viento esa flor,
que pronto estará arrugada,
deshojada,
sin corola y sin fulgor.
Con la larga afarolada,
que te espía
la gitana escarolada
y bravía
para copiarte el revuelo 
de tu capote a la espalda
y salpicarse hasta el pelo
los volantes de la falda.
Con la larga afarolada,
que se cerraba y se abría,
 que se abría y se cerraba.
Con la larga afarolada,
la más breve flor, que ardía
en un suspiro -ay, María-
y en un soplo se apagaba.

III

Y otras largas, Rafael,
siempre a punta de capote
 a hilvanar bien el derrote
contra el pliegue timonel.
Tu fina estatua de sal
-miraste atrás de reojo
por si el toro te seguía-
se cimbrea
con la larga natural
o con la larga cambiada.

Y siempre el ámbito rojo
vuela, ondea
y a tu cintura se lía.
Larga la larga estirada,
larga la larga torera,
Rafael,
que gira la plaza entera
concéntrica del burel,
volandera
en torno a tu cadera.

domingo, 17 de abril de 2016

OTRO DE GERARDO PARA RAFAEL

Gerardo Diego.
(Foto:cervantes.es)
El poeta Gerardo Diego, gran aficionado a la Fiesta, dedicó uno de sus poemas al inventor del par al trapecio, Rafael El Gallo. En el siguiente enlace se puede escuchar en la voz del actor y dramaturgo Roberto Aulés, que lo registró en 1.962 junto con otros en la 'Antología en temas taurinos' que se conserva en la Biblioteca Digital AECID. 'Par al trapecio', perteneciente a la obra 'La suerte o la muerte' empieza en el minuto 17'00:





Recuerdo de Rafael el Gallo



Cuelgan las manos gitanas
del trapecio que no cuelga.
Pies mudéjares en huelga
quiebran rumbos tarambanas.
¿Derecha, izquierda? Livianas,
caracoles, bulerías,
burlerías........No te rías,
que ya se arrancó el luzbel
y, ángel de luz, Rafael
le condena a dos bujías.

domingo, 19 de abril de 2015

'JOSELITO 1911' POR GERARDO DIEGO

Gerardo evoca a Joselito niño.
El excelente poeta Gerardo Diego, uno de los puntales de la llamada Generación del 27, escribió dos poemas dedicados a Joselito. De uno de ellos ya dimos fe en este blog y en el segundo, 'Joselito 1911', evoca la figura del coloso de Gelves, aún niño, al que vio actuar en la plaza y tuvo la oportunidad de comprobar su precocidad. Ambos están recogidos en 'La suerte o la muerte', poemario de temática taurina editado por tauros Ediciones en 1.963 pero de larga gestación, ya que comenzó a escribirlo en 1.926.

Niño yo te vi, te veo
-malva y oro- en la cuadrilla
de los niños de Sevilla.
 Párate, abril del toreo.
Detente, gracia, alabeo
de una adolescencia reina.
Todo el que coleta peina
se te rinde ahora. Espera.
Ay Talavera tornera,
Talavera de la Reina.

miércoles, 1 de octubre de 2014

GERARDO DIEGO ESCRIBE SOBRE RAFAEL

Gerardo Diego en la plaza.
Javier Vellón envía el siguiente texto para su publicación.

Gerardo Diego, el autor de la Generación del 27 que más sabía del mundo del toro, escribió el siguiente texto tras la muerte de Rafael. Se publicó en el diario ABC el viernes 27 de mayo de 1960.



RAFAEL GÓMEZ “GALLITO”

Lo que Rafael Gómez “Gallito” ha representado en el mundo del toreo senténcialo los doctores sumos de la fiesta. Lo que ha significado en la vocación artística y en la vida ilusionada de la mocedad de cierto indocto aficionado, solo yo lo sé. Sería yo el más ingrato de los españoles si no tributase al gran Rafael en esta hora de la única auténtica despedida mi emocionado homenaje.

 ¡Cuánto me hizo gozar y qué asombrosos descubrimientos a esa edad de la pubertad en la que el niño va a transformarse maravillosamente en hombre!; le reconozco y le debo, a los catorce años, a los quince, empezar a ir a los toros con la previa corazonada de que mi torero favorito iba a ser él, el entonces -1911-1912- “Gallito”, y resultar en efecto que sí, que el torerillo de alameda, de prado y de salón con techo de celo, intuía, comulgaba el toreo en su esencia más genuina de maestría y de gracia, y descubría toda la hondura de una España apenas presentida también por entonces, por la otra vida de la música popular o refinadamente culta.

Aquellos años y dos o tres más hacia atrás y más hacia delante fueron los de la plenitud del toreo de Rafael. Pero ya en los últimos, la alternativa de “Gallito Chico”, en seguida Joselito,  obligó por contraste diferencial, a la afición a llamar al hermano mayor “El Gallo”.

Joselito y Belmonte ya emparejados con su superior moral ante el toro y su voluntad de triunfo constante ante los públicos, dejaron en aparente segundo término al torero artista y desigualísimo, al capaz de los mayores descalabros y de las más imprevistas resurrecciones. Pero yo no sé torero más sabio, ni más largo, ni de estilo más puro, ni de arte más intenso en su torero.

Entierro de Rafael.
En Rafael se fundían las más puras esencias andaluzas y gitanas. Esto es lo que daba tan inconfundible personalidad a su arte. Hemos visto después y aun antes –yo todavía alcancé a Fuentes y a Ricardo Torres ‘Bombita’-, toreros sevillanos con toda la limpia sal de la tradición cristiana, árabe, romana y prerromana de la Andalucía Baja, que todos esos siglos hay que suponer y decantar, para llegar al prodigio de una media verónica de Antonio Fuentes o de unos naturales de Pepe Luis. Hemos admirado también del otro lado a los toreros gitanos, a ‘Gitanillo de Triana’, a ‘Cagancho’, fastuosos y deslumbrantes en su principesca indolencia, difundiendo de los pliegues de sus telas las más borrachas esencias. Absolutamente sin par, el fenómeno aún inanalizable del toreo de Belmonte, ahondaba por otra Andalucía, irreductible a teoría alguna. Y Joselito nos ofrecía su cuarterón u ochavo de gitanería, que especiaba moderadamente su magistral cocina de clásico eterno. Pero Rafael Gómez “Gallito” era otra cosa. Mitad y mitad clásico, sevillano nacido por azar en Madrid, y gitano clásico, elástico y ‘fauve’; mejor dicho, no mitad y mitad, que eso se comprendería bien, sino totalmente, lo uno y lo otro fundidos en un solo cuerpo y en una sola inspiración de gracia. Su majestad al iniciar las faenas con el toreo por alto era la misma elegancia. Ni la menor concesión al peligroso narcisismo o al barroquismo de tensión curva o arabesco. Ni por supuesto, el rígido envaramiento de otros maestros, por lo demás insignes.
Le recordamos dando –dos veces se la vimos- la larga cordobesa, que en él guardaba todo el clásico decoro romano, pero con una punta del salero que no atentaba a la suprema dignidad del lance. Y en sus verónicas, incorrectas casi siempre (según el concepto actual), por bailarlas, qué gracia incomparable para mover los brazos, solo igualada después por Chicuelo, si bien este último con un codilleo y remanguilleo en el que nunca incurría Rafael.

Gerardo Diego.
La gitanería se le conocía, sobre todo, en el tercio de banderillas. Su par al quiebro era de una nobleza y de una pureza magistral, pero su ir al toro en los pares de frente o en zigzag, con las manos al trapecio y, sobre todo,  sus precauciones jugando en un improvisado y saladísimo ‘ballet’ que no han igualado los más grandes ‘bailaores’ y ‘bailaoras’, era un espectáculo increíble que tuve la suerte de presenciar varias veces. Pasmaba entonces la alianza sencillísima del dominio del maestro, del valor del que jugaba al filo de los terrenos y de los vórtices, y de la intuición genial para acordarse con el toro en el ritmo perfecto de arrancadas y pausas; gitanería de un gran artista clásico.
Rafael sobre todo fue artista, y su don supremo la fantasía. En esto no ha reconocido par. Pues si esto es así, y su decir iguala al de los más clásicos del toreo, ¿qué importa al cabo de una vida la cuenta de sus fracasos y que otros hayan mandado en el toreo más que él? En la suma total, queda su timbre, el sonido, el son que solo él supo batir sobre el mármol de la verdad, que es el ruedo del toreo.

Rafael Gómez “Gallito”, Rafael “El Gallo”, alma de niño, hombre de bien. Que Dios te premie el pan y la sal que tan generosamente derramaste sobre la tierra.

miércoles, 24 de abril de 2013

ELEGÍA A JOSELITO DE GERARDO DIEGO

El poeta.

El poeta de la Generación del 27 Gerardo Diego (Santander, 3 de octubre de 1896 – Madrid, 8 de julio de 1987) se aficionó al mundo de los toros a los catorce años, el día que asistió por primera vez a una novillada. Fue precursor entre sus compañeros de movimiento en la composición de poemas taurinos. Ya en agosto de 1926 escribe, entre otros, Elegía a Joselito. Más tarde vieron la luz La suerte o la muerte – Poema del toreo, del que el cantaor Diego Clavel hizo una excepcional versión flamenca,  y El Cordobés dilucidado.


Con motivo del VII aniversario de la muerte de Joselito se celebró en el Teatro Cervantes de Sevilla una velada necrológica el 16 de mayo de 1927. En ella estaba anunciado Gerardo, pero no pudo asistir. 

El poema que nos ocupa dice así:


En las manos piadosas de Rafael, de Ignacio y de José María.

Lenta la sombra ha ido eclipsando el ruedo.
Ya grada a grada va a colmar la plaza.
vino triste de sombra, vino acedo
El torero.
tiñe ya casi el borde de la taza.

Fragilidad, silencio y abandono.
Cobra el gentío un alma de paisaje
mientras siente el torero hundirse el trono
y apagarse las luces de su traje.

¿Y para qué seguir? La gloria toda
no redime un azar de aburrimiento.
Lo mejor es dormir –ancha es la boda-
Largo y horizontal a par del viento.

Un lienzo vuelto, una última voz –toro-,
un gesto esquivo, un golpe seco, un grito,
y un arroyo de sangre –arenas de oro-
que se lleva –ay, espuma- a Joselito.

José, José, ¿por qué te abandonaste
roto, vencido, en medio a tu victoria?
¿Por qué en mármol aún tibio modelaste
tu muerte azul ceñida de tu gloria?

Cinta ya fugitiva, nada vive
de tus claros millares de faenas.
Y resbalan memorias en declive
igual que de las manos las arenas.

Los quince años, espigado tallo,
juego y donaire y esbeltez gitana.
Un nuevo Faraón –cresta de gallo-,
ágil la línea y fresca la mañana.

Y una tarde –heredada prenda, el ángel-
aquel beso en la frente decisiva
sellando –era la feria del Arcángel-
la ceremonia de la alternativa.

Y después, cuántos largos esplendores
Sobre efímeras llamas de toreros.
Ojos, bocas. Los palcos tentadores.
Sur de mantillas, norte de sombreros.

La verónica comba, el abanico,
la larga caligráfica y precisa,
El galleo –a los hombros el hocico-
y el arrancar –trofeo- la divisa.

El quiebro repetido, el par al sesgo 
o en diametral oposición forjado,
dibujando en la arena, a flor de riesgo,
un radiante teorema entrecruzado.

Y la embriaguez, tú con el bruto a solas,
olvidado de Dios y de la vida,
hasta triunfar sobre las ciegas olas
del corvo instinto la invisible brida.

Y las órbitas rojas de los pases
ceñidas siempre en torno a tu cintura, 
y el fulminar tu espada en tres compases
una vida burlada en escultura.

La lidia toda, atada y previsora,
sabio ajedrez contra el funesto hado.
Gesto de capitán, cómo te llora
la cofradía del aficionado.

Y todo cesó, al fin, porque quisiste.
Te entregaste tú mismo; estoy seguro.
Bien lo decía en tu sonrisa triste
tu desdén hecho flor, tu desdén puro.