diumenge, 8 d’abril de 2018

MIEDO A LOS MIURAS

Javier Vellón
Joselito.


Con este título encabezaba su crónica 'Sinsabores' en el número 31 de Toros y Toreros, del 3 de octubre de 1916. Relata la polémica en Barcelona con la corrida de Miura y la caída del cartel de las principales figuras, entre ellas Joselito.

Risible es en diestros de segundo y tercer orden la manifestación, que no ocultan, de un terror sin ejemplo ante el flamear de la divisa verde, encarnada y negra de Miura. Victimas de sugestiones necias y creyendo en leyendas de tragedia y sangre, ni disimulan el miedo ni atienden á razones, y aunque pudieran hallar explicación de cogidas múltiples en el número exorbitante de reses que de esa célebre vacada se lidian y aunque los percances frecuentes saben ellos de sobra que obedecen al exceso de pánico ó á los prejuicios con que el torero sale á la arena, no hay forma humana de convencer á los que aspiran á estrellas de que los toros de Miura son iguales, por no decir mejores, que todos los de las demás ganaderías.

Pastor.
Pero si ese miedo en tales diestros es risible, en los de verdadero cartel y de gran fama es vergonzoso é indignante, y frente á un caso estamos que clama al cielo y en que el fantasma grotesco que el miedo creara ha sobrecogido dos corazones que siempre tuvimos por animosos y fuertes, derribando de sus pedestales á Vicente Pastor y á Gallito. Sí, señores aficionados «El León de Castilla» y el «Miguel Angel» del toreo, han temblado como hoja en el árbol ante la divisa de la casa miureña; y ni Joselito, que tanto debe á D. Eduardo, ni Pastor, que tanto debe al público, han querido en las postrimerías de la temporada luchar con reses ante las que hay que arriesgar y sudar de firme, pues la nerviosidad característica en el exceso de bravura de dichos toros, exige esfuerzos honrados para quedar bien y ganar dignamente las pesetas.

¿Queréis saber la edificante historia de este derrumbamiento desdichadísimo para los dos ídolos?

Pues, ello fué que en Marzo del corriente año ya se anunció que en la Plaza de Las Arenas, de Barcelona, torearían el 24 de Septiembre ocho toros de Miura ó Pablo Romero, los diestros Pastor, Gaona, Gallito y Belmente, y la nota de dicha corrida, juntamente con otras muchas, fué facilitada á TOROS Y TOREROS (I) por el director espiritual en Madrid de Joselito. Nos referimos al Sr. Menchero.

Gaona.
Este cartel alborotó á la afición barcelonesa, y más cuando, transcurrido algún tiempo, se puntualizó por la Empresa de Las Arenas que serían de Miura los ocho bichos.

«¡Miel sobre hojuelas!», se dijeron en Barcelona los que gustan de ver en todo su esplendor la fiesta nacional, ya que con los cuatro mejores toreros y ocho toros de la mejor casta se les brindaban esplendorosos acontecimientos. Pero... ¿cómo no iba á aparecer en combinación tan fastuosa el odioso y consabido «tio Paco» con sus rebajas?  

Fué primeramente la cogida que Belmente sufrió en La Linéa lo que comenzó á descomponer el cuadro. Menos mal que, hábil la Empresa, puso de substituto del trianero á ese animoso y singular torero mexicano, todo valor y todo arrestos, «inmortal» en los circos, puesto que en Valencia no murió después de una de las cogidasmás tremendas que ha sufrido diestro alguno. Silveti, que de él hablamos, tiene gran cartel en la Ciudad Condal, y con su buen nombre, los miuras y los otros tres «ases», proseguían el atractivo del cartel y el entusiasmo de los aficionados.

Se aproximaba la fecha de la corrida, y la expectación iba en aumento. Don Eduardo, según se vió después, había encerrado reses de treinta arrobas de peso, pues quería despedirse dignamente esta temporada del público barcelonés. Todo era júbilo y esperanzas risueñas, cuando... ¡ay!, saltó y vino Gallito, acometido de miedo cerval y exigiendo que fuesen de otra ganadería los toros.

No se le pudo complacer por estar ya la corrida miureña encajonada y no obstante los buenos servicios que un señor, conocido por Juanillón (representante de la Empresa de Las Arenas en Sevilla), quiso prestar á Joselito, por gratitud á éste, puesto que le debe el puesto, y con Maravilla se entiende maravillosamente en todo lo que no se ve desde el tendido.

Silveti.
—¡Po no atoreo, el... ¿Míuras á mí?... ¡Pa er nunsio!-exclamó Joselito. Y hubo, que eliminarle y volvió el cartel á cojear, ínterin el menor de los Gómez Ortega promovía un sin fin de bastas (con b) combinaciones en Valladolid y aquí para no dejar vivir á los pacientes empresarios.

Se aliñó, pues, el cartel, con Vicente, Gaona y Silveti, y seis de Miura, y el buen público de la capital de Cataluña le dijo mentalmente lo suyo á Joselito y aceptó el programa.

¿Debía ocurrir algo más? Sí, señores. Debía ocurrir, y ocurrió que Vicente Pastor se puso enfermo el día antes de la corrida y á la Empresa telegrafió anunciando «que no podia ir», cuarenta minutos antes de la salida del último tren para Barcelona con lo que no dio tiempo ni hueco para buscarle substitución adecuada. ¡Este rasgo de seriedad de Pastor es definitivo!

La corrida, á pesar de todo, se celebró, actuándo los dos mexicanos y dando Rodolfo la nota de arte y Silveti la de valor emocionante. Ambos escucharon ovaciones sin cuento, y el público, que había llenado la plaza hasta la última cornisa, les elogia por esta lección de pundonor y de vergüenza torera que les han dado á los otros.

¡A cada cual lo suyo, y no nos duelen prendas! Rodolfo merece ahora ua caluroso aplauso y con justicia se lo tributamos, como asimismo al valeroso Juan Silveti.

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