dimecres, 5 de març de 2014

PARRITA RECUERDA A JOSELITO

Antonio Parra. (Foto: El Ruedo)
El número 49 de la revista El Ruedo, aparecido el 16 de mayo de 1.945, fue un especial dedicado a Joselito con motivo del veinticinco aniversario de su muerte. En el mismo aparece una entrevista con Antonio Parra, su hombre de confianza, que lo recuerda con cariño.

Fue un gran torero, sí señor... Pero como hombre todavía valía más. Y mire usted que como torero era grande...

Así, con frase tan sencilla, destaca el perfil humano de Joselito, Antonio Parra, Parrita, que unido a él por lazos de parentesco -eran primos hermanos-, siguió su carrera desde sus prometedores principios al doloroso final de Talavera.

- Era alegre sin exageraciones, muy serio para todas sus cosas, con un corazón que no le cabía en el pecho... Le gustaba, como a todo el mundo, la fiesta y el cante, pero sin extralimitaciones...

- ¿Y el dinero?

- Al dinero no le tenía gran aprecio... Cuando empezó a ganarlo él se hizo cargo de su casa, sin permitir que Rafael, que para todos había sido como un padre, pagase nada.

- ¿Ganó mucho toreando?

- Sería difícil ajustarlo... Pero al morir tenía un capital de unos tres millones de pesetas. De ellos casi la mitad era en metálico. El resto estaba representado por alhajas, valores, fincas... Como no hizo testamento, sus cinco hermanos heredaron por partes iguales.

- ¿Cuánto cobraba José por corrida?

- En aquella fecha se pagaba poco. Hubo corridas que llegó a cobrar doce y catorce mil pesetas... Pero entonces eso no era frecuente. Una vez, después de matar seis toros él solo en una corrida a beneficio de la Prensa, fueron a pagarle los direcdtivos. Traían veinte mil pesetas en billetes y preguntaron a José cuánto quería cobrar. “Echen ustedes billetes”, les dijo en broma. Y cuando había sobre la mesa doce mil pesetas, les detuvo con un gesto. “¿Les parece a ustedes bien?”. “Hombre, José...”. “Pues para mí ya está bien... y cóbrense de aquí las entradas que yo mandé retirar”. Los directivos de la Prensa se negaron, pero Joselito insistió: “O toman ustedes el dinero de las entradas o se lo llevan todo...” Y no tuvieron más remedio que cobrarse las entradas, que sumaban alrededor de quinientas pesetas. Así era José.

- ¿Y en América, ganó mucho?

- Mucho... Pero entonces, como ahora, donde se pagaba bien a los toreros era en Méjico. Y allí no fue porque cuando iba a hacerlo estalló no sé qué revuelta y se suspendieron las corridas de toros. Fue una lástima, porque allí, Joselito, hubiera hecho una temporada espléndida...

- ¿Nunca pensó Joselito en retirarse?

Rafael El Gallo con Parrita. (Foto: El Ruedo)
- Sí... Su deseo era irse de los toros en la temporada de 1.921. Precisamente unos días antes de su muerte, estando vistiéndose para ir a la Plaza, le dijo al conde Heredia-Spínola: “Es menester que vaya usted preparando el regalo...” Se extrañó el conde y le preguntó: “¿Pero te casas?”. “Sí, señor..., muy pronto. Pero antes me retiraré de los toros”. “¿Y cuándo será eso, José?”, volvió a preguntar el conde. “Cuando usted me vea una tarde haciendo el paseíllo con el capote que me regaló, diga usted que esa es mi última actuación...”. El pobre no pudo ver cumplidos sus deseos. Yo, después de muerto José, le devolví al conde aquel capote que pudo servir de señal incruenta del fin de la carrera taurina de Joselito.
Parrita, que sabe innumerables anécdotas de José, nos habla a continuación de cómo mantenía el infortunado diestro sus competencias dentro y fuera de la Plaza, poniendo junto a su amor propio profesional una nobleza ejemplar sin límites.

La gente conoce muchos detalles de su rivalidad con Belmonte; pero en cambio no sabe qué concepto tenía Joselito del compañerismo. Una vez llegó a Sevilla el empresario de una Plaza del Norte de España dispuesto a contratarle... Joselito lo recibió con gran cordialidad; pero le hizo una advertencia: “Charlaremos cuanto usted quiera, pero ni una palabra de toros... Esa Empresa le debe a Juan Belmonte un dinero y hasta que Juan no cobre yo no toreo allí...” El empresario se deshizo en excusas, habló de la gran distancia que había salvado para venir a Sevilla, de las dificultades que había para entablar comunicación con los demás socios...; pero Joselito se mantuvo firme, y la Empresa tuvo que pagarle a Belmonte la cantidad que le debía. Solo así pudo contar con Joselito para los carteles que preparaba.

Por último, Parrita -que dedicó, a raíz de la tragedia de Talavera, un libro a la vida y muerte de Joselito, donde se contienen multitud de interesantes pormenores -nos refiere, tras los detalles de la cogida, los momentos que siguieron al suceso, el dolor de los hombres de la cuadrilla, el recuerdo de la capilla ardiente, el llanto de Rafael y la angustia de Fernando, el otro hermano de Joselito, que anduvo vestido de torero por la Plaza hasta que anocheció, buscando en la soledad consuelo para su pena...

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