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domingo, 14 de octubre de 2012

MANUEL DEL ARCO ENTREVISTA A RAFAEL EL GALLO

CARICATURA DE LA ENTREVISTA.
El viernes 14 de noviembre de 1958 se publicó en la prensa barcelonesa una entrevista a Rafael El Gallo que le hizo Manuel del Arco (Zaragoza, 1909 - Barcelona, 1971), caricaturista y periodista. Rafael acudió a la Ciudad Condal para participar en el homenaje a don Pedro Balañá y esto es lo que dijo:


De Sevilla ha llegado Rafael Gómez Ortega “El Gallo”, para asistir al festival del domingo en homenaje a Balañá. Hará el paseíllo y estrenará un precioso capote de paseo. Sus setenta y seis años no le permiten otros riesgos mayores en el ruedo.
Pero él no ha dicho todavía adiós a la fiesta. Y todo él está en los toros. Así, cuando lo veo, charla por los codos de su vida taurina; está contando una de las suyas.
-Al volver de uno de mis viajes a América –refiere- volví hecho polvo y tenía que torear en Sevilla; la gente ya había dicho que no llegaba en condiciones y en una tertulia en la que estaba “El Guerra” se comentaba mi estado físico y “El Guerra”, no haciéndose eco de lo que se murmuraba, preguntó: “¿Puede correr?” “Sí”, le contestaron. “Pues iré a verlo”.
Con sólo ver correr al “Gallo” merecía la pena ir a la plaza. Este fue “El Gallo” y ésta fue su enorme personalidad en su época de torero.
Al llegar al hotel, aquí en Barcelona, Rafael daba muestras de cansancio y pidió en su habitación: “A ver si podéis traerme un caldo de gallina”. A los pocos minutos era servido consomé: “¡Hijo! –protestó-. Yo quiero tabaco de ese, no este potingue”.
Y, fumador empedernido,alterna el cigarrillo, que lía con el puro.
Pero  todo esto es la anédota; detrás de ella hay un tipo estupendo, que se esconde. Pido permiso a los que le rodean; siempre hay admiradores y chistosos alrededor del “Gallo” y le digo:
- ¿Quiere ser mío un ratito?
- -Vamos allá –acepta, prestándome atención.
- ¿Descansó bien?
- He dormido una cantidad muy grande.
- ¿No hay nada que le quite el sueño?
- Nada ni nadie. ¿Ya, para qué?
- ¿Cuál es el pensamiento que tiene más presente?
- Los toros; el haber estado en ellos y pasar miedo con ellos.
- ¿Cuál fué su época de más valor?
- Napoleón dijo que lo más difícil era saber dominar el miedo; ninguno de nosotros ha dejado de tenerlo.
- ¿Y tuvo miedo fuera de los toros?
- Más, y mire usted que con los toros he tenido.
- ¿Miedo a los hombres o a las mujeres?
- Según cómo han venido, como los toros. Si te viene un toro franco, no hay que temer.
- ¿Miedo al futuro?
- Eso no lo he visto todavía; no sé cómo es.
- ¿No le asustó nunca el día de mañana?
- No se puede contar lo que no se ve; está obscuro.
- Don Rafael: ¿no tiene la impresión de que a usted lo han visto sólo por fuera?
- La leyenda de uno no es la personalidad de uno, pero nace uno para lo que es.
- ¿Ha vivido todo cuanto ha querido?
- Sólo cuanto he podido.
- ¿Hubiera querido más todavía?
- Lo bueno siempre se quiere.
- Y lo malo ¿fue por su culpa?
- Por equivocación, nadie es profeta en esta vida.
MANUEL DEL ARCO CARICATURIZADO.
- ¿Vive ahora más en su recuerdo?
- Recordar el recuerdo es sufrir, quisiera ser joven, torero y todo lo que ya no puede ser.
- ¿Qué preocupaciones tiene hoy?
- Salud y fuerza para los días que me quedan.
- ¿En qué momento de su vida tuvo plena felicidad?
- Desde 1902 a 1912, pero sembré antes.
- ¿Por qué no ha sido hormiga?
- Porque la leyenda mía ha sido así.
- ¿Víctima de su leyenda?
- No he tenido más remedio que vivir con ella; no hubiera sido “El Gallo”.
- ¿Rafael Gómez Ortega víctima de “El Gallo”?
- Sí, pero soy “El Gallo”; si no, usted mismo no estaría aquí hablando conmigo para un periódico.
- ¿Habría sido un desgraciado siendo Rafael Gómez Ortega, ciudadano desconocido?
- No lo sé, pero no lo he sido.
- ¿Es usted capaz de juzgar su papel en la historia del toreo?
- No me veo; me imagino que quedaré en la historia.
- ¿En qué lugar?
- En el que me pongan.
- ¿Se ha encontrado alguna vez solo?
- Muchas veces, y rodeado de mucha gente?
Termino el diálogo y sigue la tertulia. Uno le dice: “¿Te acuerdas, Rafael, de aquel toro cárdeno que te cambió José?”
- Como si lo estuviera viendo –explica-: era un toro bonito, que, según José, sólo tenía tres muletazos...
- Y hablando, hablando de toros, se queda solo...