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| Gallito en el segundo. (Foto: Sol y Sombra) |
Fernando Gómez 'Gallito' se anunció en Valencia la tarde del 18 de junio de 1.905 para despachar novillos de Parladé con Bienvenida y Crespito. La crónica que firmó en 'Sol y Sombra' Francisco Moya no deja en buen lugar al mediano de los hijos de la señora Gabriela:
Salimos de Málaga y entramos en Malagón.
Ya teníamos apartada una novillada indecente, por lo tísica y pequeña, de D. Eduardo Miura, y que por
lo mismo no se ha querido lidiar, habiendo pasado al salón de lactancia hasta que estén para ello, que será
por la Trinidad, y el Sr. Parladé manda otra, que si bien es verdad estaban redonditos de carnes, en cambio
su tamaño era tan minúsculo como sus pitones.
¡Vaya una monada!
Cosa más a propósito para
las femeninas toreras no
la he visto nunca. Quizás
ellas se las vean a menudo con despabiladores de
mayor cuantía y, sin embargo, este plato de confitería les estaba reservado
a Bienvenida, Gallito chico
y Crespito (convaleciente).
Y antes de que se me
olvide, entre los seis gazapos tomaron 27 varas, por
seis caídas. Pedir más sería ser uno exigente, y no
están los tiempos para que
se le pitorree a uno nadie.
Bienvenida, de morado
y oro, se llegó solo al primero, que estaba nerviosillo y no dejaba colocar; lo toreó de muleta con la izquierda y muy movido, efecto
de la condición antes dicha, y le pinchó cuatro veces, viendo yo y todos que en el último el torete se
escupió al verse herido.
En el cuarto de la tarde vimos al Bienvenida tal como es hoy y no el de muchas corridas acá. Dejaría de
hacer mención de su faena con la muleta que, dicho en su honor, fue inteligente y que se aplaudió, para
ocuparme de la manera concienzuda con que entró a matar a este toro las dos veces que lo hizo. Aquello
fue gloria pura. Pinchó una de las veces y en la otra deió una estocada contraria, pero se le aplaudió y con
razón.
No olvide la receta,
Manolillo, que es de las
que dan muchas contratas.
Gallito chico, de morado y oro. Aquí pondría dos
renglones de puntos y él
me lo agradecería, y yo
más contento todavía;
porque, caballeros, eso de
estar siempre diciendo de
un diestro lo mismo, cansa
al verbo humanado.
Es verdad que toreó de
muleta a su primero con
la izquierda y con bastante quietud, eso hay que
anotarlo; pero a lo bueno
siguió lo malo, y esto fue:
un pinchazo entrando desde de lejos, como si aquel
bichejo impusiera, repitiendo con media estocada
delantera y atravesada y una entera, asomando la
punta del estoque por un
brazuelo. El toro dobló y
se impuso el silencio. Al
público le dolía ver la decadencia del ídolo; pero
cuando ya lo olvidó todo,
fue al ver rodar al quinto
de la tarde.
Gallito chico principió
con la flámula bien, pero
le sucedió pronto lo que
al pescado fuera del agua:
que se descompuso y entró Braulio en funciones.
Entró siete veces a matar a este mico sin pitones, saliendo siempre por
la cara y de lo más feamente, resultando todo
pinchazos sumamente delanteros, y tanto, que en los dos últimos más pareció quería descabellar.
Mal, pero muy mal, Fernando, y eso que prometías más, pero mucho más que tu hermanito Rafael.
Y si esto ha sido hoy. Dios nos encuentre confesados en la del día 29, en la que tendrán de todo los toros, de mansos y de pitones.
Crespito, ya lo digo en el introito, se encontraba convaleciente de la cornada que últimamente le dieron
en esta capital los mansos de D. Rafael Surga, hasta el extremo de que el día anterior abandonó el Hospital.
En su primero principió con la derecha y por alto, y después de algunos telonazos pinchó una vez, repitiendo con media estocada, que despidió, y
un pinchazo sin soltar,
descabellando al tercer
envite.
El muchacho anduvo rabiosillo toda la
tarde en vista de la
apatía del público hacia él; pero en el último de la corrida, cuya
muerte brindó a los del
sol, principió con un
pase ayudado, acabado
rodilla en tierra, y siguió una brega lucida
y aplomada.
Entró á matar superiormente y dejó media estocada buena de
verdad, cargando con
él il pópulo bárbaro a
renglón seguido. En quites estuvo bien y queriendo lo que se ganó en el último toro.
En el quinto toro tomaron los garapullos los espadas, y he aquí lo que hicieron de ellos y con ellos:
Crespito, que salió por delante, dejó un par al cuarteo desigual.
Gallito chico uno muy bueno al cuarteo, desprendiéndose un palo.
Bienvenida se obstinó hasta la exageración en que el morucho se le arrancara para cambiarle, la cual
faena resultó la mar de elegante.
El torete era de los que se quedan y tardeaba, y eso lo debió conocer Bienvenida en la suerte de varas.
Por fin se le arrancó el toro y se le quedó cuando no había salida posible, por lo que señaló el cambio por la
derecha e izquierda, clavando a la fuerza un solo palo.