diumenge, 23 de juliol de 2017

POEMA A LA MUERTE DE JOSELITO

Javier Vellón

En el número 308 de la revista El Ruedo, de 18 de mayo de 1950, se publicó el siguiente poema dedicado a la muerte de Joselito. Su autor, Antonio Milla Ruiz, poeta sevillano, afincado en Jerez, muy amigo de Gerardo Diego, quien lo definió como “poeta de una luminosidad y centelleo muy meridionales”.

‘Serán cenizas, mas tendrán sentido’
Quevedo

De Hispalis eres polvo allá en tu fosa,
pero polvo de estilo inolvidado:
el del ritmo en colores de la rosa
sobre el aire tendido y desdoblado.
¡Ceniza de clavel ardida y pura
que en sus recintos Hispalis clausura!

|Sí, qué viril tu sangre sobre el ruedo
tras del envite de la fiera airada,
y qué redondo, en vilo, todo el miedo
que produjo el albur de la cornada;
toda la sangré roja de tu hombría
desgajada y clamando en elegía!

Mas ni aleve y violenta la embestida
que a tu cuerpo la fiera le lanzara,
ni la gente, de duelo conmovida,
memoria de pesar dejó tan clara
como mirarle el vuelo a raíz cortado
a tu gracia de artista apasionado.

¡Oh!, alejadme la tarde en que, violeta
de anémona espectral, cada minuto
traía una onda frágil y secreta,
un hálito de inerme pulso y luto:
¡Ya ni a pechos ni a pétalos servía
la atmósfera injertada en agonía!

De oro y coral tus hados, desde el cielo
llegando en el crepúsculo a la estancia,
del agónico lecho, toda hielo,
levaron por las brisas tu elegancia;
la que fue ante el testuz arrebatado
helenismo de raso inusitado...

Y ya como un dios ciego en mármol frío
al que la gloria abraza enamorada,
por la altura de intenso escalofrío
se animó todo el brillo de tu espada,
a tu cuerpo yacente, fulgurante,
rindiéndose en destellos de diamante.

Cuando la muerte fiel dejó esculpido,
en relámpago y fintas derramado,
tu nombre sobre el éter conmovido,
de magia el sur quedóse empavesado
y toreros fantasmas, espectrales,
lo cruzaron de verde y alamares.

De Gerión los toros sorprendía
la noche, a negros monstruos e hipocampos,
conturbando a una vieja Andalucía
la esencia de sus barrios y sus campos:
(la que en cristal recoge el fiel copero,
ángel esbelto y grácil del torero.)

Cretense sombra de marfil el toro,
¡egeo de Knosos, mágico se exhala,
reclinando el testuz que fue de oro
de tu capa de lujo bajo el ala:
Los dioses y milagros del toreo
a tu muerte se alzaron en trofeo!

Porque diste unidades de escultura,
vivaz la capa y dúctil en la suerte,
al grupo de la fiera y tu figura,
arquero de la gloria o de la muerte...
¡Ay, tu estampa de gracia inverosímil
no ha dejado memoria sin facsímil!

Estratega que a envites te ofrecías
con esgrimas de sedas irisadas,
la brisa de verónicas que abrías
musicalmente clásicas y aladas...
de color y de espuma era un convite
y un brindis al desnudo de Anfitrite.

¡Te lloraban las horas de Sevilla,
el jazmín y la murta te lloraban,
la mañana olorosa y amarilla,
las niñas de dolor... que enamoraban!...
¡Artista la ciudad, a pétrea rosa
ha de alzar tu muleta primorosa!

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