diumenge, 13 d’octubre de 2013

DESAFORTUNADA ACTUACIÓN DEL SEÑOR FERNANDO EN UNA BENÉFICA VERIFICADA EN MADRID

Cartel del festejo.
(Fuente: http://bibliotecadigital.jcyl.es/)
El lunes 20 de octubre de 1.884, presidida por el señor Echeverría, se celebró en Madrid una corrida extraordinaria para la instalación de un Círculo de Instrucción Popular. El cartel de actuantes fue multitudinario y quedó formado por los caballeros rejoneadores José y Tomás Rodríguez y los matadores de sus toros Mestizo y Torerito; Cacheta, que se encargó de saltar un toro de cabeza a rabo y los diestros Lagartijo, Currito, Machío, Hermosilla, El Gallo y Mazzantini . En los corrales esperaban dos toros de Rafael Surga para rejones y seis de doña Teresa Núñez de Prado para la lidia ordinaria. Debido a lo extenso del programa el espectáculo comenzó a las dos de la tarde. El cortejo lo encabezaban dos caballeros vestidos a la usanza de Felipe II a los que seguían cuatro pajes con dalmáticas amarillas. Detrás, las cuadrillas, excepto la de don Luis Mazzantini, que llegó tarde y por ello fue recibida con pitos por los pocos asistentes. 

El señor Fernando despachó en sexto lugar a Chileno. Fue picado por Fuentes y Badila. El primero le dio siete puyazos por tres el segundo, que marró una vez y fue descabalgado otra. Guerrita dejó dos pares por una salida en falso y Almendro otro. El matador le dio nueve naturales, trece con la derecha, ocho altos, tres cambiados y un cambio. Acabó con cuatro estocadas, siete pinchazos y escuchó un aviso, empleando diecisiete minutos en todos los menesteres. 

El Toreo, fuente de la que han extraído los datos numéricos, pormenorizaba sobre la faena del Gallo en el ejemplar que apareció al día siguiente:

“El sexto toro no era español si por el nombre se juzga. Llamábase Chileno, y era negro, bragado, listón, cornigacho y delantero.
Cacheta (que había tenido problemas al saltar uno de los toros) salió en este momento de la enfermería con la cara llena de vendas y dio un paseo por el callejón para que nadie dudase de que estaba vivo.
La tanda de picadores se había renovado por tercera vez y ocupaban las plazas montadas Fuentes y Badila. 
Chileno acometía con voluntad y coraje y los jinetes pudieron lucirse. 
Fuentes picó siete veces y no sufrió el menor contratiempo en tan difícil faena.
Badila clavó tres varas y dio un marronazo, cayendo al suelo en una ocasión. 
Ambos piqueros oyeron aplausos.
Tocaron a parear y apareció Guerrita.
El chico puso un par bueno de frente y otro ídem inmejorable; además, en una salida falsa y al arrancarsele el toro dio un quiebro. ¡Olé los niños! Almendro clavó un par desigual cuarteando.
El toro llegó quedado a la suerte y el espada que era el Gallo, vestido de verde y oro, se quedó también con el público de la manera siguiente:
Tres naturales, tres con la derecha, cinco altos, tres cambiados, un cambio y un pinchazo bajo sin soltar.
Un pase con la derecha y un pinchazo como el anterior.
Un pase con la derecha y un pinchazo barrenando.
Cinco naturales, seis con la derecha, dos altos y un pinchazo sin soltar.
Uno alto y un pinchazo bien señalado.
Uno natural y una corta baja, tomando el olivo y el callejón.
Primer aviso del presidente.
Uno con la derecha y un pinchazo bien señalado.
Otro pinchazo andando.
Una corta en el pescuezo atravesada.
Uno con la derecha y un mete y saca atravesado.
Otro ídem.
El toro se murió porque no hay nada inmortal en el mundo.
Silba espantosa y merecida.

El juicio crítico fue el siguiente:

“El Gallo muy mal en los pases y peor hiriendo. El toro no tenía nada, sino que se quedaba, como pudo ver el diestro en el primer cambio. Estos con los toros indicados para la suerte de volapié que se da arrancándose por derecho y dejándose caer en el morrillo. Si no se sabe hacer, no hay razón por  eso para dar mete y sacas en el pescuezo ni para tomar el olivo, salir huyendo y demás cosazas que este diestro hizo en la muerte de su toro”.

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