dijous, 14 de juny de 2018

EL REGRESO A ESPAÑA DE RAFAEL CONTADO POR EL TIMBALERO

El Timbalero firma el texto que presentamos.
José Sánchez Gómez, más conocido por ‘El Timbalero’, relató en ‘El Adelanto’ de Salamanca de 21 de mayo de 1.926 la llegada a España de Rafael Gómez ‘El Gallo’:

“Ha llegado Rafael El Gallo

Ya está aquí, en España, de vuelta de su viaje a América, el ínclito Rafael el Gallo. Desembarcó unos momentos en Cádiz, y por la tacita de plata de la bella capital andaluza, paseó el Gallo su gitana y ya desmedrada figura.

Rafael recibió los plácemes de los amigos y volvióse al barco para tomar tierra, definitivamente, en Barcelona, donde se propone torear el día 27. Pero antes de volver al barco, el Gallo, ‘cañí’ y pintoresco, entregó a los periodistas este autógrafo: “Al pisar de nuevo tierra de mi patria, saludo a mi rey, a la familia real, a los amigos y a la nación entera”. ¡Definitivo! No se puede ser más cumplido ni original.

Hace años, el último que toreó en Salamanca, Rafael, ante catorce tazas de café puro que apenas tomaba, para pedir de nuevo otra, nos decía hablando de su retirada: -¿Retirarme yo? ¿Y qué me voy a ‘jaser aluego’? Yo he ‘nacío’ torero y este es mi único oficio ‘pa’ ganarme la ‘vía’. Si lo dejo no vivo. Hasta que me muera seré torero.

Indudablemente, al paso lento y aventurero, pintoresco y azaroso que Rafael sigue, vamos a ver cumplida su profecía. El Gallo va a torear en Barcelona. Luego en Cáceres. ¡Oh, la nueva presentación de Rafael!

El ‘calvo’, el ‘divino’ calvo, en los ruedos de la plaza, será como el último recuerdo de otra época del toreo, como el perfume grato de otras tardes no olvidadas, como la representación ya única del toreo ‘cañí’ y andaluz, rumboso y supersticioso, cobardón y valiente, artista y maleta, bufo y serio, gallardo y desmedrado, castizo y español, todo en una pieza, todo en un toro, en un momento de la lidia, en una ráfaga de corrida.

Rafael es algo representativo de una época que se fue, acaso, ciertamente, contra el deseo de muchos aficionados que con tanta depuración del arte de torear, y tan nuevos y bonitos estilos, se va quedando, en la mayor parte de las tardes, sin ver torear, ni catar el arte, ni mucho menos la majeza y gallardía y el rumbo y el casticismo de aquellos días venturosos y radiantes de Rafael.

El Gallo nos inspira siempre una bondadosa consideración. Nos hacen mucha gracia sus espantadas; nos divierten mucho sus diálogos con el público, con el toro, con los peones y hasta con el estoque envenenado en la loca fantasía del ‘cañí’. Nos deleita su arte depurado y fino, y nos hace batir palmas el genio que improvisa lances y suertes, pases y adornos que solo pueden ser permitidos en el graciosísimo calvo.

Desde 1923, ha andado por América. ¡Será curioso escucharle la historia de su estancia en aquellos países!

Vuelve pues, el Gallo a España y vuelve con sus cuarenta y seis años, por lo menos, decidido a torear. Más viejo era Lagartijo y toreaba.

Esperemos esta nueva presentación de Rafael el Gallo, como algo que, seguramente, viene a amenizar el cada día más monótono y camelista espectáculo taurino, que Belmonte se encargó de elevar para que, seguramente, se derrumbe, aun con su presencia".

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