José Martín Villapecellín, en su obra ¡Este es Arruza!, refiere la siguiente anécdota que Rafael El Gallo le contó a Carlos en Sevilla, en el otoño de 1945, poco antes de que el azteca embarcara en Cádiz rumbo a su país:
"Rafael El Gallo y Carlos son un contraste original.
Rafael dice: "Todos los toreros son como mis hijos, pero éste es mi mayor orgullo".
Cuenta una anécdota. Fue con Juan a torear un festival en el Norte y se encontraron que los becerros tenían 290 kgs. Belmonte, cuando despacha a su primero, se fue a la barrera diciendo:
"...Qui...qui...siera sa...sa...ber que...que amigo mío es el que...que...que ha elegido esos becerritos". Asegura Rafael que con grandes trabajos le tuvieron que quitar de la cabeza las ideas de asesinato".

