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miércoles, 8 de agosto de 2018

EL ESTATUT DE JOSELITO EL GALLO

El 2 de mayo de 2010 el periodista Enric Juliana publicó en 'La Vanguardia' la siguiente columna sobre el debate político y judicial en torno al Estatuto de Autonomía de Cataluña.


El periodista Enric Juliana
De nuevo por aquí? No le esperaba tan pronto. 

No he podido resistir la tentación. El oráculo acertó y he de saber más. 
¿Qué más quiere saber? 
Cómo acabará todo. 
Jo, jo. Eso es pedir demasiado. Sería terrible saber como acabará todo. Sería el fin de la historia. Ande, ande, tómese una taza de gazpacho con comino. Precisamente hoy hemos empezado a servirlo. Ya sabe usted que aquí, en la cueva de Zaratustra, el año se divide en dos estaciones: la del caldo y la del gazpacho. Para entender a don José Ortega y Gasset el comino va muy bien. El comino esclarece la perspectiva. Y previene la gastritis

Segador, no se ría de mí. Necesito saber más. El momento es grave. 
Confórmese con saber que el tercer estatuto de Catalunya pasará a la historia como el Estatut de Joselito el Gallo. En 1932 triunfó el de Núria; en 1979 redactaron el de Sau, y ahora tendrán los recortes de Joselito el Gallo. El toro parlante ya se lo advirtió. 
Por eso he vuelto. Usted me dijo que al Estatut de Catalunya le repasarían la sisa en un patio de Sevilla, con un fondo de guitarras.
Y así ha sido. Ajustado en la avenida Joselito el Gallo número 147, entre un alegre rasgar de guitarras. ¿Quiere saber más detalles? 
Sí, quiero. 
En el 147 de la calle dedicada al insigne torero gitano Joselito el Gallo, se levanta una de las más renombradas casetas de la Feria de Sevilla. 
Conozco esa caseta. Estuve en ella el año pasado, departiendo con José Rodríguez de la Borbolla y Manuel Ángel Martín, dos buenos amigos. Es uno de los lugares de encuentro de la Sevilla ilustrada. Aires liberales y regionalistas.
Allí se citaron, la noche del pasado domingo, los magistrados del Tribunal Constitucional Guillermo Jiménez, Manuel Aragón y Ramón Rodríguez Arribas, después de una tarde de toros en la Maestranza. Allí se dieron las últimas puntadas al Estatut. ¡Qué estampa! La veo. Sí, la veo. 
¿Qué ve? 
Los tres magistrados en animada charla constitucional, el rasgar de las guitarras y el coro cantando la sevillana del búcaro. 

¿Del qué? 
Del búcaro. Una jarra de agua. Es la tonada más pegadiza de la feria. ¿Quiere que se la cante? “Dame el búcaro, dame el búcaro que me muero de sed, apretújalo no se vaya a caer...” Venga, alégrese.Y cante conmigo: “Dame el búcaro, el búcaro...” 
Tendrán que romper el búcaro. No tienen otra salida. 
¿Cómo dice? 

Para evitar el ridículo, al catalanismo sólo le queda una opción: romper el búcaro. Dar la fiesta por concluida. Generar una nueva fase política. No sólo en Catalunya. En toda España. 
¿Y eso cómo se hace? 

No juegue conmigo, Segador. Usted lo sabe tan bien como yo. Convocando de inmediato elecciones al Parlament de Catalunya. Dando la palabra a la gente.
Sabrá usted que tal decisión no obligaría a detener las deliberaciones. ¡El Alto Tribunal es independiente! 
Ya. Unas elecciones a finales de junio en Catalunya obligarían a revisar de inmediato todas las estrategias en curso. Todas. Pregúnteselo si no al señor Federico Trillo, el hombre al que todo el mundo cita en Madrid cuando se pregunta por la sentencia del Estatut.
¿El coordinador en la sombra del 6 a 4 en el Constitucional? ¿Es Federico Trillo quien reparte el búcaro? 

No me tienda trampas, 
Segador. Es el nombre más citado. No digo más.
No las veo, no, no las acabo de ver esas elecciones. Significarían la muerte súbita del tripartito. 
El tripartito hace tiempo que murió. Y a los difuntos hay que darles pronta sepultura, por dignidad y por higiene. 
Oiga, que el oráculo soy yo.  

Yo también tengo mis visiones.  
Ya lo veo. No beba tanto gazpacho y vuelva pronto que he de contarle algo que muy poca gente sabe. Fíjese bien en esas fotos de Franco y de Guevara que merodean. Le tengo reservada una historia que le sorprenderá.


miércoles, 30 de octubre de 2013

JOSELITO, ESTEREOTIPO CINEMATOGRÁFICO

Javier Vellón envía el siguiente texto para su publicación.

En el periódico La Vanguardia, el 16 de septiembre 1915, Ariel publicaba este comentario acerca de la posibilidad de que se fuera a rodar una película, sobre los estereotipos de lo español, cuyo protagonista iba a ser Joselito.

Siquiera en esto podríamos aprovechar las ventajas de nuestra neutralidad, ya que en todo lo demás son los Estados Unidos los que se aprovechan. Y desde luego la primera invitación ha partido ya de una casa editorial inglesa. Quiere hacerse una película española, una película de la España genuina, auténtica; y al efecto, el oro inglés se ofrece tentador y abundante a... Joselito el Gallo.
Lo sé de buena fuente: la película ha de titularse Amour, soleil et taureax, y el Gallito cobraría, caso de aceptar, 3.000 pesetas por sesión. Suponiendo que se necesitaran cincuentas sesiones para impresionar esta cinta (me dicen que el argumento consta de variaspartes), cobraría el afortunado y jacarandoso Joselito la friolera de treinta mil duros.
Señores comediantes, ¿van ustedes a permitir que se lleve ese dinero un matador de toros, correspondiéndoles a ustedes de derecho como les corresponde? ¿Habrán de tolerar que les hagan ahora la competencia los toreros?
Ya sé yo que en esa película vamos a salir todos los españoles hechos unos Joselitos; bien comprendo que desde los tiempos de Mérímée a estos años trágicos de 1914-1915, todo ha seguido igual para España, y que a los españoles no nos queda más que esto: Amour, soleil et taureaux; pero ¡qué remedio! Hagan valer los comediantes su temperamento de españoles y ¡a la plaza! es decir: ¡a la película!
¿Que les obligan a malar loros? Bueno; no importa. Todos ellos saben ya que peores cornadas da el hambre. Y vean la diferencia: Ricardo Calvo, haciendo películas, cobra 30 pesetas por sesión; Joselito cobraría tres mil. Hay, pues, que dejarse crecer la trenza... y darles gato por liebre a los ingleses.



domingo, 18 de agosto de 2013

EL GALLO Y LA IDENTIDAD CATALANA

Javier Vellón ha remitido el siguiente trabajo para su publicación

 Siliceo, el periodista de La Vanguardia (19 de junio de 1914), reflexiona sobre la identidad catalana a partir de las reacciones frente a una cogida de Rafael el Gallo.

España es aún España. Si no lo fuera, no hubiera producido consternación general la cogida de el Gallo, el famoso torero. Algo muy nuestro es éste, cuando la noticia de haber sido herido por un toro aglomeró en las estaciones telegráficas los miles de despachos que interesándose por su estado se han cursado. Si de algo muy nacional no se hubiera tratado, no se mostrara con regocijo en los pasillos del Congreso, por el conde de Romanones, un telegrama dando noticia de que el estado del diestro no era desesperado.

Los toros, los toreros, la afición, constituyen para la vida del país factores de cuantía. Sin ellos, España no fuera España, incluyendo a Cataluña, porque nada debemos echar en cara al resto de la nación. Todos somos unos. También entre nuestros políticos los hay que se contagiaron y para ellos el Gallo equivale a un estadista consciente y previsor , a juzgar por la adoración en que le tienen. En esto, no existen diferencias, la sangre de la raza se impone al buen juicio y le da un mentís. Se pretende que somos algo distintos de los demás españoles, menos meridionales, y al anuncio de una corrida de toros se llena, no una plaza,, sino dos. Y por una entrada se pagan precios que no se acierta a comprender de dónde sacan el dinero para abonarla muchos que al espectáculo asisten.

¿Censuramos que a él se concurra? Fuera trabajo perdido. Lo único censurable es la hipocresía de suponer que aquí estamos a cien leguas de camino del resto de España, que sentimos y pensamos de muy opuesta manera, que nuestras aficiones son muy otras, que únicamente nos preocupamos de cosas del espíritu, que miramos de cara a Europa. Lo cual no negaremos por completo, en cuanto no se tercia un espada. Así que alguien con traje de luces viene a Barcelona, entonces nos olvidamos de ser europeos, cedemos el sitio preferente en el velador del café al toreo de rumbo, le llevamos en el automóvil a la plaza, por la, noche lo presentamos en el palco del teatro y quizá llegue el día en que le invitemos a una sesión de la Mancomunidad.

Desengañémonos: no somos mejores ni peores; somos iguales, en muchas cosas al resto de los españoles.