dimecres, 22 de maig de 2013

EL BAUTISMO DE SANGRE DE JOSELITO CONMOCIONA LA VILLA Y CORTE

Cabecera de The kon Leche
Javier Vellón firma el siguiente trabajo en el que recoge el primer percance que sufrió Joselito.

El 1 de septiembre de 1912 Joselito recibió su bautismo de sangre. Fue en la plaza de Bilbao, en corrida que alternaba con Limeño. Un toro de la ganadería de Gama lo empitonó por la pierna derecha al saltar la barrera.

Tras unos días de convalecencia en la capital vizcaína, Joselito fue trasladado a Madrid, adonde llegó el viernes 6. Se instaló en el Hotel Roma, donde el doctor Mascarell le revisó la herida.

Su habitación se convirtió en lugar de peregrinaje de fotógrafos, aficionados, periodistas y curiosos. La revista The Kon Leche, en su número 23 publicado el 8 de septiembre de 1912, publica el siguiente artículo sobre el tema:

GALLITO CHICO CURÁNDOSE EL PRIMER ESPOLONAZO DE SU VIDA, RECIBIDO EN BILBAO

Plaza de toros de Bilbao en 1912.
Con motivo del «bautismo de sangre del menor de los Gallos, han «gemido las prensas»lo suyo, contando al público toda clase de detalles, acerca de los pajoleros cates que sufre el niño José. 
Hábiles plumíferos se han acercado al lecho del pequeño, para “dar pasto” a la curiosidad general. 
El Duende de la Colegiata  “pisándole» una información al Barquero, ha interrogado largamente en Bilbao al joven torerito. 
El protector de “la dama rubia” ha dicho, durante el interrogatorio, al Benjamín de la 
señá Gabriela:

—¡Mientras usted y yo contemos con el público!...

Y nosotros decimos: ¡Aun hay clases, querido Duende! 
Natural de Gallito.
Tan pronto como José llegó á Madrid, tuvo que sufrir una operación del doctor Mascaren, y para desengrasar, una crónica quirúrgica del famoso Don Benigno. 
El cual nos ha quitado esta vez la cabeza, hablando en el Heraldo técnicamente, de las 
lesiones del chiquillo. 








¡Don Benigno es un gachó que entiende de estas cosas! 
Él no sabrá escribir de toros; pero ¡vive Dios! que maneja el «abceso supurado», el 
«flemón infeccioso» y los «colgajos» de la pierna de Gallito, como si hubiera pasado 
la vida empuñando el bisturí, en lugar de la pluma. 
Leyendo la crónica de Don Benigno, se nos ha puesto carne de gallina. 
¡Excusamos decirlo qué le habrá pasado al pobre José! 
Después de Don Benigno, estuvo conversando con el Gallo petit, el popular Corinto y Oro. Este buen hombre ha sido el más inofensivo. Actuando también de Duende... de la 
calle de Arlabán, ha relatado a su público la entrevista con el «herido del Hotel de Roma», usando sus acostumbrados camelos. 
Aunque nos suena mal aquello de llamarle sastruja al amigo Uriarte, el trabajo de 
Corinto es ameno y agradable. 
Ahora, que lo de los «jipios del cocido» no nos ha hecho maldita la gracia, y el fraseo 
andaluz puesto en boca de Pepe, nos ha parecido un tanto fané. 
También han desfilado por el cuarto de José una nube de fotógrafos. 
El chiquillo se ha colocado ya en todas las posturas que una persona herida puede 
adoptar en la cama, para que los compadres del objetivo dieran gusto a la placa 
sensible. 
De cuando en cuando sale humo por las ventana del cuarto de Gallito pequeño y los transeúntes se paran creyendo que arde el Hotel de Roma. Y no es otra cosa que los 
disparos de magnesio de los retratistas. 
Estuvieron a visitar al chico, Rerre y Capita. El mozo de espás del Gallo les enseñó la 
lista de las corridas que pierde el chiquillo, y los citados matadores de toros sufrieron un 
desvanecimiento. 

¿Pero es posible que se pueda torea tanto?—decían Rerre y Capita asombrados.

Junto al lecho del muchacho están constantemente el obeso Jaume—¡el primer gailista del mundol—y el no menos formidable socio, conocido íntimamente por el Abate. 
Son dos enfermeros de abrigo, por si el niño necesita sudar. Figúrense ustedes que 
entre ambos pesan unos 250 kilos. La criaturaestá más delgada que un fideo. Que se reponga cuanto antes, es lo necesario.

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