diumenge, 29 de juliol de 2018

RAFAEL Y ALEJANDRO LERROUX


El 3 de mayo de 1934 reapareció Rafael en Madrid. Al día siguiente, Gregorio Corrochano, en las páginas de ABC, le dedicaba la siguiente crónica, en la que relacionaba al diestro con el político Alejandro Lerroux, presente en la plaza.


LOS TUFOS DE RAFAEL Y LOS DE DON ALEJANDRO

Alejandro Lerroux
 A mi juicio, es un error traer a Rafael "el Gallo" al abono de Madrid. Porque el abono de Madrid es una dura prueba de toreros. Y más este año, donde las circunstancias han hecho que haya pocos toros para elegir. Claro que me refiero a un error artístico; de ninguna manera a error  financiero. Como empresario, el acierto fue total. Se llenó la plaza. Y un vendedor de billetes, amigo mío, me dijo que habían ido en busca de localidades personas que hace  muchos años que no iban a los toros. Y todo por ver a Rafael. Así, por ver a Rafael; porque como no van a ir a verle al hotel o al café, pues se dijo la gente: ''lo mejor es ir a la plaza y allí le vemos." La prueba de que fueron a verle es el recibimiento que le hicieron, que obligó a Rafael a quitarse la  montera  en el paseo, y salir luego destocado hasta los medios. La gente quería eso: verle. Su toreo era después algo que estaba al margen.

 ¿Que se dejó el primer toro vivo? Nadie dijo nada. Porque nadie iba a verle matar el toro. Claro que si lo mata, mejor, por satisfacción de él. Pero no lo mató. Pues qué se le va a hacer. El segundo lo mató, como pudo no haberle matado tampoco. No había en ello especial interés. Lo peor es que Rafael se puso triste. Sin duda, las corridas de Sevilla y Barcelona, le habían hecho concebir ilusiones. Y una ilusión, pasados los cincuenta años, da ánimos para seguir viviendo. Pero esta ilusión muerta al nacer debe ser algo, como el dolor del abuelo que se le muere el nieto. Ese nietecito  que le enredó la muestra de pelo que le queda cerca de las orejas, que fueron tufos toreros en los años mozos. Ese nietecito que le ha hecho vestirse de torero, con el cuerpo ya un poco ancho por el lado de la faja, que ayer no se puso sin duda porque no se la podía ceñir. Y ese nietecito, esa ilusión que le nació en Sevilla y se lo llevó muy contento a Barcelona y  trajo a Madrid, se le ha muerto en Madrid; el primer día que ha hecho de primavera. Y Rafael se entristeció y nos entristecimos todos.Lo de menos es que matara o no matara el toro, que su larga no fuera su larga, que su cuerpo no estuviera estrangulado por aquella faja. La prueba es que nadie selo tuvo en cuenta. Y hasta el presidente se le disculpó con un gesto, como diciendo: "Querido Rafael, no es culpa mía. Es culpa del tiempo." Oue a Rafael le echen un toro al corral, no tiene una gran importancia. Lo que tiene, importancia es que él no ha estado a gusto.  Que ha sufrido una desilusión. Y que quizás esto se hubiera evitado no trayéndolo a Madrid, que es un clima duro, para ilusiones tardías. […]

Don Alejandro Lerroux, que también fue a ver al Gallo, recibió el homenaje del público, que le aplaudió fuertemente. Por cierto que entre los tufos alborotados de Rafael y los de Don Alejandro encontramos cierto parecido. No queremos con esto decir que D. Alejandro se haya dejado también un toro vivo. Hacemos esta aclaración para los maliciosos.

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