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miércoles, 16 de agosto de 2023

EL GALLO PASA LA GUERRA EN MADRID

 Juan Ferragut firma el siguiente artículo, publicado el 16 de junio de 1937 en 'Mundo gráfico', en el que cuenta cómo vive Rafael El Gallo en pleno conflicto bélico:

RAFAEL 'EL GALLO', 'COLECCIONISTA' DE GUERRAS Y REVOLUCIONES, TIENE UN BAR

Rafael Gómez, el Gallo, veterano del arte taurino, poseedor legitimo de una auténtica popularidad cordial y pintoresca, tiene un bar flamante, recién inaugurado en una de las calles más céntricas de Madrid.

'EI Gallo' ha abierto un bar, es el decir de las gentes, que cunde de boca en boca. No nos metamos en interioridades administrativas, que acostumbran a ser un misterio. Y más tratándose de el Gallo, que en materia económica ha sido siempre una verdadera calamidad. Nadie —ni él mismo—ha sido capaz nunca de "echar la cuenta" a este Faraón flamenco, manirroto y genial. Nadie—ni él mismo—ha sabido jamás lo que el Gallo ha ganado ni lo que tiene. Auténtico bohemio, calé de raza, este calvorota artista y arbitrario ha hecho de su vida acaso su mejor 'faena' de arte. Supersticioso. fatalista, abúlico y simpático, el Gallo es, por sí solo, toda una tradición y toda una leyenda. Nunca un hombre vulgar, ni una personalidad amorfa y adocenada, Rafael es único en su arte, en su bondad libérrima, en su pintoresquismo y hasta en su prestancia física, que los años no han podido amortiguar.

Lo cierto es que, sea o no cierto—dejemos interioridades administrativas—, el Gallo tiene un bar. Allí está él, de la mañana a la noche, con su cráneo reluciente y su sonrisa matizada de gitana melancolía, haciendo los honores del nuevo establecimiento. "El bar de el Gallo" le llama la gente, y la gente tiene razón, porque su instinto le dice que el pintoresco disparate de establecer un despacho de bebidas cuando no hay vino ni tapas, y la cerveza escasea, y los mariscos tienen precios astronómicos, y los licores famosos se han transmutado en química misteriosa, no podía ocurrírsele más que a Rafael el Gallo.

Sin embargo, allí está Rafael, hierático, cetrino y sonriente, como siempre; parco de palabras y de gestos, como un auténtico ídolo de bronce el rostro, de marfil antiguo la calva veterana.

Rafael es estoico y fatalista. Por su edad, podría libremente estar lejos de Madrid, o, por lo menos, evacuarse a un barrio menos batido por la metralla enemiga. Pero Rafael tiene los oídos habituados a todas las tempestades.

—Los que se estremecen—sentencia Rafael— cuando estalla un obús no saben cómo suena un "¡ole!» cerrado o una "bronca" en una plaza de toros.

EI bar de Rafael se rotula 'Los Hércules». Es un recuerdo a la vieja Alameda sevillana, matriz de toda una casta de artistas flamencos y toreros famosos, sevillanos todos... , menos este magnifico Rafael Gómez Ortega, que nació en Madrid.

—Me dicen que me vaya—dice el Gallo—, y no me voy. Por casualidad nací en Madrid. y si aquí tengo que morir, será mi sino. Todo lo que le tiene que pasar a un hombre está ya escrito, y no hay nadie más tonto que el que cree que poniendo tierra por medio se libra de su suerte. Además, a mí no me cogen de sorpresa guerras y revoluciones. Parece que me dedico a coleccionarlas. He dado muchas volteretas por el mundo. En América, ya se sabia: llegar yo a una República y liarse un fregao de tiros, era todo lo mismo. En Méjico, en Uruguay, en Paraguay, en Venezuela, en la Argentina, en Cuba, he sido testigo de no sé cuántas revoluciones. Estoy curado de espanto. Ahora, compadre, que "esto" de ahora es lo más serio que había visto: er sin fin der mundo...

Rafael enciende un cigarro puro. Atiende, con su característico gesto cordial, a unos amigos que llegan. Su silueta magra, estilizada. tiene un aire inconfundible, de auténtico señorío, garboso y simpático. Se habla de la guerra, de los ausentes, de los que a los primeros truenos bélicos se fueron lejos.

Rafael sentencia:

—Cada uno, aunque no entienda de política, tiene su sitio. Un artista popular es del pueblo que lo hizo. ¿A quién se lo debe uno todo? Al pueblo. Su aplauso, su cariño nos dieron fama y dinero. iEa!, pues con el pueblo hay que estar a las duras y a las maduras... Yo he pasado muchos tragos amargos. Me he visto a veces 'entregado', hundido. En una sola tarde de suerte, el aplauso del pueblo me ha resucitado. ¿Es que uno puede olvidar esto?

Y el Gallo vuelve a su silencio hierático.

Empiezan a estallar, no lejos, truenos de metralla asesina. Rafael fuma impasible. En su rostro broncíneo, el gesto hermético, inalterable-—estoicismo y melancolía—, de las "tardes malas".

domingo, 13 de agosto de 2023

EL GALLO CUENTA SU VIDA EN 'MUNDO GRÁFICO' (Y II)

 Segunda, y última entrega, de la biografía de Rafael El Gallo aparecida el 19 de agosto de 1936 en la revista 'Mundo Gráfico':

Un fraile «afisionao» en el corazón de la selva

Otra vez—sigue contando el Gallo—, en el río Magdalena, junto a las Bocas de Ce- niza de Barranquilla, en Columbia (Su criado de confianza: "¡Osú, la jograffa que sabe Rafaé!», me ocurrió una cosa grasiosísima. Íbamos unos cuantos amigos a caballo por aquellos lugares y nos cogió la moche sin llegar a poblado. Delante de nosotros había un río, y más allá de él brillaba' a lo lejos una lusesita. Tuvimos. que atravesá er río en un tronco que nos prestaron los índios, y otra ves empesarnos la caminata. Pero la lusesita paresía huir de nosotros, porque cada vez estaba más lejos. Toa la noche estuvimos anda que te anda, hasta que a las cuatro de la mañana llegamos a unconvento y llamamos para pedir agua y un rincón donde pasar el resto de la noche. Cuando nos abrió el lego de la puerta y me vio, se restregó los ojos, como si lo que veía le paresiera una pesadilla, y sin desirnos una palabra, salió corriendo para avisar al principal. Nosotros, desde la puerta, le oíamos gritar por los pasillos: «Padre prior, padre prior, o yo estoy loco, o ahí, en la puerta, está el Gallo.» ¡Ave, María Purísima, la que se armó! EI prior era de Valensia, y un barbián dc los buenos, más afisionao a los toros que Cúchares. EI pater me abrasó emosionao, y quieras que no, me tuve que quedar con él todo el día siguiente, hablándole de España y de los toros.

Un soneto de Villaespesa

——En el Perú coinsidí con el poeta Villaespesa, que andaba por allí con una Compañía de teatro disiendo unos versos muy bonitos. Yo había ido a torear dos corridas en Lima, con Belmonte, y los afisionaos de allí nos dieron un banquete a Juan y a mí por lo bien que habíamos quedao. AI final de la comida le dijo la gente a Villaespesa:

—Dígale usté un soneto a Rafaé.

V verá usté el soneto que dijo de mí el poeta. Es un soneto muy chiquito, pero muy bonito:

Con tu estupenda calva gitana,

a la fiesta española das alegría,

y en los tiempos presentes nadie te gama

en arte, en elegancia y en gallardía.

Pues bordas con tu capa de seda y grana

—capa que 'Lagartijo» te envidiaría—

arabescos sutiles de filigrana

y encajes prodigiosos de orfebrería.

Tu montera es corona de emperadores,

y tu capote, su manto regio a tu espalda,

porque siempre, entre todos los lidiadores,

se destaca tu arte de maravilla,

como la gracia esbelta de la Giralda

sobre todas las torres que hay en Sevilla.

Excuso desirle a usté lo que le aplaudieron. Si yo supiera haser así los brindis, ¡qué torero más completo sería!

Cómo, cuándo y por qué se quedó calvo

- Desde cuándo está usted calvo?

—Desde el año 1901 ; tenia yo entonses diez y nueve años. Una tarde, toreando en Jerez de la Frontera. me corté el cuero cabelludo con el estoque, y se me empesó a caer el pelo ensortijao que tenía. El año dos, cuando tomé la alternativa, ya estaba calvo. Yo he sío el primer torero que ha llevao la coleta postisa.

—¿Cuántas cornadas ha sufrido usted?

—Catorse. Catorse bujeros que tengo en el cuerpo. Dos de ellos muy graves y otros cuatro na más que graves. Los demás, pa ir tirando.

—¿Cuál ha sido el mayor éxito de su vida?

—La tarde más grande la tuve con un toro de Aleas, el día 15 de Mayo dc 1912, en Madrid. Toreé con Bombita y Vicente Pastor. Tres días antes me habían echado un toro al corral en la misma plaza.

¿V la bronca más grande de su vida?

-—¡He oído tantas! ¡Cualquiera se acuerda ahora de cuál fue la mayor!

Teoría y definición de la «espantá'



La 'espantá' según Martínez de León.
- A propósito, Rafael—y usted perdone el modo de señalar—, ¿por qué da usted esas espantás que le han hecho famoso?

—Porque hay que darlas. Cuando no se puede con el toro, hay que defenderse como sea. Y cada uno se defiende como puede. EI torero que tiene mucho poder en las piernas, disimula mejor el mieo. Porque mieo, lo que se dice mieo, lo sentimos todos los toreros al salir a la plasa. Y cuando sale un toro de esos que saben más que un dotor, no quiero desirle a usted. El que no puede disimular el mieo con las piernas, tiene que irse antes de que el toro llegue, porque si no, luego no se puede ir.

—Entonces, ¿cómo define usted la espantá ?

—iPero si la espantá no es cosa mía! Hase ya muchos años desía Lagartijo: "Cuando el toro viene pa ti, si te quitas, pasa el toro. Si no te quitas, te quita el toro." Y la espantá es eso: quitarte a tiempo, antes de que le quite a uno el toro.

Supersticiones

_ —¿Es verdad todo lo que se cuenta de sus supersticiones?

—Sí, señor. Yo soy muy supersticioso. Pero. ¿quién no lo es? ¿A usté no le han dao nunca calofríos al encontrarse con un tuerto? La superstición creo yo que la tiene todo el mundo, y sale o no, según cómo le coja a uno el cuerpo. ¿ Usté es capá de comer con dose tíos en la mesa y usté trese? Yo creo que cada hombre tiene un ventanillo de éstos, porque si no, la vida sería muy monótona.

—¿Cuál es el tema principal de su superstición ?

—¡Cualquiera! Depende de los momentos. A lo mejor está uno tan tranquilo, y de pronto le entra a uno un hormiguillo que no se puede sujetá. Los toreros somos corno los jugadores: que nos molestan mucho los pelmazos. ¿Ve usté aquel hombre vestío de negro que está tomando café en aquella mesa de enfrente? ¡Bueno! Pues aquel es un tío malage, esaborío, que me tiene nervioso toa la tarde. ¡Mardita sea su estampa!

—¿Qué tiene ese hombre?

—¿Pero usté no se ha fijao que detrás der crista aumao, dc la izquierda no tiene ná? Que es tuerto, home, que es tuerto!

Toreros

—¿Cuál ha sido para usted el mejor torero?

—Toreros buenos ha habío muchos. En mi familia, casi tós: el Lillo, el Cuco, mi tío José, mi padre, mi hermano Joselito... Todos han sido muy buenos toreros, menos el padre de mi madre, que fue fata. Uno de esos hombres que nasen de vez en cuandoipa desgrasia de las familias, Yo no puedo hablar de mi hermano José, porque no estaría bien. José fue un caso excepcional. Después de él, creo que los mejores toreros del mundo han sido mi padre y Lagartijo, que fue la matemática del toreo.

Hasta cuándo piensa usted seguir toreando?

—Hasta dentro de un par de años. Lagartijo se quitó de los toros a los sincuenta y siete años. Yo pienso retirarme a los sincuenta y seis. Porque tó eso de las facultades y de los años son pamplinas. Hase dos años, cuando llegué a España. llevaba tres años sin haser ná, sin coger tan siquiera un capote. Y pa desayuno me dieron la feria de Sevilla, que es el paquete más grande que he tenío en mi vida. Aluego, en Cádiz toreé los dos toros más grandes de la temporada. Dos mosos con más de cuatrosientos kilos cada uno.

Una pausa. Y esta lamentación de Rafael:

—¿Pero usté se ha fijao en el tío de las gafas?

Y sin poderse contener más tiempo, Rafael enciende otro puro, se cala el sombrero gris de ala ancha y, casi sin despedirse, se marcha del café, dejándome con la palabra en la boca.

ANTONIO OTERO SECO

miércoles, 9 de agosto de 2023

EL GALLO CUENTA SU VIDA EN 'MUNDO GRÁFICO' (I)

'Mundo Gráfico' empezó a publicar el 12 de agosto de 1936 la biografía de Rafael El Gallo. En pleno conflicto bélico Antonio Otero Seco consigue entrevistar al Divino Calvo.

La primera entrega dice así:


ANDANZAS DE RAFAEL EL GALLO, EL TORERO QUE NACIÓ EN MADRID


Gitano es sinónimo de nómada, de aventurero, de caminante por mar o por tierra; de hombre con las piernas abiertas en el compás alegre de la marcha. Donde se ofrezca una tentación de caminos, allí habrá siempre un gitano dispuesto a tragar sorbos de ruta en copa de horizontes nuevos. Porque un gitano nace ya con la esfera del mundo sobre la palma de la mano, llena de rutas tentadoras para el bronce andariego de sus piernas.

Rafael el Gallo -¿quién no lo sabe?- es la medula más pura y mas cañí de la gitanería andante. Por gitano y por torero, Rafael ha pisado una y otra vez, con un aire jacarandoso de paseíllo, todas las venas azules de las cartas geográficas, con una rosa de los vientos en la solapa de su chaquetilla. Vientos de acá y de allá, con el yodo de los mares en medio, le han pronunciado el bronce de la piel faraónica hasta hacerse puro metal brillante sobre el hipódromo famoso de la calva.  Y entre sus manos, las olas han sido como un capotillo de lujo con que bajar la frente de ese toro babeante y marrajo que es el mar.

Pero vayamos por partes y no adelantemos los acontecimientos. como decían los folletinistas del siglo pasado. Antes de hablar de los viajes de Rafael, de su continuo ir y venir por las rutas del mundo, conviene contar algunos detalles pintorescos del Gallo que sirvan de antecedentes y de punto de referencia a sus aventuras. Aunque lo mejor es que sea el propio Rafael quien lo cuente, sacando a relucir su mas gustoso ceceo. Porque el reportero, en este caso, no tiene más misión que la de ver, oír y contar.

Esos señores que le siguen a todas partes...

Oíd a Rafael. Antes será conveniente que demos algunos datos de lugar y de indumentaria. Estamos en un café elegante de la calle de Alcalá. Junto al Gallo, rodeándole, los de siempre. Su criado de confianza—"un picaor que no pica na, aunque él quiera ser más subío que la guindilla"- y esa media docena de amigos que le sigue a todas partes con la boca propicia a desgarrarse en una abertura de admiración. Viste Rafael un traje negro, que hace aún más claro el rio blanco de la pechera bordada, sin corbata y con botones negros. Junto a él se quiebra la cintura contra el respaldo de una silla una capa llena de bordados, y un sombrero cordobés color plomo hace un flan de aire sobre el asiento.

Estamos todos? Sí. Ya se han frotado las manos esos señores que le siguen a todas partes y se han arreglado el nudo de la corbata después de entreabrir los labios con su mejor sonrisa de adhesión.

Vamos a oír a Rafael. Y, ¡atención!, porque va a temblar la Giralda por la pérdida de un paisano.

Un gitano de Madrid

- Yo no soy de Sevilla, como ha dicho casi todo el mundo, sino de Madrid. Tan madrileño como el Julián de 'La verbena de la Paloma'. Aquí nací, el 16 de julio de 1882, el día de la Virgen del Carmen, en el número 16 de la calle la Greda, hoy de Los Madrazo. Me bautizaron en la pila de la parroquia de San Sebastián, donde también fueron bautizados la Patti y el abuelo del famoso Curro Cúchares, que también se llamaba Curro y también era torero.

- ¿Hubiera usted querido nacer en Sevilla?

- ¿Por qué? Sevilla es Sevilla: pero Madrid es también Madrid. Allí está la gracia. el donaire y el salero; pero anda que Madrid también se trae lo suyo...

—¿Cómo fue el nacer en Madrid?

—Porque mi madre iba detrás de mi padre a tos los sitios donde toreaba. Ya ve usted: yo podía ser ahora gallego o aragonés, lo mismo que soy madrileño, con lo que me va tan ricamente.

Un señor de esos que le siguen a todas partes:

- ¡Y olé!

Dándole aire al capotillo

—¿Cuándo empezó usted a torear?

—A los catorce años me puse por primera vez el traje de luses; pero ya llevaba mucho tiempo dándole aire al capotillo por los enserraderos sevillanos.

(Rafael casi no necesita el estímulo de las preguntas para seguir haciendo su biografía. Se le nota un afán gustoso en esta evocación de sus años juveniles, cuando su calva andaba en lenguas de romances y de copla, hecha historia de amor desgraciado, por todas las esquinas españolas. Episodio por episodio, año por año, va contando su vida con una precisión asombrosa en los detalles v en las fechas. Sólo cuando en la evocación surge alguna amarra sentimental, el Gallo salta sobre ella con la misma gracia gitana y despreocupada que saltaba la barrera las tardes de bronca.

"Yo era un mosito espigao"

—El año 1902 tomé la alternativa. Tenía entonses veinte años, y era un mosito espigao que le gustaba a las mujeres. Por entonses, un pintor de Sevilla me hiso un retrato que estaba la mar de bien, con mi traje de luses y er capote de lujo ar braso. No he vuelto a ver aquel lienso, porque un americano se le llevó, pagándole a peso de oro.

Una pausa, y vuelta al día de la alternativa:

- Aquella tarde estuve superió. La gente se rompía las manos aplaudiendo, y me sacó en hombros. Aquel mismo año fui por primera vez a América Y desde entonses hasta 1914 fui a torear todos los años a Méjico. Pero en 1914 se empesó a «infestar» el mar de submarinos, y no era cosa de perder el pellejo de una corná de aquellos bichos. Aluego después, en 1926 y 1928, recorrí toda la América de punta a punta: la del Norte, la del Sur y la del Centro. He viajado en tren, en barco, en aeroplano... Menos en globo de gas, he montado en todo. Hasta en el submarino Peral hise un viaje corto por la bahía de Cádiz. Por cierto que ya no volveré en mi vida a montar en aeroplano desde que una vez...

Pero esto merece capítulo aparte.

Un curso de volatines

—Había yo despachao una corrida en Bucaramanga, y un alemán amigo mío me invitó a montar en su aparato. Como yo tenía que atorear en un pueblo próximo, le dije que sí, a condisión de que me llevara a aquel pueblo. Vivía su novia allí, y el hombre me obligó a prometerle que le brindaría un toro a la gachí. Me subí al aparato, y cuando ya estábamos ensima del pueblo, el alemán empesó a haser unas cosas raras con el aeroplano que me pusieron la garganta en los zancajos. Desde entonses no he vuelto a montar en aeroplano, ni volveré a montar en mi vida.

Otro señor de esos que le siguen a todas partes:

- ¡Y olé!

Viajante de la revolución por América

—Por sierto—continúa Rafael—que las últimas veses que estuve en América ocurrieron unas cosas tan raras que a mí me traían preocupao. Se lo voy a contar a usté para que se enteren tos esos que se ríen de los supersosiosos. Pasaba que en cuanto llegaba yo a un Estado se declaraba la revolusión.

-¡Hombre!

—Ni ná ni ná, Como se lo digo. En cuanto llegué a Colombia empesó en la capital una mano de tiros que pa qué le voy a contar a usté. Total: que me fui de allí porque a mí no se me había perdío ná con las balas, y me largué más que de prisa al Ecuador; pero el buque en que yo iba naufragó en el camino, en las costas del Perú, y nos tuvo que recoger un barco que se llamaba EI Rimel y llevarnos hasta Lima. Bueno: pues lo mismo fue llegar a Lima que declararse allí la revolusión. Me escondí donde pude, y aluego me fui al Cuzco, con la esperanza de que aquello estuviera más tranquilo. Pero sí, sí. En el Cuzco me pasó otra cosa peor.

Cómo salvó al alcalde del Cuzco

——¿Qué fue lo del Cuzco?

-—iCasi ná! Que también estalló allí la revolusión. En el Cuzco, el Comité revolucionario de la siudá tenía sercada la casa del alcalde para apoderarse de él y de su familia y fusilarlos después. Todos los caminos estaban interceptados y en poder de los revolusionarios, menos la vía férrea, que aun permanecía fiel al Gobierno. Unos amigos fueron a verme al hotel, y me dijeron que el alcalde quería saludarme. Como yo no sabía hasta entonses nada de lo que pasaba, y además yo era muy popular allí, no me extrañó la proposisión: me monté con uno de ellos en un auto, y me fui a casa del alcalde. Por el camino veía que se acercaban al auto grupos de soldados, y al verme se marchaban, disiendo:

- Dejarle pasar, que es el Gallo.

Desde las ventanas de la casa del alcalde soltaban más tiros que en la guerra; pero era para disimular, porque ni él ni su familia estaban allí. Un grupo de amigos los tenían escondidos en una casa, y allí los vi yo. Luego me dijeron que los acompañara a la estasión en un coche serrado y que sacara la cabeza por una ventanilla cada vez que viera acercarse a los guardias. Se salvaron. por fin; pero cuando yo me di cuenta del berenjenal en que me había metío, me entró tanto miedo que me enserré en el cuarto del hotel y no salí a la calle hasta que vi sonreír a las personas que pasaban por las aseras. ¡AqueIlo sí que fue una "espantá"! Yo creo que si me dejan, del salto que pego me dejo atrás el charco, y llego lo menos hasta Gibraltá.

El Cuzco, ciudad de mal arate

—Pa colmo de mis males, atoreé en El Cuzco, y un toro marrajo, bragao y corniveleto me partió la clavícula de una corná. Aquello tenía que acabar así, porque El Cuzco era una siudá de mal arate. Cuando se me curó la herida me fui a Bolivia, y luego, a la Argentina. Bueno; pues en cuanto llegué se armó la gorda en las dos nasiones. Totá: que empesé a echar mis cuentas y a dudar si ir o no al Brasil. Por fin me desidí a realizar el viaje, y cuando Ilegué se declaró también la revolusión.

Su criado de confianza:

—i Y aquella fué de las gordas!

"¡Y a los toreros que nos parta un rayo!"

—¿Qué otros hechos pintorescos recuerda usted de sus andanzas por América?

—¡Hombre! Muchas cosas buenas y muchas cosas tristes. Voy a contarle algunas. EI año 26 me ofresieron en La Habana la exclusiva de todos los negosios taurinos que se pudieran haser en la isla de Cuba. Si aquello me llega a salir bien, a estas horas estoy yo forrao de billetes y más rico que Romanones. Pero no tuve suerte. Cuando ya estaba todo a punto y habían llegado de Méjico unos toros de Piedras Negras, con más coraje que el Gran Capitán y unas intensiones más negras que las piedras, salió gritando una señora de esas que llevan gafas y las llaman de la Sosiedá Protectora de Animales—iy a los toreros que nos parta un rayo!—y se lió a dar chillíos hasta que consiguió, la muy sufragista, que se suspendieran las corrías. Después se dio un golpe de Estado revolusionario—iSeñó! ¿No estaba yo en Cuba?—, y la buena señora, que debía de tené mucha mano con el nuevo Gobierno, consiguió que se suspendieran definitivamente. ¿Usté ha visto en su vida algo paresío? Pero, señó, si es lo que yo digo: ¿Qué tendrán que hasé las mujeres en er mundo fuera de guisá y de coserle los carsetines a su marío?

Un señor de esos, etc.:

—iY olé!

(Continuará)