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miércoles, 19 de julio de 2023

CINCUENTENARIO DE LA MUERTE DE JOSELITO (VI)

El diario 'Pueblo' publicó la siguiente crónica en la que, bajo las iniciales de M. F. M., el popular Manolo Molés da cuenta de lo que fue la corrida en la que se conmemoró en Talavera de la Reina el cincuentenario de la muerte de Joselito:

RECORDAR ENTRE BRONCAS

Le puedo asegurar, don José Gómez (Gallito) que José Gómez (Gallito), que los hombres de esta generación no han sido flacos de memoria a la hora de darle a usted la gloria que merece. Le digo esto porque me consta que la tarde del sábado fue en todo el país un puro recuerdo a su memoria, y más aún aquí, en Talavera, donde usted se tropezaría con las astas de «Bailaor» cuando todavía sonaban en sus oídos los enfados de los madrileños en aquella aciaga tarde de San Isidro. Sería el suyo un final triste, pero, al tiempo, hermoso.

Era hoy fiesta grande en Talavera. Como entonces. Claro que usted ya no conocería a estas gentes y a este pueblo. Ni la feria en donde la mecánica le ha ganado la mano a tratantes de mulas y rocines.

No hubo música en el paseíllo. Hubo, eso sí, un minuto de silencio en su memoria y algún que otro brindis a su parcela de cielo. Y en un palco, muchos hombres, para los que usted todavía permanece vivo.

Pero sepa, don José Gómez, que la corrida, montada con mucho acierto, pasó del recuerdo a las broncas con una rapidez de vértigo, y todo porque los toros de don Lisardo Sánchez, bastante serios y desiguales en todo, tuvieron problemas con su fuerza y en ocasiones con su cuerna, más que astillada de tanto cornear en los corrales. Por esto último retiraron al segundo —muy bravo— y por aquello abroncaron a1 sexto que completaba el lote de Camino. Aquí fue de órdago el enfado. El presidente no accedió a retirar el toro, y Paco Camino, altivo y rabioso, se negaba a darle muerte, entretanto la arena sobre la que usted cayó herido de muerte se cuajaba de almohadillas. Al fin, Camino accedió a matar la res y cayó el telón de la tarde.

Antes Diego Puerta, tan valiente como el que más lo fuera en los tiempos de usted, arrancaba a golpes de corazón y buena maña una oreja al toro que abría plaza. Diego, variado con el capote, se montaba en el triunfo pese a que el toro, por poco picado, se creció en el último tercio. EI cuarto, brindado al doctor Leal Castaños, poco bueno llevaba dentro. Diego apuró la faena lo más posible y se ganó palmas muy fuertes.

Fíjese usted qué cosa, don José: resulta que este Paco Camino, al que hemos dado en llamar el Joselito de nuestro tiempo, lidió su lote entre broncas enormes a sus toros y, sin embargo, él se ganó tremendas ovaciones y tuvo el público a su favor; pero es que resulta que Paco Camino se subió a la apoteosis con solo estar valiente en su primero y con lancear a1 que devolvieron a los corrales, amén de un quite por verónicas que por bello bien valía esta corrida. Su actual sucesor, don José Gómez honró su memoria como imaginarse no puede. ¿Sabe una cosa, Joselito? Pues que a uno le hubiera gustado —y no por comparar precisamente— que usted y Paco hubiesen coincidido en un portón de cuadrillas, coincidiendo en un mismo tiempo de existencia. ¿Se imagina dos «gallitos» de estos vuelos en plena pelea?

Completaba la tarde Currito Vázquez, un muchacho al que las cosas se le están poniendo feas, porque los toros y la vida parecen estar en su contra. Sepa usted, don José, que este chaval tiene un arte que tira de espaldas y, sin embargo, ahora anda perdiéndose en un querer y no poder, que duele no poco a quien esto escribe. Con su primer toro no se confió, y con el otro, bueno cuando se le daban los adentros, la cosa fue a más, aunque al final Currito no alcanzase lo que pretendía. Y es que este tierno matador necesita mucha moral para que las esperanzas en él depositadas no se pierdan.

domingo, 18 de junio de 2023

PASTORA, RAFAEL Y GÓMEZ-SANTOS

Pastora y Marino en un momento de la entrevista.
Marino Gómez-Santos firmó en el diario 'Pueblo' en febrero de 1958 una entrevista que apareció en diversas entregas con la genial Pastora Imperio. Con tacto, el periodista no rehuyó preguntarle a la artista por su relación con el Divino Calvo.

— ¿Dónde conoció a Rafael El Gallo?

Pastora me mira con sus enormes ojos de pantera guapa. No se sabe si va a protestar por esta pregunta o va a alegrarse con el recuerdo.

—¿Qué dónde le conocí a Rafael? Pues en Méjico.

—¿En Méjico?

—Sí, en Méjico. ¿Por qué te extrañas? Lo conocí en el teatro en que yo trabajaba.

—¿Le había visto torear antes, Pastora ?

—Yo, no.

—¿Y después?

—Tampoco. 

Pasa cerca de nosotros Miguel de Molina con Ana Esmeralda.

La joven Pastora Imperio se casa con el torero más famoso de su tiempo, con Rafael el Gallo, en Madrid. en la iglesia de San Sebastián.

—Porque es la iglesia de los artistas. Nos apadrinaron mi mamá y Minuto. el matador de toros.

Luego se fueron los invitados a la Cuesta de las Perdices.

Pastora Imperio refiere los detalles de su boda como si hubiese sido todavía noticia hace unas semanas.

—¿Pero cómo era físicamente el Gallo?

—Maravilloso, Empezaba a estar calvo ya Rafael.

—¿Qué carácter tenía?

—Lo nuestro no ha sido una cuestión de caracteres. 

Este es un asunto casi intocable en la vida de Pastora. Un asunto que tiene más de medio siglo de historia y de leyenda.

Raquel Rodrigo, que es criatura encantadora, muy atenta. Como la quiere mucho a Pastora, por detrás me dice que me salte el tema.

—Pastora, ¿Recuerda usted alguna cornada que Rafael hubiese tenido en ese tiempo -le pregunto tímidamente.

—Claro que recuerdo. En Algeciras tuvo una. Ahí hubo motivo para una buena reconciliación, pero me cerraron el paso y no me dejaron verle.

—¿Quién no la dejó, Pastora; los médicos acaso?

—No, los médicos no.

Yo conocí a un Rafael el Gallo con corridas de beneficio, a un Rafael para el que se pedían puros, a un Rafael casi de museo taurino, pintado por Solana, que respondía a todo diciendo:"¡Mu bueno, mu bueno!".

Pastora y Rafael vivían en aquellos verdes años de la juventud y de la fama, Sevilla, en la calle de Santa Ana.

—¿Ganaba ya mucho dinero?

—Hombre, claro; pero no tanto como los de ahora.

Ya estaba el torero en su apogeo taurino y en su vida de caprichos, muy a lo Onasis sevillano.

Le pregunto a Pastora que cuál fue el regalo de boda del torero rumboso.

—No sé... Eso que se regala siempre.... una pulsera seguramente.

¿Pero cómo puede olvidarse Pastora de este detalle? ¿Los años también pueden llegar a borrar estas cosas?

—A mí no me dio tiempo a nada. Estuve un año en aquella casa y muy suspendida en el aire.

(...)

Estoy un momento dudando si aún puede ser oportuno hacer una nueva pregunta en torno al tema del Gallo.

—Pastora... ¿Cuánto tiempo hace que no ve a Rafael?

—Desde entonces; porque si hemos pasado uno cerca del otro no nos hemos visto.