diumenge, 22 de setembre de 2013

LOS HEREDEROS DE JOSELITO

Javier Vellón envía el siguiente trabajo para su publicación.


Uno al Sesgo

Con este título publicó Tomás Orts y Ramos (el popular 'Uno al sesgo') un artículo en elespecial de The Times del 9 de enero de 1921.

Debe entender el lector los de su arte, que los de su hacienda, como tales herederos, no me interesan.

Marcial
Y los de su arte sí, porque es curioso lo que con ellos ha ocurrido.

En vida del gran maestro, del llorado, aunque no tanto como se debía, Gallito, los aficionados de buena fe, los que van a la plaza sin prejuicios impuestos por banderías, y ni sofocan sus entusiasmos ni acogotan las impresiones de su alma; esos aficionados, no salían de su asombro al ver reunidas en un solo hombre todas las condiciones, todas las aptitudes, que daban por resultado figura tan gigantesca, y como un verdadero milagro consideraban el que la Naturaleza se hubiese complacido en otorgar a manos llenas a un solo índividuo fuerza, arte, inteligencia, afición, amor propio... ¡y qué sé yo qué más!
Ignacio

Pues bien: desaparece ese torero, que es ÚNICO en su tiempo y en toda la historia de la tauromaquia, y por doquier brotan los Joselitos.

¿No es curioso, realmente curioso, este fenómeno de alucinación colectiva?

Hoy es Marcial Lalanda Joselito redivivo, mañana Chicuelo, otro día Granero, y en seguida Sánchez Mejías.

Yo soy un fervoroso creyente del arte de los tres primeros; yo no dudo de que lleguen a los más altos puestos, si todo lo que en esos muchachos es promesa ellos hacen que sea realidad; no niego que en Sánchez Mejías hay una voluntad firme y que no en balde al lado de Gallito se ha acabado de formar; pero.,, ¡no «arrempujemos», señores!

El arte de Joselito se lo llevó el propietario a la tumba, y si alguien pensaba heredarle puede darse por defraudado.

¡Y es que, desgraciadamente, eso no se transmite! Habrá detalles, más de técnica que de estilo, en que la imitación sea posible; pero existe un “algo” inasequible al imitador, por donde se derrumban las falsas personalidades a la corta o a la larga; por fortuna, más a la corta que a la larga.

Granero
Además, que no es a ser Joselito a lo que deben aspirar los toreros que empiezan, pues sobre no ser fácil conseguirlo ni ventajoso para ellos intentarlo, ese prurito ahogaría su propia personalidad, que es lo único interesante para el verdadero artista.

Bien está que el que se reconoce carente de ella explote el estado de alucinación a que antes me refería; pero Chicuelo puede aspirar a ser Chicuelo; Granero, Granero; Marcial, Marcial...
Y hasta Ignacio, mientras los públicos no se cansen de ese toreo forzado, que es su gran defensa, y no le obliguen a torear como debe torearse, ¿por qué no ha de explotar ese filón?
Y quieto el tesoro artístico de Joselito, enterrado con él en su misma tumba porque soñar con apoderarse aunque sea de una mínima parte para poder llamarse el heredero implicaría sacrificio, profanación, y lo menos que todos debemos hacer es, respetar sus cenizas.
Chicuelo
El maravilloso diestro ya legó bastantes enseñanzas a los que habían de seguirle, deshizo muchos prejuicios, reveló sobrados secretos respecto al arte de lidiar reses bravas, que elevó y ensanchó hasta donde era difícil predecir una docena de años antes. ¿No es bastante herencia?

Pero para todos los que sepan gozarla y por partes iguales; nada de exclusivismos y mayorazgos.

Al que quiera alegar derechos a ellos, ¡llamadle impostor!

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