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miércoles, 22 de septiembre de 2021

DURÍSIMA DIATRIBA CONTRA JOSELITO

'Palmas y Pitos' publicó el 3 de mayo de 1.915 en su página tres, y firmado por Don Pepe, una dura diatriba en contra de Joselito y, por extensión, de Rafael, que reproducimos íntegramente:



EL ODIO A JOSELITO


El público, la afición madrileña, odia a Joselito el Gallo; esto es indudable. Lo hemos notado gallistas y belmontistas. ¿Motivos, razones, fuadamentos de esta antipatía, de este desvío hacia el notable torero?

En primer lugar, Joselito no es simpático; su rostro no tiene ángel, como dicen en Andalucía; su tipo echado hacia atrás, el labio superior plegado despectivamente, hasta su voz chillona, hacen que el sevillano, a primera vista, no atraiga ni muchísimo menos.

Además, Joselito, cuando triunfa, le rebosa el orgullo, que aparece en infinidad de desplantes ridículos y molestos. Cuando fracasa, la ira, la envidia se apoderan de él en una forma que tiene que perjudicarle por fuerza.

Unid a esto su protección a toreros miedosos y sus exigencias con los empresarios y que en su vida privada cuenta con rasgos impopulares y ninguno popular, y tendréis abocetada una de las razones del odio al menor de las Gallos: su aspecto físico y su comportamiento moral.

¿Otra razón? Su clase de toreo. Hay dos clases de toreo; el basado en el valor y el cimentado sobre la habilidad. Este es más útil para el lidiador; el otro agrada más al público que, como es natural, premia más aquello que es más difícil, más grande; el espectador aplaude de mucha mejor gana al que se juégala vida por servirle, por agradarle, que al que renuncia a servirle y entretenerle en cuanto corra el menor peligro.

Otra razón. Joselito el Gallo es hermano de Rafael, y el parentesco era sumamente útil a los gallistas, que siempre se mostraban partidarios del que mejor quedaba; ¿que una tarde se destapaba Rafael?, pues no tropezabais en ningún sitio con joselistas; este y el otro y el de más allá. habían sido siempre de Rafael. ¿Que éste daba el mitin y Joselito era ovacionado? Pues aquel día todos los partidarios de la casa de Gómez confesaban que nunca habían sido rafaelistas.

Pero este juego había de tener su quiebra como todos los de la vida le tienen. Rafael Gómez está borrado de los toros desde 1913; leed su campaña de 1914 y las que lleva toreadas en 1915 y veréis que no es posible tolerar a un torero veinte corridas de maleta por verle un día bien, aceptable o superior. Y es claro que los desastres de Rafael se le apuntan, en parte, sobre todo en Madrid, a Joselito; cosa muy justa, porque así como el éxito de cualquiera de ellos se aprovechan los dos, justo y equitativo es que de los fracasos de Rafael disfrute Joselito.

No solo el carácter de éste y su clase de torero y la decadencia del hermano han contribuido a su impopularidad. Los que más han perjudicado a José Gómez han sido, como siempre, sus partidarios y sobre todo sus partidarios periodistas.

Los que primero se declararon joselistas, fueron los que menos entienden de toros; los que se ofuscan con las revoleras, el toreo al alimón y el salto de la garrocha; los que por ignorar el valor de cada suerte, están inhabilitados para ejercerla critica.

Y uno de ellos salió diciendo que Joselito era un jabato de valiente; y el otro desdichado, que Joselito mataba más que Frascuelo; y el otro infeliz, que Joselito era rondeño y que toreaba por verónicas como nadie. Y en el afán de defender, sin saber cómo, a Gallito, dijeron que Belmonte era una máscara; que sólo toreaba becerros, que no se atrevía a matar miuras, que se libraría muy bien de encerrarse mano a mano con Joselito, ¿queréis más? Hasta aplaudieron el fracaso de éste con los siete toros, sin ver que lo que aplaudían no era el arte, sino la salud y la musculatura.

Y ha sucedido lo que tenía que suceder, que el pobre Primat creyó cuanto le dijeron los plumíferos; y discutió y apostó que era verdad cuanto sostenían The Kon Leche, ABC y demás periódicos gallistas. Pero al encontrarse con que estos le equivocaron, con que le engañaron, con que defendió cosas indefendibles, como que Joselito mata y torea como nadie y que Belmonte es un mal torero que vive gracias al reclamo; como lo que más rabia da en este mundo es hacer el ridículo, hacer el primo, por la reacción natural, el público quiere vengarse en la única cabeza visible en que puede hacerlo, y esta es la razón de que se meta con Joselito y se ensañe con él y le monde.

¿Por qué tanto calor en silbar a Joselito? Porque en cada fracaso hay que cobrar su rostro antipático; lo de Rosalito y Moncada y lo de las empresas de Bilbao y la de Burgos, lo de los cines, lo de no exponer jamás un pelo de la ropa, lo mucho que con su mandanga cuesta a la afición el fresco de su hermano, los engaños de la prensa y sobre todo, el ridículo que hemos hecho al creer y proclamar que Joselito mataba como Frascuelo y toreaba mejor que Belmonte o Gaona, y que Juan el de Triana era un vividor y un sinvergüenza que con un miedo cerval y sin saber coger un capote, quería nada menos que luchar con el papa taurino, con el rey de la sabiduría, con Joselito Gómez Ortega.


miércoles, 14 de agosto de 2019

BAUTISMO DE SANGRE DE RAFAEL EL GALLO

La revista 'Arte Taurino' publicó el 31 de diciembre de 1.912, dentro de su sección 'Los bautismos de sangre' el de Rafael El Gallo, que hacía el número 17 de la colección. Don Pepe firma el siguiente artículo:

"Querido primo N : 

He recibido
tu grata y me apresuro a contestar a tu pregunta pidiéndome consejo sobre a qué podrías dedicarte para ganar honradamente la vida. No te quepa duda. Tienes en la actualidad treinta y tantos abriles; y si por tus condiciones y las de tus padres no has podido estudiar de joven una carrera, menos la podrás estudiar hoy, que sigues tan pobre, algo más bruto y bastante más viejo que hace años.

A torero ya quisiste dedicarte cuando joven, y ya sabes lo que te ocurrió: que no ganabas más que para patatas. Hoy ya no ganarías ni eso, porque los públicos ya no tiran más que almohadillas y alguna que otra piedra.

Pues entonces, ¿ qué dudas ? Hazte periodista; y si quieres serlo cuanto antes, y que en breve plazo te conozcan, sin molestarte en estudiar nada, te haces revistero de toros. Tengo previstos y contados de antemano los inconvenientes que me has de presentar.

¡ Que no sabes gramática ! ¡ Pues vaya un inconveniente! No se lo digas a nadie, y con que no seas sincero, que es el mayor de los males, podrás llegar hasta senador del reino. Si tu flojedad está en la ortografía, en la imprenta te lo corregirán sin que nadie se entere, tonto.

¡Qué no entiendes de toros! ¿Y entendemos alguno de los que escribimos ? ¿ Cuánto me das por cada
falta garrafal que te presente de los escritores de más fama ? Hay por ahí quien da lecciones a Lagartijo, y equivoca un farol y una navarra; y quien confunde una navarra con una aragonesa y hasta con una vizcaína.

Todo lo que tienes que hacer para medrar (no te hablo de los malos caminos de la profesión, de los completamente prohibidos, porque esos yo no he de recomendárteles ; además de que, por desgracia, lo malo sin maestro se aprende) es esto : meterte en un periódico lo antes posible, utilizando el procedimiento más breve y sin reparar en medios (en los comienzos está perdonado hasta el maquiavelismo) ; y una vez en él te echas un ídolo : el Tumbadecas, el Mesías chico, cualquiera, el que te dé la gana. Y una vez que tienes tu idolito, malo o bueno, te dedicas a hablar bien de él y mal de todos los demás toreros que con él alternen.

Ya te estoy viendo venir; ¿ me preguntas que cuál es mi ídolo?

Yo, desgraciadamente, no tengo ninguno, muchacho. Y por eso, y porque escribo muy mal, nunca lograré llegar a ser alguien en el oficio. Yo sé, querido pariente, que la manera mejor de que le lean a uno es ésa : inscribirse en uno de los infinitos bandos de coletudos, que siempre abundan. Así, te leen y, por lo tanto, te compran los amigos por amigos ; y los enemigos por enemigos.

Si hablas de este o del otro diestro, bien cuando esté bien, y mal cuando esté mal, el público sensato, el agradecido, el sincero (es decir, el que no existe, ni jamás ha existido) te alaba correcta y parcamente ; los amigos de los lidiadores (éstos son los que muchas veces dan patentes de entendimiento y saber) si no se atreven a hablar mal de ti, por conveniencia, por egoísmo, no hablan bien o no hablan, que es peor.

Podrás objetarme tú : ¿ pero, y si me equivoco y mi espada, mi ídolo fracasa tan sonadamente que hay que dejarle solo, con qué cara digo yo que me he equivocado ?

Querido primo : ¿ y quién te exige tal confesión ? Mudas de diestro y asunto concluido; nadie te dirá
nada, aunque varíes más que una veleta. Escritor te citaría, si quisiera hacerlo, que en dos años de
escribir ha defendido a cinco o seis toreros diferentes con igual entusiasmo ; eso sí, diciendo como prueba de su constancia, que el que patrocinaba en aquel momento era el mejor de todos.

Y nadie le ha dicho ni una palabra, y él es el primero que se cree un conglomerado de Carmena y Pascual Millán, Sánchez de Neira, etcétera, etc.

Llevo escribiendo de toros unos quince años, y hasta que no he tenido mi dios correspondiente, nadie se ha ocupado de mi persona. Me ha bastado tener un ídolo, aunque ídolo negativo, para que sobre mí llovieran los anónimos espeluznantes o ridículos y las efusivas y cálidas epístolas de felicitación.

El decir que Rafael Gómez, Gallo, no era, a mi modesto juicio, el mejor torero del día, ha movido en
mi derredor las convulsiones de las multitudes. Si no fuera porque no me gusta engañar al público, estaba por hacerme partidario del propio Gallito, de Bombita ó del Moreno de Alcalá, de cualquiera ; tal vez sea lo único que esperen mis lectores para levantarme una estatua.

Y ya dentro del tema de Gallito, y aunque la confesión me perjudique, he de decir, una vez más, que Rafaelillo no me es antipático ; a veces, su dominio sobre las fieras, su conocimiento del arte, me entusiasma ; pero otras, su pavor, su falta de vergüenza profesional, me enloquece.

No hace mucho que me han referido lo siguiente : Estaba Gómez Ortega delante de un toro boyante, al que no se acercaba ni a tiros.
Uno de los banderilleros le increpó en esta forma : 

—Pero , Rafael, ¿ por qué no te arrimas, si el bicho
no tiene nada ? 

— ¿ Sabes por qué no me arrimo ?—contestó el espada—, porque no quiero ; y si me contratan así , bien ; y si no, que no me contraten.

No respondo de la veracidad de la anécdota ; pero sí respondo de que si Rafaelillo quisiese y los públicos le achucharan, había de torear bien muchos más toros de los que hoy torea.

Rafaelito Gómez Ortega tuvo su bautismo de sangre á los diez y siete años.  n una atenta carta suya, que poseo, dice el propio maestro lo siguiente acerca del percance : « Mi primera herida me fue inferida en la Plaza de Sevilla el año 1899, en una corrida de novillos de la ganadería de Muruve que toreé en unión de mi compañero Algabeñito chico.

La corrida fue organizada por la Hermanda d de la Virgen de la Esperanza, del barrio de la Macarena.
El toro que cerró plaza, perteneciente a la y a citada ganadería , me dio un puntazo en un muslo, cuya
herida tardó en curarse veinte días. Aprovecho esta oportunidad, etcétera, etc. »

El Toril, en su número 20, dice que la corrida se verificó el 30 de Julio de 1899, y en ella estuvo Rafael muy desgraciado. En el sexto (negro, mean o, cornicorto y mogón del derecho, que llevó seis picotazos por cuatro tumbos y un arre), toreó Rafael sin parar ni castigar, y dio media tendida recibiendo y saliendo empujado ; un pinchazo barrenando, y en una arrancada (ya con el público en el redondel) fue cogido y volteado, siendo retirado por algunos espectadores á la enfermería.

Esta cogida, y siete más (entre las que se cuentan como cogidas, herirse una vez con un estoque, la dislocación de un pie y la luxación de una muñeca ) son todas las que ha sufrido en su larga vida torera, diez y seis año s próximamente , ese torero tan discutido, extraña mezcla de lo peor y lo mejor, cuya próxima temporada esperan impacientes muchos aficionados, y un servidor de ustedes el primero". 

miércoles, 22 de mayo de 2019

¿DUELO DESIGUAL?



En la revista Palmas y Pitos se publicó el 16 de junio de 1913, la crónica de don Pepe de la corrida del 12 de junio en Madrid, en la que Curro Posada y Juan Belmonte lidiaron toros de Esteban Hernández. En el comienzo de la crónica, el crítico exponía una reflexión en torno a lo que supondría un enfrentamiento entre Joselito y Belmonte.


-¿De modo que si Joselito el Gallo y Belmonte trabajaran juntos, usted apostaría por Juan?

-Yo, en primer lugar, no dejaría que toreasen juntos; al menos, por ahora. Siquiera esperaría a que toreasen en igualdad de condiciones de salud; no por miedo al baño, que al que tiene ríñones y dignidad, no se le mete en el agua como él no quiera.

-Y en segundo lugar...

-En segundo, siempre ha de ser un duelo desigual, en que tal vez las más ensordecedoras ovaciones se las lleve el de Triana, pero en el que venza en mayor número de asaltos, el rey de la sabiduría taurina, el Guerrita moderno, que para mí es Joselito.

-¿Duelo desigual?

-Sí, ya lo verá usted cuando se encuentren los dos campeones, si continúan siendo como hasta aquí. El uno, escudado con su inteligencia, con su talento y con su puesto en la tauromaquia, irá al torneo con careta, peto, guante y todos los chismes defensivos que se han inventado; a lo sumo, recibirá un palo, con el sable sin punta ni filos con que se le puede atacar. El otro irá al duelo, o debe ir, con el testamento hecho y confesado, porque no se presentará en ninguna sala de armas a hacer un bonito asalto, una muralla vistosa; sino al campo del honor, con el pecho descubierto, a jugarse la vida con floretes sin botón a la punta y para batirse a muerte con quien sea. ¿Es posible admitir el duelo en estas condiciones?