dimecres, 17 de gener de 2018

CAPOTES DE PASEO DE JOSELITO EN LORCA (I)

El pasado año, entre el 29 de septiembre y el 5 de noviembre, se celebró en el Museo Azul de la Semana Santa de Lorca la exposición 'De seda y oro, plata, óleo o azabache... capotes con historia', comisariada por la Dra. María Verónica de Haro de San Mateo.

Con tal motivo se editó un magnífico catálogo, cuyos datos figuran más adelante, del que entresacamos este trabajo firmado por María Verónica de Haro y referido a un capote de paseo bordado para José en Lorca.

De Haro de San Mateo, María Verónica
(Coord.): *De seda y oro, plata, óleo o azabache... capotes con historia*,
Fundación Paso Azul, Lorca: 2017. D.L. MU-1117-2017


Bordado en Lorca para el rey de los toreros

Año de confección: 1917
Diseñador: Emilio Felices
Composición: Seda color marrón “tabaco” bordada en sedas de colores
Perteneció a: José Gómez Ortega “Gallito”
Propiedad de: Patrocinio Pedrajas Sánchez
Excelente obra de arte lorquina.

Lorca. Invierno de 1917. Un revoloteo de manos que contonean agujas enhebradas de coloreados hilos de seda se afana en trasladar al elegante raso color “tabaco” las indicaciones del director artístico del taller de bordados del Paso Blanco. Puntada a puntada, Ángela Morales Cánovas y Encarnación Iglesias García de Alcaraz se esmeran en la técnica del novedoso punto corto para lograr el matiz de las gradaciones tonales del boceto diseñado por Emilio Felices.

El trabajo es muy distinto a los acostumbrados. Se borda un capote de paseo para el célebre José Gómez Ortega, Joselito. El diseño es realmente espectacular. No puede ser de otra forma tratándose de un regalo para Gallito, niño prodigio del toreo, príncipe de la gloriosa dinastía de los Gallo, primer espada capaz de superar el centenar de corridas de toros por temporada… aquel por el que estrenaría luto y lágrimas de verdad la Macarena… La efigie del matador protagoniza el medallón de la original esclavina, presentada como un delicado abanico de varillas caladas de marfil. El retrato en seda desprende extraordinario realismo. Es tan fiel como las cromolitografías del torero publicadas las revistas taurinas de la época.

Majestuosos galones bordados cual blonda en el vuelo del capote – recuerdo de columnatas de mármol del patio de la casa familiar en la Alameda de Hércules – enmarcan motivos florales que sirven de flanco a la escena principal. A la izquierda: un personaje a caballo ronda a una moza asomada a un balcón de geranios. Primoroso el enjaezado bordado de la montura. A la derecha: un guiño al lidiador más completo y virtuoso, que se adorna colocando un par de banderillas a un burel castaño. De testigo, una fachada singular: La Monumental inspirada por Joselito – en construcción por aquellos días en la sevillana calle Monte Rey – que sería inaugurada por el matador en 1918. En el centro: capa, madroños y bodegón de motivos flamencos (guitarra, peineta, abanico y pandereta) embellecen el galón principal, en homenaje a la Señá Gabriela, reina gitana, bailaora fetén y madre amantísima del torero.

Próximas al bastidor donde el capote va adquiriendo toda su prestancia, algunas damas blancas dan vida al frondoso jardín de rosas, margaritas, pensamientos y azucenas del Estandarte de la Oración en el Huerto. A ratos, esas gráciles manos orlan el capricho de flores del paño de Gallito, que se concluye festoneando una guarnición de cintas con los colores de la bandera española. Terminado el capote… ¡que suene pues el clarín!

Sevilla. Primavera de 1917. La empresa de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería ha hecho proposiciones a Joselito para incluirle en el cartel de feria en vista de que, a causa del hundimiento de la Plaza Monumental, queda el famoso espada libre del compromiso que tenía contraído con Echevarría respecto de Sevilla. Gallito se ha mostrado dispuesto y en una segunda conferencia se resolverá si actuará o no en las próximas corridas. Al tiempo, los maestrantes “se regocijan con la esperanza de poder ver torear juntos a los dos fenómenos[1]. Diversas circunstancias impiden, finalmente, que el nombre del menor de los Gallos se anuncie en el serial, pero se acuerda otra fecha para contentar a la afición en beneficio de la Cruz Roja. Joselito vestirá de luces ese día.

Accediendo el ruego de su Presidente, el Monarca ha decidido prolongar su estancia “con objeto de asistir a la corrida que organiza la benéfica institución”[2]. La función ha despertado tal interés, “que entre las enormes colas que se han formado en los despachos de reventa de billetes se han registrado varias broncas por la obtención de localidades, las cuales se están vendiendo con un enorme sobreprecio”[3]. Los revendedores clandestinos solicitan veinticinco pesetas por las entradas de sombra y diez por las de sol. La comparecencia de El Gallo, Gallito y Belmonte – ausentes de la recién concluida Feria de Abril – ha originado una formidable expectación.  

La ciudad despierta perfumada de azahar el 27 de abril. Los maestrantes han cedido a la Comisión organizadora gallardetes, trofeos y banderas para el adorno de la plaza, que luce más coqueta que de costumbre. Mantillas y mantones de Manila confieren especial realce al conjunto. El lleno es imponente y la animación indescriptible. En toriles aguardan “Carrón”, “Coriano”, “Codicioso”, “Manchonero”, “Choricero”, “Curioso” y “Gaditano”, todos de Saltillo[4]. Los matadores y sus cuadrillas apuran los últimos minutos en el patio. El Teniente de Alcalde Sr. Bandera – asesorado por Joaquín Hernández Castro Parrao – ocupa la presidencia, y al llegar al palco regio Alfonso XIII, acompañado de los Infantes Doña Luisa y Don Carlos, es ovacionado largamente. El Gallo, de azul y plomo; Gallito, de verde y oro y Belmonte, de grosella y oro – todos ellos con crespones negros de luto por Ballesteros[5] – asoman por la puerta de cuadrillas para trenzar el paseíllo. ¡Suerte!

Al día siguiente, las crónicas de los periódicos contaban que Rafael y Juan no estuvieron airosos a causa de la mansedumbre de los toros, a pesar de lo cual Joselito “veroniqueó magistralmente de capa”[6] al segundo y “pareó en fuerza de sabiduría” [7] al quinto. Pero aquella fecha de la que se cumplen cien años y  que, ciertamente, no pasó a los anales del toreo, resultará emotiva para mis paisanos. Aunque no lo recogieran los cronistas de entonces, esa tarde de primavera se estrenó en la Maestranza este espléndido capote bordado en Lorca para el rey de los toreros.

María Verónica de Haro de San Mateo




[1] El Imparcial, 3/4/1917, p.2
[2] La Época, 25/4/1917, p.2.
[3] El Correo Español, 25/4/1917, p.4.
[4] La Correspondencia de España, 28/4/1917, p.3.
[5] La Acción, 27/4/1917, p.5.
[6] La Mañana, 28/4/1917, p.11.
[7] La Nación, 28/4/1917, p.8

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