diumenge, 20 d’octubre de 2013

LOS GALLO EN LA RETIRADA DE BOMBITA (II)

Aspecto de la plaza y palco regio.
Ayer sábado se cumplió un siglo de la despedida del toreo de Bombita. El domingo 19 de octubre de 1.913 los hermanos Rafael y José Gómez, los Gallo, acompañaron al sevillano en fecha tan señalada junto a Regaterín. En los corrales esperaron a ser lidiados cuatro toros de De la Lama y otros tantos de Concha y Sierra. La prensa generalista recogió, como no podía ser otra manera, el acontecimiento.  A continuación reproducimos lo que apareció escrito en El Heraldo de Madrid la misma noche del evento y en La Correspondencia de España del martes 21.

El Barquero, en El Heraldo, refleja el ambiente de la plaza con estas palabras: 

“Todos los palcos, decorados con valiosísimos mantones de Manila. En las sobrepuertas y meseta del toril, colgaduras de las que la Diputación reserva para sus festejos más renombrados. En muchas delanteras de andanada, artísticos tapices de Goya”.

Tal fue la expectación de la despedida de Bombita que hasta S. M. la Reina y su séquito presenciaron el festejo.

Las cuadrillas en el paseíllo.
En el primer de Concha y Sierra, cárdeno oscuro y manso, Joselito interviene en quites con Ricardo “y la cosa queda en sus buenos deseos”. Rafael lidia el segundo, también de Concha y Sierra, cárdeno, de buen tipo y bonito de cabeza. Lo torea “a la verónica superiormente, resultándole algunos lances artísticos hasta la exageración”, por lo que escucha “palmas y olés”. Tiene el animal algo más de bravura que el primero y “cumple con los montados”. Rafael, en los quites “filigraneó cuanto pudo y quiso”, compitiendo en buena lid con Regaterín. Luego, en banderillas “comenzó con un par al cambio inmenso, siguiendo con otro al cuarteo, del que se cayó un palitroque. Muchas palmas”.

Ricardo Torres Bombita
Con la muleta, “sobre la mano izquierda casi siempre, hizo una faena confiada y serena, acabando cn algunos abaniqueos para pasar sin pasar. A continuación, y como si le diera rabia que no se le ovacionaran tales abaniqueos, se hinzó de rodillas y dio así un tremendo muletazo y en seguida un molinete vistoso. Olés continuados. Llegada la hora de arrear candela, lo de siempre: un pinchazo delantero, llevándose el arma.
Lo que vino después ya no tuvo nada de artístico ni de confiado, componiéndose de trapazos sin importancia, otro pinchazo como el anterior, otro ídem, un metisaca, dando el diestro la espalda a la puerta del chiquero; un intento de descabello, acertando al segundo golpe, cuando el presidnete enviaba el primer recado de atención”.

El genial calvo interviene en quites en el tercero, que le corresponde a Antonio Boto Regaterín “sin que éste se coma a aquel ni aquel anule a éste”, en palabras del revistero.




Rafael Gómez "Gallo"
El cuarto es de La Lama, “gordo, fino, hondo, bien colocado”. Joselito veroniquea y “algunos de los lances le resultan concluidos, y son, por lo tanto, oleados y jaleados”. Camero le pega fuerte en una vara y en quites “Ricardo tiró una larga por bajo, y luego en media verónica arreó un monterazo”. El de Gelves responde y se “echó el capote atrás, y acabó recortando y abofeteando”. Sonaron muchas palmas. José pone un primer “par al cambio espantoso de perfección, salsa y maneras. 'Un monumento! Tan monumento, que con ser inmensos los que metió después, fueron dos indecencias, comparados con el cambio mencionado. ¡Qué criatura! ¡Qué tío banderilleando! ¡Qué bruto! Ovación elevada a todos los cubos de todos los pozos.
Con la muleta se emborrachó después mi niño y eche usted naturales impecables, y anote usted molinetes graciosos, y eche usted y no se derrame en cuanto a cosas de niño enterado y prestigioso.
Una estocada con levísimos defectos, y una ovación sin defecto alguno y sin la menor protesta, que ¡guay del que hubiera osado proferirla!.
¡Criatura! ¡Toma lo que quieras!”.

Cómo sería lo realizado que cuando salta al ruedo el quinto de De La Lama, “negro, fino y recortadito”, el de la despedida de Bombita, siguen las ovaciones a Joselito.

El sexto también es De La Lama, castaño, de tipo regular y con finos pitones. Rafael “trata de reducirlo a la obediencia, sin lograrlo, y la res resulta muy mediana, muy mediana”. Bombita baja del palco real, al que ha sido llamado por la Reina tras despachar su último toro, y ha de corresponder desde el callejón a las muestras de afecto del personal. Mansea el animal y son los banderilleros quienes prenden garapullos. El mayor de los Gómez “brinda en los medios a Bomba (que anda cosechando palmas), se estrechan las manos, se abrazan, y el delirio del pueblo llega a lo inenarrable.

Antonio Boto "Regaterín"
Rafael, tras poco tela, mete un pinchazo hondo, sufriendo un fuerte palotazo en la mano derecha; secunda con otro peor, otro aún más malo, otro ídem, dobla el toro y se acabó”.

El Concha y Sierra que hace séptimo corresponde a Regaterín y permite a Rafael intervenir en dos quites con el matador, que son calificados como “bonitos”

El último, de igual hierro que el anterior, es cárdeno, joven y algo abierto de defensas. Lancea a la verónica José rematando de rodillas. El toro está entre la mansedumbre y la bravura y José y Ricardo alternan en aplaudidos quites “con elegancia y gallardía”. Y ahora viene un hecho relatado innumerables veces. La invitación por parte del menor de los Gallo de intervenir a Bombita en banderillas cuando éste le había pedido que no lo hiciese. Así se cuenta en El Heraldo: “tras de iniciar ambos algunos jugueteos, comienza Pepe con un par al cuarteo, la esencia de la suavidad y la finura. Ovación. Sigue Bomba con otro par inmenso, repitiéndose la ovación, y acabó Almendro con un palillo suelto”.

Tras el brindis de rigor al de Tomares “el primer pase es de absoluto poste, quieto el chico como si hubiera echado raíces. Delirio. Sigue en pie y de rodillas, dando de esta última manera dos pases remarcables y estando siempre entre los pitones.
Cita a recibir; el bicho no acude, sino que gazapea, a pesar de lo cual el chico no deshace la reunión, atizando luego la mejor estocada que yo le he visto dar, en lo que toca a ejecución y agallar al meterse. Descabella. Ovación”.

Ricardo y José salen en triunfo por la puerta grande.
José Gómez "Gallito"

P. Álvarez, en La Correspondencia de España del 21 de octubre, relata así las actuaciones de los Gallo en tan relevante acontecimiento:

“Rafael el Gallo no tuvo el santo de cara; pero el hombre que sale enfermo a torear, trabajando gratis por sus compañeros, merece una ovación tan grande como una de sus enorme faenas cuando quiere. Yo apunté en mi revista lo bueno y malo que hizo; pero desde aquí, en que no desciendo a detalles, le envío mi más cariñoso aplauso por su buena obra”.

De José dice que “cuando quiere, que no suele ser siempre, tiene el secreto para entusiasmar a los públicos, y en esta corrida había que demostrar que dentro lleva un gran torero. Y en el último toreó de verdad, dando pases ayudados sobrenaturales y toreando de rodillas en los propios pitones, manteniéndose en esta posición como si le fueran a hacer un retrato de quince minutos de exposición. Sin llevarse la mano al tupé para entrara matar, como es costumbre, sacudió el niño un volapié de los que hacen época. Si el niño quisiera colocarnos una película de éstas de vez en cuando, qué bien marcharíamos.

Pero no le da a la criaturita la gana de hacerlo muy a menudo y parece que se reserva para otra ocasión. Que cuando llega vale la pena de hacer un viaje desde América por presenciarlo, porque lo merece.


La faena del cuarto de la tarde, con no ser ninguna tontería ni mucho menos, quedó eclipsada por esta otra tran fenomenal”.

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