dimecres, 9 de desembre de 2015

ÉXITO DE RAFAEL EN LA MONSTRUO DE SANTANDER

La obra de Don Ventura.
El 26 de junio de 1.913 se anunció en Santander la corrida 'monstruo' en la que, en tres fases diferentes, se lidiaron 18 toros. Por la mañana se corrieron seis de Benjumea para Pastor, Cocherito y Torquito y, ya por la tarde, seis de Parladé para Machaquito y Joselito y otros tantos de Saltillo para Bombita y El Gallo. 

La faena de Rafael al último de la lidia, 'Guineo', fue memorable. Así la recoge Don Ventura en su obra 'Al hilo de las tablas':

"Y salió el sexto (el decimoctavo del día, el llamado Guineo, para que el Gallo, maravilloso y genial, se nos mostrara como cumbre inaccesible del arte del toreo. Dio verónicas admirables; hizo cuatro quites distintos, con arte y gracia indescriptibles; los tres pares de banderillas que clavó -el último al quiebro- produjeron verdaderas explosiones de entusiasmo, y con la muleta realizó una faena tan asombrosa, que hizo levantar de sus asientos a los espectadores y todos la presenciamos de pie. Aquello fue, por el arte puro, el salero, el gusto estético y la belleza que en todo presidió, algo inenarrable, y para colmo de los colmos, Rafael citó a recibir tres veces y recetó otros tantos pinchazos con arreglo a los más severos cánones. Entre uno y otro, iba subiendo la bravura del toro y se remontaba la inspiración del genio; el público, en su paroxismo, enroquecía y manoteaba, y cuando el Gallo, al fin, se entregó al recetar a volapié una estocada inmensa que hizo rodar a Guineo con las bragas al aire, se produjo un verdadero delirio.

Allá fue Rafael, en hombros de la enfervorizada multitud, por todas las largas Alamedas que conducen al circo taurino de la bella capital montañesa, las largas Alamedas que conducen al circo taurino de la bella capital montañesa.

Poco después, al declinar el día, antes de regresar a Bilbao y paseando por la avenida de Pereda, me vi rodeado de varios aficionados bilbaínos que nunca habían transigido con Rafael, quienes me dijeron espontánea y noblemente: "Tenía usted razón. El arte del Gallo no puede compararse con el de ningún otro torero. Jamás habíamos visto lo que ha hecho esta tarde".

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