diumenge, 29 de gener de 2023

A VUELTAS CON EL ORIGEN DE 'BAILAOR'

Areva es el autor del siguiente reportaje, aparecido en la revista 'El Ruedo' el 24 de enero de 1.952, en el que revela el origen de 'Bailaor', de la Viuda de Ortega, toro causante de las heridas mortales a Joselito:

En una nota biográfica de Joselito publicada recientemente en un periódico de América, no recordamos en este preciso instante si de Méjico o de Venezuela, hubimos de leer que el toro «Bailaor», causante de la muerte del gran torero sevillano, fue un «indigno cunero», «un marrajo de turbio origen», y, como consecuencia, de padres desconocidos,

No nos extrañó tan ligera afirmación, tomada seguramente por el cronista de alguna de las noticias tendenciosas que, por la época a que nos referimos, publicaron muchos periódicos y folletos, puesto que aquí mismo, en Madrid, a raíz del desgraciado accidente que en la Plaza de Talavera costó la vida a José Gómez, «Gallito», dijo y se escribió que el toro «era de orígenes desconocidos», que fue «un morucho carretero», que «procedía de vacada ignorada y de sangre sin garantía», etc.

Una c a m p a ñ a feroz —con l a perversa intención de desacreditar la ganadería en unos casos y con el más completo desconocimiento en otros— se desató por aquellos días contra la vacada de la señora viuda de Ortega. Campaña llena de inexactitudes y hasta de calumnias, en las que casi se atribuía a dicha señora la culpa de la desgracia del pobre José.

Sin embargo, hubo escritores, técnicos y aficionados que, en su momento, y después, salieron en defensa de la ganadería, legrando que la verdad y la justicia quedaran en su justo punto.

¿Que los toros enviados por la viuda de Ortega a la Plaza de Talavera para ser lidiados el 16 de mayo de 1920 por «Gallito» y Sánchez Mejías eran indignos cuneros y marrajos de turbio origen?

La especie carecía en absoluto de fundamento. Quienes la lanzaron sólo pudieron esgrimir a su favor el hecho de no hallarse la ganadería encuadrada en la Unión de Criadores de Toros de lidia. ¡Como si ello, por si sólo, fuese motivo para desprestigiar una divisa y negar el limpio origen de sus reses!

Es cierto que la vacada talaverana no estaba asociada, Pero no lo es menos que era conocida.Y que, a pesar del monopolio ejercido por la Unión, imponiendo el veto a las Plazas donde se corrieran reses que no pertenecieran a individuos de dicha sociedad, los bichos de la viuda de Ortega se lidiaron con picadores en diferentes Plazas desde el año 1915, jugándose por vez primera en corrida de toros —por Paco Madrid, «Algabeño II» y Sánchez Mejías— el 25 de agosto de 1919, en Alcalá de Henares.

Plumas tan prestigiosas y competentes como las de «Recortes» y «Arponicllo» —testigo este ultimo de la corrida de Talavera— escribieron e n el magnífico libro «Tragedias del toreo», refiriéndose a la muerte de «Gallito», el siguiente párrafo, que abona nuestro escrito: 

«No faltó quien calificase poco menos que de morucho el ganado de la señora viuda de Ortega, cuando es lo cierto que las reses de esa vacada procedían de la inmejorable casta de las de Veragua y Santa Coloma.»

Así era, en efecto. Puesto que doña María Josefa Corrochano, viuda de don Vicente Ortega fundó la ganadería , entre los años 1909 y 10, con cincuenta novillas erales del duque de Veragua, a las que puso como semental, de primera intención, el toro «Espartero», de don Amador García de Tejadillo (Salamanca).

Dirigía la vacada el hijo mayor de doña María Josefa, don Venancio Ortega, persona de gran cultura y extraordinaria afición a los toros.

A los tres años de estar padreando «Espartero»» según afirma don Ángel Hernaiz en el folleto que publicó en Julio de 1920, titulado «La última corrida de Joselito», se le presentó el hormiguillo, enfermedad que corroe la punta de los cuernos, dejándolos remos. Y como el mal, por ser hereditario, podía transmitirse a su descendencia, decidió don Venancio extinguir toda la producción del repetido semental, sacrificando previamente al padre y a todas las hembras hijas de éste en  un matadero de Talavera, y lidian do los machos en distintas Plazas durante las temporadas de 1913 a l 17.

Una feliz coincidencia vino después a resolver al señor Ortega el problema que se le planteaba de buscar nueva simiente para las antiguas vacas de Veragua

A l soto de «Entre-ambos Ríos», próximo a la dehesa «Santa Apolonia», de la viuda de Ortega envió el ganadero don Dionisio Peláez a pastar sus vacas el a ñ o 1913.

Acompañaban a las mismas varios sementales de origen ibarreño, con el hierro del conde de Santa Coloma entre ellos «Canastillo», número 40. negro. Toro recortado, de magníficos antecedentes y muy bravo en la tienta que el señor Peláez —tras haber dedicado al animal diversos años a la cubrición de parte de las vacas— cedió, a principios de 1914, a don Venancio Ortega para que siguiera ejerciendo la función reproductora con las puras vacas del duque.

Del toro «Canastillo» —sangre Vistahermosa— y de la vaca «Bailaora» —sangre vazqueña— descendió, pues, el tristemente célebre «Bailaor», número 7, negro mulato, que en tarde aciaga, de certero hachazo, segó, la vida del más completo lidiador que ha existido.

«Bailaor» no fue, por tanto, «un indigno cunero», porque procedía de padres conocidos. Y éstos, además, de muy buenas castas.

dimecres, 25 de gener de 2023

BALDOMERO, MASCOTA PARA LOS TOREROS, NO ESTUVO EN TALAVERA

El reconocido fotógrafo Baldomero Fernández Raigón contó en una entrevista concedida a Pilar R.S. en la revista 'El Ruedo' de 14 de septiembre de 1.950, que siempre tuvo 'buena prensa' entre los toreros porque, coincidiendo con su presencia y a excepción hecha del percance mortal de Granero, jamás terminaban heridos. 

Así cuenta el porqué de su ausencia el 16 de mayo de 1.920 en Talavera, la tarde de la infausta cogida de Joselito:

"Por lo demás, nunca he tenido ocasión de captar momentos trágicos de la Fiesta. He tenido siempre una suerte casi milagrosa. Como ejemplo, lo que me ocurrió el día de la muerte de Joselito. Un rejoneador, un señorito muy aficionado, me dijo que fuera al día siguiente (esto era la víspera de la corrida fatal) a Talavera y que me daría veinte duros (veinte duros de entonces) sólo porque le hiciera una fotografía con el diestro famoso. Le dije que sí, y al día siguiente, en vez de ir a Talavera me quedé en casa tranquilamente.

Por la noche vino mi hijo, muy agitado, a decirme que habían matado a «Gallito». Aquello me impresionó, porque no era la primera vez que me pasaba; siempre que había cogida, por un motivo o por otro, no me encontraba presente. Los toreros sabían algo de aquello y me consideraban un poco de mascota.

Cada vez que se organizaba un festival, contaban conmigo: «Que venga el niño», decían, porque entonces aun se me podía llamar niño.

diumenge, 22 de gener de 2023

LOS TOREROS EN LA PINTURA: JOSÉ GÓMEZ 'GALLITO'

Mariano Sánchez de Palacios es el autor del siguiente artículo, publicado en la revista 'El Ruedo' el 31 de enero de 1.952. El periodista repasa la presencia de Joselito en tres cuadros de Roberto Domingo propiedad, por aquel entonces, de Carlos Urquijo de Federico:


Es curioso observar el reflejo que en la pintura de todas las épocas han tenido los toreros. Puede decirse que empezó en Goya, con el retrato de los hermanos Romero, esta dedicación que los pintores otorgan a las celebridades taurinas, trasladando al lienzo a los hombres más famosos y representativos de su tiempo, pues si bien Juan de la Cruz había grabado también a sus preferidos —el mismo Romero—. es el genial pintor aragonés el que da el tono de la especialidad, trazando un camino que había de servjr de, arranque a futuras creaciones pictóricas. Por su indumentaria, por su apostura, por lo llamativo y colorístico de su atuendo, ayer más que hoy, el torero llegó, por méritos y circunstancias propias, a asomarse con cierto empaque y prestancia, al gran ventanal del arte.

En nuestro afán de recoger una nueva modalidad dentro del tema taurino iniciamos hoy una serie que juzgamos interesante, y que alternará con aquellas crónicos que las circunstancias y los momentos dictan. Al ir, pues, a destacar pintores y toreros, nos ha salido al paso el recuerdo imborrable del malogrado «Joselito», tan cercano en la memoria y en el tiempo. Cerca de treinta  y dos años han pasado desde aquella luctuosa tarde de Talavera de la Reina, en que el más célebre y elegante torero de los últimos tiempos se desangraba, herido de muerte, sobre la arena tostada y calenturienta de una pequeña y pintoresca Plaza de pueblo. ¡Joselito! Para muchos de nosotros su recuerdo va unido al de nuestra juventud, a aquellos años en que iniciábamos nuestro visita dominguera al antiguo coso de la carretera de Aragón, en donde Rafael «el Gallo», Vicente Pastor y Juan Belmonte alternaban, entre otros, con el ídolo de aquel tiempo. Ahora, al evocarlo pleno de juventud, con la elegancia de su porte, tan torero siempre, cosechando aplausos y admiraciones, nos parece que el tiempo se ha detenido paro nosotros, haciéndonos vivir aquellas tardes inolvidables que eternizaban un momento trascendental de la historia del toreo. Aquí está el gran «Gallito», por obra y arte del ilustre Roberto Domingo, mostrándosenos tal cual era, en un lance muy suyo, en el último tercio de una corrida. Seguro, valiente sereno, en ese adorno con que los pinceles le ofrecen a la posteridad, dominando a la res, que se doblega ante el arte y la maestría del diestro. ¡Buenos toros aquéllos! Sugiere el cuadro nostálgicas añoranzas de un tiempo y un estilo ido, que no sabemos si volverá a repetirse, porque el arte taurómaco de «Joselito», tal vez. era único y personal en aquellos momentos de las grandes innovaciones y competencias taurinas. Los pinceles de ese excelentísimo pintor y maestro del género que es Roberto Domingo 
nos ofrecen esa visión certera y exacta del torero, enriquecida por un arte también único y aleccionador. ¡Qué gran cuadro, también, el de «Joselito» en un par de 
banderillas! Luz y color hermanados con la vistosidad y movimiento en una insuperable técnica pictórica. Tienen un sentido histórico y anecdótico a la vez estos cuadros, cuya reproducción ofrecemos, y si dos de ellos reproducen la figura estimada del torero, la tercera, «Talavera, 1920», encierra gráficamente todo el dolor de lo tragedia. ¡Qué impresionabilidad, qué emoción la de esta pintura! Todo el dolor de aquella infausta tarde se refleja en esto escena, que sucede en la puerta de lo enfermería de la Plaza de Talavera, entre el silencio de los compañeros de cuadrilla. Ahí, tras esa puerta carrada, yace el cuerpo inanimado del ídolo, del maestro, para el que los auxilios de la ciencia han resultado inútiles. El ambiente, la atmósfera, están cargados de dolor y pesimismo. ¡Ha muerto «Joselito»! Tristes, desalentados, nerviosos e impacientes están los peones, los picadores y lo» monosabios. Ellos saben lo brutal de lo cogida, pero aún esperan la anhelada noticia de que el matador vive. No lo quiso el destino, y José Gómez Ortega «Gallito», cerraba sus ojos para siempre en la misma Plaza de Talavera de la Reina donde hubo de torear aquel día, no  sin ciertos presentimientos de lo que había tristemente, de pasarle.

Los tres cuadros de Roberto Domingo, para los que no es precisa crítica nos ofrecen la visión del torero desde el gran plano del arte.

dimecres, 18 de gener de 2023

LAS BODAS DE ORO DE RAFAEL EL GALLO (II): EL BANQUETE

La segunda, y última entrega del homenaje que se le hizo a Rafael El Gallo en Sevilla, está recogida de la revista 'El Ruedo' de 9 de octubre de 1.952 y el artículo aparece firmado por el periodista C. Fernández:  

El colofón de loe actos en honor de Rafael «El Gallo» —con motivo de sus bodas de oro— fue el banquete popular que se celebró en el Gran Casino de Sevilla en la noche del día primero de octubre. Allí se pudo medir la dimensión exacta de la conmemoración y pulsar los varios significados del homenaje. Como dijo Corrochano, no se trataba simplemente de celebrar los cincuenta años de alternativa de un artista y un torero, sino que se trataba también de celebrar a un torero de los de hace cincuenta años que no es lo mismo. De mesa en mesa y de boca en boca, el pesimismo —muy taurino— por el estado actual de la Fiesta, se hizo clamor a cada alusión a tiempos pasados, porque tal vez es en los toros donde más parece darse el contrasentido jeremíaco de que «cualquier tiempo pasado fue mejor». Y decimos contrasentido porque el pesimismo no se traduce en las taquillas ni merma en nada la asistencia del «respetable» a los cosos. Lo maravilloso y lo extraño, sin embargo, era ver a Rafael entre tirios y troyanos —entre los aficionados "a lo viejo" y los enamorados de lo "nuevo"—, con su indiferencia, su bondad, su melancolía y su frialdad de andaluz de rango, repartiendo abrazos, autógrafos y apretones de mano. ¿Se emocionó? Sí, indudablemente. Pero ni en un momento la emoción eclipsó la facundia proverbial del torero ni quebró la línea de la más estricta y compuesta elegancia. Todo en su torno se produjo —incluidas las discusiones agrias y las reticencias envenenadas, tales las de Corrochano— con naturalidad, con sencillez, con gracia. Incluso las alusiones a las finanzas de Rafael se produjeron en forma grata, que excluía los rasgos impertinentes de la intromisión, como si la vida privada de Rafael, en cierto modo, fuera ya cosa pública, un tanto de todos, aunque, eso sí, para tratarla con afecto y solicitud de cosa propia.

Sábese así  —y puede decirse— que los beneficios del festival rebosan los cálculos coa que los organizadores proyectaban ampliar la pensión vitalicia del maestro al nivel de la holgura y del decoro a que es acreedor. Bien que ello plantea problemas nuevos de administración, sabido que Rafael tiene, no agujeros, sino pozos auténticos en las manos. Se busca el objetico de que Rafael perciba diariamente la pensión, comprobada la imposibilidad de administrarse «per se», siquiera en los siete días de la semana, aunque, eso sí, tienta a muchos la curiosidad de ver qué haría Rafael si recibiese una parte del dinero obtenido, libre de trabas y condiciones, después de tantos años de «desentreno» en gastar, sometido al rigor de una pensión corta —como un jubilado de Hacienda o del Magisterio—, que para defenderla de sus prodigalidades fue embargada por los amigos y protectores, apenas constituida, como fórmula de salvaguardia.

En e1 banquete hubo para todos los gustos. En cuanto a los comensales, de todas las clases sociales: hombres y mujeres, militares y civiles, autoridades y estado llano. En cuanto a los discursos, también de todo: lírica y épica, castellano y latín, lectores y oradores, intervinientes de cartel y «espontáneos»...

La figura simpática del general Merry y Ponce de León se irguió arrogante, con desprecio del micrófono y evocó una faena de Rafael en Jerez en los años del "¡Maura, sí!" y el "¡Maura, no!" mientras levantaba unas botellas de Jerez en ofrecimiento al torero. Corrochano hizo imágenes picantes sobre «los matadores nuevos», «los apoderados nuevos» y «los aficionado  nuevos», recortando las puntas de su discurso «para no herir» con un  "abrazo a Rafael". Ramón Soto, poeta laureado, recitó vibrantemente un poema. «Bombita» se tiró al ruedo y habló, como testigo, del drama de Talavera, Don Ramón Mesa no se tiró al ruedo, más bien fue empujado, y lo hizo con la sal que él sabe hacer estas cosas. Don Carlos Pickman intervino contando algunas anécdotas... Y a partir de aquí se desató, en leal competencia, un auténtico temporal de «castelares», que se disputaron el micrófono a empellones, y a los que no había manera de formarlos en cola. Rafael sonreía satisfecho, porque todo tenía el más grato sentido cordial, y firmaba autógrafos a la avalancha de los peticionarlos, que, insaciables, caían también sobre las personalidades que acompañaron a Rafael en la mesa presidencial: el teniente general Lecea, |efe de la Región Aérea del Estrecho; el marqués de Soto Hermoso, presidente de la Diputación, don Manuel las Heras, teniente de alcalde, en representación de la ciudad; Juan Belmonte, Domingo Ortega, duque de Pinohermoso, Dos Santos, Joaquín Miranda, «Chicuelo» y César Girón, entre otros.

Como remate vino la lluvia de «habanos». Ni un solo comensal dejó de cumplir el ruego que se hacía en la tarjeta. Y varias cestas pregonaron que Rafael tenía «humo por delante», Rafael y, claro, algunos de sus amigos «probes», que también saben fumar. ¡Qué caramba!

diumenge, 15 de gener de 2023

LAS BODAS DE ORO DE RAFAEL EL GALLO (I): EL FESTIVAL

El número 433 de la revista 'El Ruedo', de 9 de octubre de 1.952, daba cumplida cuenta del doble homenaje que recibió Rafael El Gallo en su Sevilla a propósito de cumplirse cincuenta años de su alternativa. Las palabras siguientes fueron firmadas por C. Fernández y rememoran cuanto ocurrió en La Maestranza: 

Las bodas de oro del matador Rafael El Gallo, se han celebrado por partida doble. Es decir, fuera y dentro del ruedo. Vamos en esta crónica breve a referimos a la conmemoración en este último aspecto, dentro, pues, del recinto entrañable de la Plaza de la Real Maestranza de Sevilla.

El primer acto, el que abrió las bodas, tuvo lugar el día 28 con motivo de la primera corrida de la Feria de San Miguel. Acababan de desfilar las cuadrillas en el reglamentario 'paseíllo' entre las palmas frías del cumplido. Unos cuantos señores, algo endomingados, irrumpieron en el ruedo, allá por el tendido 1. Poco a poco fuimos reconociéndolos: Don Juan Belmonte (torero); don Remigio Ruiz (revistero); don Enrique Pérez de la Concha (ganadero); don Manuel Soto (impresor)... y Rafael 'El Gallo'. Toda la plaza recordó en el acto: "Hoy hace cincuenta años de la alternativa del 'maestro'". Y con las palmas cálidas, fervorosas, corrió la evocación: Emilio Torres 'El Bomba', de padrino; Ricardo Torres 'Bombita' de testigo. Dos toreros de entonces. Y, en medio, 'Gallito', entonces aún 'Gallito', pequeño, airoso, rodeado de una afición apasionada. La afición de entonces. 

El acto fue breve y de buen tono. Unos cuantos abrazos. Unas cuantas fotos. Unos cuantos  regalos: el reloj de oro de tres tapas —así le gustan al maestro—, la cartera de Ubrique. el mechero inglés, la caja de habanos... Y Rafael, vestido de negro. que saluda con su sombrero ancho al fervor siempre vivo de los sevillanos.

El segundo acto taurino tuvo lugar el martes, y consistió en un formidable festival a beneficio del mayor de los «Gallos». Se trataba de Rafael, y este solo nombre bastó para que se dieran cita en el cartel toreros de rango y ganaderías de fuste. Los primeros fueron los siguientes, por orden de actuación. entre montados y de a pie: duque de Pinohermoso, Manuel Jiménez, «Chicuelo»; Domingo Ortega, Peralta. Rafael Ortega. «Gallito»; Manuel dos Santos, Joaquín Pareja Obregón, Juan Silveti, César Girón y Curro Galisteo. Las ganaderías coadyuvaron así: duque de Pinohermoso, Escobar, Guadalest, Osborne, E. González, Cobaleda, Concha y Sierra, G. Pérez Tabernero y Montalvo.

El «paseíllo» fue brillantísimo. Abrían paso los tres rejoneadores con sus caballos en apoteosis de postín y arrogancia. Seguían, con sombrero cordobés, los siete espadas. Cerrando marcha, la masa de los subalternos, con «gorrillas». La Plaza, con un lleno hasta la bandera, fue un solo y ensordecedor aplauso. En la presidencia, un trío de «viejos figuras»: «Machaquito», que llegó de Córdoba solo para presidir; Juan Belmonte y el homenajeado. Media historia del toreo.

Con este marco era difícil que no resultase el cuadro. Y resultó ciertamente. El duque de Pinohermoso rejoneó a la perfección y lució su buen estilo de caballista pundonoroso, tanto en su toro, que lidió muy bien, como en el de Pareja Obregón, al que, por invitación del sevillano, clavó dos pares de banderillas. Ortega dio una lección tan completa y primorosa con un bicho que se colaba por todas partes, que cuando, por la noche —en el banquete—, Corrochano hizo la defensa del toreo pretérito, no encontró mejor argumento que decir que lo «mejor de la tarde lo había hecho un torero que peinaba canas». «Chicuelo» lanceó soberbiamente a la verónica y trasteó con justeza a su enemigo, que liquidó prestar mente. Peralta superó sus «insuperables» actuaciones anteriores, ofreciéndonos la admirable modalidad de las banderillas a dos manos con las riendas sueltas. Rafael Ortega fue verdaderamente «Gallito» y ofreció los primores de la dinastía honrando a su tío con la reproducción de la famosa suerte de la silla. Dos Santos practicó con denuedo y valor su toreo de emoción característico, que tanto gusta al público sevillano. Joaquín Pareja-Obregón triunfó en toda la línea, tanto al poner las banderillas, que en difícil competencia le ofreció Peralta— banderillas de diez centímetros— como en la lidia de su toro, en la que acertó, tanto en los arpones como en los rejones, consiguiendo la muerte. Juan Silveti estuvo valeroso y nos dejó una buena muestra del arte de matar toros bravos. César Girón levantó a la Plaza en los tres tercios, con la capa, con los palos y con la muleta. Y Galisteo cumplió sobradamente entre tanta «figura» y «prestigio» de ayer y de hoy. De siempre, mejor dicho.

Resultado: un gran éxito artístico y un gran éxito económico. Se vendió el papel en su totalidad, y aún hubo simpatía y afecto para sacar a Rafael a hombros, como en los días lejanos de sus buenos y grandes triunfos.

dimecres, 11 de gener de 2023

ENTREVISTA A GABRIELA ORTEGA

Santiago Córdoba firmó en la revista 'El Ruedo', aparecida el 11 de octubre de 1.956, la siguiente entrevista a la incipiente artista Gabriela Ortega, en vísperas de un recital poético que iba a dar exclusivamente de temática taurina:

GABRIELA VA A DAR UN RECITAL DE TOROS 


Gabriela Ortega. Sangre torera corre por sus venas; hija de la 'señá' Gabriela, hermana de los Gallos, artista como todos los suyos. Va a dar recital exclusivamente de toros en el Lara. Dos horas, el tiempo que dura una corrida, metida en juerga seria,  emotiva, dramática, sola en el centro del tablado, como los puertos toreros. La cosa va a estar superior- Darán la crónica desde el 'ruedo' de Gabriela Gregorio Corrochano y Rafael Duyos. Pregón y broche de una tarde triunfal.

Gabriela ya está en "capilla", dispuesta a hacer el paseíllo.

- ¿A qué poetas recitarás?

-A García Lorca, Alberti, Duyos, Ochaíta, Benitez Carrasco, Martínez Remis...

- ¿Algún romance dedicado a la familia?

- Llevo  "Baladilla de la señora Gabriela', de Ochaíta; "Joselito en su gloria' de Alberti; "Llanto a Sánchez Mejías, de García Lorca, y la "Pena de Juan y José", de Martínez Remis.

-¿Cómo torearás?

- Recito con pinceladas de cante y baile. Doy unos cuantos pases marca de la casa

-¿Qué pase te gusta más?

- El natural, y después, torear con el capote; quizá esto es lo que mejor haga. También pongo banderillas y simulo la suerte de matar, pero es lo que menos me gusta, aunque me perfilo bien.

— ¿ Ensayas en la plaza de toros?

- ¡Guasón! Ensayo en el estudio de un pintor.

— ¿Hay mucho repertorio taurino?

—Muchísimo. No olvides que hay poetas casi exclusivamente de toros, como Duyos, Remis y Manolo Benítez Carrasco,

— ¿Cómo ve la familia a la artista?

— No lo ve mal, porque en mi familia todos son artistas; quizá sea el apellido que más artistas haya dado en el baile, en el cante y en el toreo.

— ¿Qué dicen tus hermanos, los hermanos "Gallito"?

—Son unos grandes partidarios míos .

— ¿Te acompañan?

—No. Saben bailar una miajita, pero... En alguna fiesta familiar, cuando se está a gusto, Rafael se da unas vueltecitas muy graciosas. Ellos aquí en casa son muy serios, como todo andaluz.

— ¿ De qué entiendes tú más: de cante, de baile, de toros...?

— Yo creo que de las tres cosas, aunque a los toros voy menos. Lo que más me gusta es el cante. Y lo que me gustada hacer sólo, bailar; pero como he empezado un poco tarde, no lo he podido hacer, porque me falta agilidad; para eso hay que iniciarse antes.

— ¿Imitar a alguien?

—No. Dicen que tengo una personalidad un tanto acusada.

— ¿ Te ves?

—Yo no soy de las que se estudian ante el espejo, la cosa estudiada pierde veracidad.

— ¿ Te imitan?

—Sí. Ya he visto que alguno me imita. Es que yo, sabes, he hecho muy populares las "Chuflillas del Niño de la Palma", y, naturalmente, ya me las han cogido.

— ¿Dónde está tu personalidad?

— En la fuerza. Más que dulzura y suavidad, la enorme fuerza que pongo, la casta, lo que llevo dentro. Algo me tenía que quedar en la sangre de tanto flamenco. Eso es, la fuerza y el desplante.

— ¿Cuántos años llevas de profesional?

—Cuatro. Antes ya me había destacado en alguna función benéfica. Me gusta todo que sea arte.

— ¿ T e defiendes bien?

—Bastante bien.

— ¿Ya no te contratarás en compañías?

—Ahora quiero dedicarme a dar recitales sola.

— ¿Darás la vuelta a España "toreando"?

—Sí. Como por este camino no vea a nadie más, me figuro que no me pondrán demasiados inconvenientes.

— ¿Entorpecen mucho?

—Sí; pero a mi no me cortan el paso.

—Oye, Gabriela, ¿recuerdas a tu tío?

— Apenas. Cuando ocurrió la desgracia de Talavera era yo una chiquilla. Le recuerdo entre nieblas vestido de marrón, con sombrero ancho, por un corredor de la casa de la Alameda. ¡ Ah ! ¿ T ú no sabes que yo nací en su misma habitación? Sí. Porque mi madre, siempre que iba a dar a luz, iba a casa de la abuela.

— ¿A quién te pareces más de la familia?

— Y o soy un retrato psicológico de todos, pero me parece que, más que a nadie, a José.

— ¿ Eres valiente?

—De cobarde no tengo un pelo.

— ¿ Admiras a l a mujer valiente?

— Admiro a la mujer valiente, y si es inteligente, más .

— ¿ Has estudiado?

—He estudiado en el libro de la vida, que es el mejor libro que se ha escrito.

— ¿Vas a los toros con alguna frecuencia?

— Me gustan mucho los toros y voy con alguna frecuencia, sí.

— ¿ Cómo reaccionas en tu asiento?

—No vuelvo la cabeza, no; ni chillo ni hago aspavientos, y quiero estar lo más cerca posible del toro. Me emociona el recuerdo de los míos.

—De haber nacido hombre, un "fenómeno", ¿eh?

—Yo creo que sí.

—Casta, casta, casta...

diumenge, 8 de gener de 2023

'ELEGÍA' JOSELITISTA DE JOSÉ DEL RÍO SAINZ

El periódico 'La Atalaya', 'decano de la prensa diaria de Santander', publicó el 24 de mayo de 1.927 el siguiente poema firmado por José del Río Sainz. Al pie, aparecen las siguientes palabras: "Leída por el actor Francisco Fuentes en el teatro Cervantes de Sevilla, en el acto de conmemoración de la muerte de Joselito. 

José del Río
(Foto: https://joseramonsaiz.es/)



ELEGÍA

(En el aniversario de la muerte de Joselito)


 ¡Qué triste está Andalucía!

¡Todavía lleva el luto

del rey de la Torería!

El sol, fúnebre tributo,

es un cirio y llora cera

sobre el azul impoluto.

¡Talavera! ¡Talavera!

No digáis ese maldito nombre

de asonancia fiera. 

Porque un dolor infinito

sobrecogerá a Sevilla

y enlutará su mantilla

la sombra de Joselito.

¡Qué alegre estaba la Feria,

cuando la Feria era él,

lámina graciosa y seria!

Igual que en el redondel,

solemne y ceremonioso;

héroe en su luna de miel 

con la Fama...

En el reposo

del barrio de Santa Cruz;

y en el hervor del acoso,

¡fino jinete andaluz!

¡Qué luz de nostalgia había

de sus ojos en la luz!

Sobre su jaca se erguía

con prestancia moceril

y era entonces su perfil

el perfil de Andalucía.

Ya no nos queda esperanza,

¡sin él te encuentras tan sola

plaza de la Maestranza!

Le lloran Carmen y Lola,

las mocitas de romance

y de leyenda española.

El maravilloso lance

que en su capote bordaba

en el temeroso trance,

no hará a Sevilla su esclava;

no nos dará su emoción;

ni caerán rojos claveles

por él a los redondeles

-cada flor, un corazón-.

Ya las mocitas morenas,

de entremés de los Quintero,

ríen en su patio apenas.

No es que haya muerto un torero,

un torero se reemplaza;

el renombre y el dinero,

bastan a surtir la plaza.

Es que ha muerto algo mejor:

una fina flor de raza,

la más fina y bella flor.

Y abrumada de gentío,

Sevilla nota el vacío

de una mujer sin amor.

Vieja guitarra de España,

hecha vieja de tocar

en la Venta de Eritaña.

Aprende un nuevo cantar,

un cantar que sea un grito

y un sollozo popular.

Un cantar que no esté escrito

y el que el pueblo rece,

un triste cantar que empiece:

¡Joselito!, ¡Joselito!