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miércoles, 17 de julio de 2019

JOSELITO EN LA INTIMIDAD

'Toros y Toreros' publica en su número 77 de 21 de agosto de 1.917 la siguiente entrevista a Joselito  firmada por Luis Uriarte en  la sección 'Los toreros en la intimidad'. Las fotos son de Rodero:



El arquitecto Espelius, Gallito y Luis Uriarte.
En la plaza de Oriente, no es en el palacio real precisamente donde habita el rey de los lidiadores, el niño prodigio, esta verdadera maravilla del toreo, pasmo de los tiempos y anales tauromáquicos presentes, fiel contraste de los pasados y ejemplo de los venideros. A todo un señor que ostenta la pomposa y altisonante dignidad de  Papa-Rey en los taurios nacionales, ¿qué menos soberbia mansión que un palacio más grandioso que el Vaticano y el monasterio de El Escorial juntos? Siquiera, siquiera, ¡voto á tal!, una casa lujosa, aunque fuese de vecindad... Pero entonces ya no se diferenciaría Joselito el Gallo, en cuanto á su idiosincrasia económica, de aquellos otros lidiadores cuya rumbosidad causa el asombro y aun la envidia de los menguados de espíritu...

Tuve que hacer antesala, como es de rigor en casa de los reyes, así no sean más que reyezuelos de pobres dominios, a veces imaginarios... Joselito, desgreñada la cabeza y ataviado el cuerpo con un modernista pijama, entró a rogarme que le dispensara unos minutos, mientras se vestía y arreglaba un poco... Me dispuse a no impacientarme ¿No habéis tenido que esperar alguna vez a que se vista una señorita o un torero? ¡Líbreos el destino de tal desesperación! No parece sino que cuentan las horas por minutos...

La estancia en que se consumía mi paciencia estaba modestamente amueblada: un par de butacas enfundadas, una mesita de centro, media docena de sillas de rejilla, pintadas con un verde indefinido y retocadas con purpurina descolorida, unos cuadritos en las paredes, una alfombra raída, que no debió de ser nueva ni cuando la fabricaron, y, como única muestra suntuaria, un piano antiguo a las claras y a las oscuras, en el cual comencé a tecletear perezosamente, para matar el tiempo, las notas
de un tango argentino.

Al cabo de un rato, menor de lo que yo barruntaba, Joselito se presentó luciendo un traje de última moda, la cresta bien atusada y una flamante camisa cordobesa, con chorreras caladas y recamadas y fastuosa botonadura... En sus labios gruesos y oblicuos, que se entreabrían a impulsos de una sonrisa natural, una frase amabilísima y aduladora me dejó un tanto sorprendido y casi hasta confuso, porque... Vamos; que no esperaba, lo confieso francamente, acogida tan afectuosa de quien ha llegado a tener cierta fama, al parecer exagerada, ya que no inmerecida', de orgulloso, de antipático, de engreído...

Como si lo hubiera leído en la expresión de mis ojos, fue lo primero de que me habló:

— Usté creia también que á mi no ze mé podía tratar, que yo era un antipático terrible, ¿erdá? Pues ya ve usté que no. ¡No, no y no, ca! Y le agradeceré muchísimo que lo diga, porque tengo gran interé en que ze deshaga eza leyenda de que zi yo zoy azi ó de la otra manera... Ezo me perjudica, y no eztá bien que ze paguen culpa que no ze tienen. Ve uno tanta cara, que a veces, zin darno cuenta... ¡Y bueno eztá ya! ¿De qué quiere usté que hablemo. Pero que no zea toros; porque ya, me han hecho muchízma coza ..

—Hombre... alguna cosilla...
— ¡Bueeeno! ..

—Dígame: ¿es cierto que usted opina en contra del tercio de banderillas?

—Verá usté: yo banderilleo mucho porque les gusta á los públicos y me gusta a mí; pero es poco práctico, y perjudicial para los matadores, porque los toros ze echan
mucho á perder.

— Y . . . ¿por qué no ejecuta usted la suerte de recibir?

Sonriéndose me contestó:

— Eso es mu aventurado... Y mu difícil, sobretodo ahora que tanto ze mira la colocación de la espá...

Hizo un gesto como para seguir hablando; pero no llegó á pronunciar una palabra. Discretamente, le dirigí  otra pregunta para cambiar de tema.

—¿Qué público prefiere usted? 

—En Sevilla es donde más me gusta torear; pero el público de Madri es el más entendido y zabe aplaudir lo que tiene mérito.

—¿Cuándo piensa usted retirarse?

—¿Ya quiere usté que me retire? ¡Quién piensa en ezo todavía! ...

— Pues ya tendrá usted dinero para vivir holgadamente.

—No tanto como se. cree la gente. Yo tendré ahorrado unos cinco míllones de reale. Además, ¿y la afición? No solo torea uno por dinero...

—Fuera del toreo, ¿qué otras aficiones tiene usted?

—Lo que más me gusta es acosar en el campo.

—Quedamos callados unos minutos: él, esperando mis preguntas; yo, mirándole algo extrañado, áa la despejada frente, en la que se clarea el cabello bastante, inequívoca señal de una calvicie, prematura...

—¿Y de amores, Joselito?

Se sonrió»; Estrujó un periódico, haciendo una pelota de papel... Se me antoja que hasta se ruborizó... ¡Como un enamorado!

— ¿Y la Lulú?

-Eso ya se acabó—replicó rápidamente.

 —¿Qué fue lo que pasó con Parladé? Dijeron que hasta hubo tiros... 

- Se ha fantaseado mucho... No hablemos de ello.

- Bueno, eso ya pasó. ¿Y ahora?

Joselito volvió a sonreírse y a estrujar la pelota de papel, y otra vez se me antoja que a ruborizarse...

—Ahora...

Se calló, como sí no se atreviese á mentir por no decir la verdad.

— Ahora, ¿qué?..,

— Sí; ahora me trae mu preocupao una de Madri.

— iHola! ¿Es rubia o morena? ¿Artista o no?

—Ezo ya no lo puedo decir, porque os enteraríais ustedes en seguida de quién es ella, y no está bien que yo lo diga. Bastante hago con decirle que me trae mu preocupao...

Así debía de ser, en efecto, a juzgar por la creciente nerviosidad del torero, cuyas manos iban y venían sin saber dónde detenerse ni con qué enredar... Insistí, para ver de sonsacarle algo más:

— Y madrileña, ¿eh?

Respondiéndome de un modo evasivo, me dio a entender que serían inútiles mis esfuerzos para enterarme de lo que realmente no me importaba:

—No lo zé... Ella está en Madrí... .

Y el rey del toreo, bajando la vista como un chiquillo avergonzado delante de gente desconocida, se acariciaba el cabello que ya clarea en su despejada frente...
Para mí que Joselito está más que mu preocupao: está mu enamorao.

Después de todo, ¿qué tiene de particular? ¡Señor mío, si está en la edad!

miércoles, 28 de enero de 2015

LUIS URIARTE ENJUICIA A JOSELITO

Portada de la obra.
Siguiendo con ‘Figurones taurómacos’ y la opinión de Luis Uriarte sobre los toreros de 1.917, este es el juicio que hace, medio en broma, medio en serio, de Joselito.


EN BROMA

José Miguel Isidro del Sagrado Corazón de Jesús Gómez y Ortega nació... «donde» el señor Manuel Domínguez, en Gelves. ¡Y que el niño no se vanagloria de la coincidencia!

Es pariente de infinidad de coletudos. Hasta su abuela «le habló» tres años a José Redondo, de modo que casi casi... ¡nieto del Chiclanero!

Apenas sabía tenerse de pie y ya era el pasmo de los chavalillos de la Alameda de Hércules y sus alrededores. Los días que no tenía ganas de ir a la escuela, que debían de ser los más, hacía novillos, dedicándose a jugar al toro, a cuyo arte rendía mayor admiración y era más aficionado que a las engorrosas cuentas y a la enrevesada y árida gramática. De aquella época datan sus ínfulas de sabidillo y mandarín. ¡Como que allá no había más gallito que él!

Tamaña inclinación siente hacia todo lo que pueda trascender a cuernos, que se pirra por las mujeres, siquiera sea por aquello de que fabrican y fabricarán eternamente cornudos. ¡Flaquezas que tienen los hombres!

Aunque por razones de abolengo se deja entender que debe apodarse Gallito, o, si se quiere, Joselito el Gallo, se le han aplicado los sobrenombres de Maravilla, Sabio, Emperador, Magno, etcétera, etc.; pero ninguno cuajó tanto como el pomposo y altisonante de Papa Rey, símbolo representativo de la dignidad que ostenta en los taurios nacionales.

La solemne ceremonia de la consagración se celebró allá por los primeros días del mes de Julio de 1914. Cuentan las crónicas de la ocasión de marras, la más alta que vieron los siglos, que al ser ungido Joselito, con óleo procedente de los olivares del dios Tauro, las cenizas de San Pedro, San Lino y San Anacleto se extremecieron en sus tumbas, y los huesos de Montes, Cayetano y Lagartijo se estrecharon en sus féretros... ¡Lo dijo Don Modesto, y punto redondo!

Bien pudo asimismo acordarse de Santa Coleta, la célebre y austera monja clarisa, y de San Lucas  el famoso evangelista... ¿Qué habrán dicho ellos, taurómacos de pura cepa, al verse injustamente omitidos en aquellas invenciones galanas hiperbólicas y traviesas?

EN SERIO

Así como Machaquito era un caso clínico de vergüenza torera, Joselito lo es de precocidad tauromáquica. Esta «rara avis» hoy es el torero-cumbre; representa un período interesantísimo, de cuyo parangón con el transcurrido mientras actuó Guerrita, colegimos que la historia gusta de repetir sus anales.

Caricatura de Joselito que encabeza
el juicio.
Cuando Guerrita llegó a la cúspide altísima y gloriosa del toreo, esa cima inaccesible para los menguados de ánimo y desmedrados de aptitudes, adonde sólo abordan, y muy de tarde en tarde, los elegidos; cuando asentó firmemente su planta en los más audaces picachos, hollando crestas vírgenes hasta entonces de pisaduras; cuando fué despeñando uno tras otro a los temerarios que pretendieron, con osadía rayana en desatinada locura, llegar a él y suplantarle; cuando, en fin, ya nadie le disputaba el derecho a tener su morada entre nidos de águilas, cerca del cielo, el pueblo, el populacho imbécil que le había prestado alientos con atronadores aplausos, se amotinó contra el ídolo, que tan encumbrado se hallaba, y a pedradas le hubiera precipitado en el abismo si el artista, barruntando el inminente peligro, no se hubiera retirado muy a tiempo.

Todo, todo vuelve: también se han tramado en la sombra conjuraciones contra Gallito, y ya se han percibido algunos gritos de odio, que concitan al motín y ya empezaron a subir los rebeldes, con intenciones dañinas, felonas y alevosas, por la escarpada senda que conduce a la soberbia mansión del excelso artista, y las primeras piedras han rebotado cerca de sus pies...

Como torero. Gallito es acaso el más largo de cuantos en el mundo han sido; y si perfeccionare su estilo de matar, sería también el más completo. Con la capa y con la muleta, domina increíblemente a toda clase de toros; es portentoso banderillero, sin rival ni en los tiempos pasados ni en los presentes; y estoqueador... muy deficiente las más de las veces, aunque algunas haya demostrado que conoce a la perfección las diferentes suertes de matar. Pero... ¡le da una guerra la manita!

Una contra muy grande lleva: no sabe ganar amigos, sino espantarlos...

domingo, 25 de enero de 2015

RAFAEL EN LA OPINIÓN DE LUIS URIARTE

El autor en una imagen del libro.
‘Figurones taurómacos’ es el libro que firmó el escritor Luis Uriarte en abril de 1.917. En él da su opinión, en broma y en serio, sobre los 27 diestros más destacados del momento. Y no podía faltar Rafael El Gallo, claro está...


EN BROMA

Ningún torero se presta como el Gallo a ser caricaturado pintorescamente; sin embargo, los puntos de mi estilogràfica reculan con temerosa indecisión, pues no aciertan a discernir entre la cuchuñeta y la seriedad. Lo que resulta jocoso en otros, en Rafael es melancolía, sentimentalismo, tristeza: es humanidad; lo grave, lo sentado, lo formal de Rafael, todo puede ser tomado a chacota.

Don Pío nos contó hace tiempo, en un libro admirable, que había simpatizado con el Gallo porque dice «dir», en lugar de ir, y no usa tirilla ni corbata; y Tomás Borrás, en una crónica no menos admirable, nos habló del meridionalismo y del pintoresquismo del torero gitano, de su decantado valor o miedo, según los auspicios, y de que aún gasta camisa con chorreras y no ahorra dinero, ni ciencia, ni salud.

Rafael nació torero: su ciencia y su arte son dones infusos. A los cuatro años, alternando con chavales de condición semejante a la suya, toreaba ya en las importantísimas plazas del Matute, Antón Martín, Santa Ana y otras, empecatadamente aliñado con un chaleco de luces de su padre, quien más de una vez babeó de satisfacción al contemplarle de tal guisa y apostura
.
Es el mejor y el peor. ¡El divino calvo y el calvo de la espantá! Como él mismo dice, si el toro embiste bien, güeno; y si no... Eso de las espantás es mieo, pajolero mieo...
No entiende casi nada de nada que no sea cuestión de toros; pero en esta materia no hay quien le dé un picotazo en la cresta. Es también aficionado a los caballos, a los gallos y a la caza y apasionado en grado sumo del tabaco. 

Ha sido factor activo en varias aventurillas amorosas, y al fin se gastó a sí mismo la pesada broma de casarse. ¿Quién no conoce los sainetescos amores o amoríos del Gallo con Pastora, la castiza y gentil bailarina?

¡Ahí De la media docena de cicatrices anotadas en su boletín sanitario, dos fueron causadas por arma blanca, no por asta de toro: en cierta ocasión, al ser cogido y volteado, se atravesó un muslo con el estoque; y en otra, al dar una espantada, se pinchó en el cogote, y menos mal que la cosa no pasó de un intento de descabello...
Rafael caricaturizado en la obra.

EN SERIO

Rafael Gómez es el torero artista por excelencia: su toreo es la estética de la tauromaquia. Ejecuta con reposo, con desgaire, mostrando su prestancia; es elegante y grácil en el movimiento, plástico y armonioso en la línea; clásico y fastuoso en el estilo; y atrevido en la innovación. Lleva en sí la garbosa chulería de los madroños, la molicie lánguida y desidiosa del desierto y la gallardía y altivez del Guadalquivir.

Para explicar sus desigualdades, se le ha tildado de supersticioso, acaso infundadamente. Verdad que algunas pintas de toros las tiene atascadas entre ceja y ceja; pero no porque crea en agüeros y supercherías, sino porque conoce los diversos pelos de las ganaderías y sabe qué toros suelen resultar buenos y cuáles malos.

Se deja dominar fácilmente por el miedo, habiéndose dado el caso, allá cuando yacía postergado y carcomido por la usura, de que se haya negado a matar un toro después de habérselo brindado a todo un señor capitán general. Por aquel acto ingresó en la cárcel, adonde fueron a contratarle dos empresarios, que a poco le hacen más duradera compañía por disputarselo casi a puñetazos.

Rafael es prudente, modesto, afable, algo frío, un tanto melancólico, tan compasivo que peca de manirroto y más amigo de charlar de toros con uno de su- cuadrilla que de ridículas exhibiciones.

Su temperamento ha sido forjado en la fragua del infortunio; su corazón cursó en la escuela de la desgracia: es un escéptico.

Vióse casi solo en los días de necesidad, y alcanzó a comprender cuán poco da de sí la amistad de los hombres, la cual equiparó luego al amor de las mujeres.

Hoy deslumbra el brillo de los alamares de su casaquilla; pero él no echa en olvido los tiempos en que tenía los trajes de luces empañados por el orín y el espíritu ribeteado de tedio.

Como canta la copla,

«Para aprender á vivir
no hay nada como morir...
y resucitar después.»