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domingo, 9 de octubre de 2022

RAFAEL Y EL PAPA NEGRO

Rafael y el 'Papa negro'


Rafael fue testigo excepcional en la tarde en la que el crítico de El Liberal José de la Loma, don Modesto, bautizó con el nombre de ‘Papa negro’ a Manuel Mejías ‘Bienvenida’, nombre con el que en la terminología eclesiástica se denomina al general de los jesuitas. El mencionado crítico había reservado el apelativo de ‘Papa’ para Ricardo Torres ‘Bombita’

El festejo se celebró en la plaza de Madrid el 29 de mayo de 1910. En él participaron los rejoneadores portugueses Manuel y José Casimiro, y en la lidia a pie, además de Rafael y Manuel Mejías ‘Bienvenida’, hizo el paseíllo ‘Machaquito’.

Este el comentario publicado en El Toreo sobre la actuación de Rafael:

Gallito no estuvo tan afortunado como en tardes anteriores, Al segundo toro lo pasó ayudado de los peones y lo tumbó de una estocada delantera, arrancando. Y el quinto, que lo toreó desde cerca, pero sin aguantarlo en la muleta, lo echó á rodar de una estocada alta, pero tendida. 

Banderilleando al segundo toro, fue



muy aplaudido. 


miércoles, 10 de octubre de 2018

'LA OREJA DE SEVILLA' POR DON MODESTO

El diario El Liberal publica el 2 de octubre de 1915 el siguiente artículo de Don Modesto en el que expresa su opinión sobre la oreja concedida a Joselito en La Maestranza días antes, primera aurícula que vio cortar la afición sevillana.
Mundo Gráfico recogió instantes de la faena.



Joselito, ese enorme torero de los veinte años, que en la temporada próxima a concluir ha hecho lo que jamás hizo torero alguno, acaba de conseguir el mayor galardón a que puede aspirar un lidiador de reses bravas. En la corrida del jueves, que estoqueó seis toros de Santa Coloma, consiguió la oreja del quinto por unánime aclamación da la muchedumbre.

En Sevilla no se daban orejas. Los sevillanos tenían a gala el que en aquel ruedo nadie se había hecho acreedor a tan codiciada prenda, porque había de ser a una faena extraordinaria, enorme, casi sobrenatural la que rompiera el hielo, y esta faena nadie, ni Lagartijo, ni Frascuelo, ni Fuentes, ni Mazzantini. ni Guerrita, ni los Bombas, ni los Gallos, ni el Espartero, ni Belmonte, nadie, en fin, había logrado realizarla.

Cuando en Madrid se concedió la primera oreja a Vicente Pastor, los sevillanos acrecentaron su intransigencia, mostrándose irreductibles.

—-En Madrid, sí ; pero en Sevilla, nada - dijeron.

Y en aquella Plaza nadie se tomaba la molestia de pedir la oreja para ningún diestro, pues sabía que eran tiempo y saliva perdidos.

Gaona, no hace muchos años, mató un toro en Sevilla de una manera asombrosa. Rafael Gallo hizo en aquel ruedo faenas realmente estupendas. Belmonte este mismo año, en la feria de Abril, estoqueó un toro grande de Miura admirablemente. Ni para Gaona, ni para Gallo, ni para Belmonte, vio nadie demandar la concesión de la oreja del difunto cornúpeto.

—En Madrid se dan orejas a granel— decían loa sevillanos.—Aquí, ni una. ¡ Nosotros, somos nosotros!

Pero llega Joselito, ese torero que 11eva dentro dos o tres Guerritas empalmados, como tuvo el honor de decir no hace mucho tiempo esto modesto cronista taurino, y ante ese mozo de veinte, años ceden las férreas voluntades, los obstáculos tradicionales caen como castillo do naipes al soplo del viento, se ablandan los corazones de granito, las hoscas intransigencias se truecan en gelatinosas complacencias, y al clamoreo de millares de voces que rugen de entusiasmo, se corta en la Plaza de Sevilla la primera oreja para Joselito.

Hubo un momento, un solo momento, en que joselistas, gallistas v belmontistas se fundieron en un alarido de alegría. El presidente vaciló unos instantes; pero la petición era unánime y agitó el pañuelo blanco rompiendo la tradición que tanto enorgullecía a la afición sevillana. Se cortó el apéndice, que fue entregado al lidiador más grande que han visto los nacidos.

Pasados los primeros entusiasmos la meditación hizo su camino, v dos horas después comenzaron a formarse densos nubarrones de protesta, que aún no han descargado pero que descargarán  seguramente. De la oreja de Joselito en Sevilla se va a hablar más, mucho más, que del impuesto de inquilinato y tanto como de la guerra europea.

Que si los toros eran chicos, que si solo pesaron veinte arrobas, que- si el quinto fue un bizcocho de soletilla, que si la faena adoleció de éste o del otro defecto, de que si la estocada fue alta, baja, derecha ó torcida; de que si el presidente está tachado de. parcial por eu exagerado gallismo;
de que si hubo o no hubo... En fin, señores, un verdadero laberinto de razonamientos —más o menos razonables—que enmarañarán la cuestión hasta convertirla en verdadero solemne y reverendísimo ciempiés.

Yo no he visto la faena. Aún no he leído lo que de ella hayan podido decir el reputado «Don Criterio» y otros notables críticos de la Prensa sevillana, y, sin embargo, afirmo que me parece muy bien la concesión de la oreja.

Yo voy a suponer que la faena no ha sido tan grande como decían loa corresponsales telegráficos. Supongo también que Gallo, Belmonte, Gaona, Pastor, las han hecho de mayor mérito; pero ¿qué lidiador, más que Joselito, puede vanagloriarse de haber toreado, de triunfo, noventa corridas—y aún queda el rabo por desollar—en una temporada sin haber sufrido ni el más leve rasguño?  ¿Es que una tan enorme labor no significa nada en el haber de un torero?

Yo quiero creer que la afición sevillana ha otorgado a Joselito la primera oreja no por sus faenas del jueves, sino por sus faenas de la temporada. Un premio grande, extraordinario, fuera de abono, para la inmensa labor de un torero que a los veinte años ha hecho lo que no hizo nadie con muchos de toreo.

Y no importa que el toro de Santa Coloma pesara veinte o veintidós arrobas, ni que fuese un bizcocho, ni que la estocada estuviese en la cruz ó ligeramente desprendida.

El día anterior, oon toros de Miura, tuvo Joselito. en la misma plaza de Sevilla una tarde de primer orden.

Véase lo que dice Don Criterio respecto de ella: «Los toros no se prestaban a que se les pudiera sacar el trapo por el rabo en todos los pases, y para sacar el mayor partido posible se metió materialmente dentro de ellos, con una valentía verdaderamente extraordinaria y un dominio más extraordinario todavía, haciendo con ambos cornúpetos lo que le dio la real gana. Se arrodilló repetidas veces, cogió los pitones, se lió á bofetadas con e1 segundo y a los dos los convirtió en verdaderas babosas a fuerza de arrimarse y consentirlos, apoderándose de ellos en los primeros muletazos. Hubo en ambas faenas derroches de valentía, inteligencia y un completo dominio de la suerte. 

Más valentía, más conocimientos y más dominio, imposible. ¡Qué torero más grande y más largo! ¡Un asombro!".

No se arrepienta de lo hecho el público sevillano. Ha roto la tradición y bien rota está, pues a un lidiador de tan extraordinario mérito, solo se le podía premiar con algo extraordinario.

Y este algo ha sido la primera oreja en Sevilla.

¡A tal señor, tal honor!

domingo, 28 de diciembre de 2014

¡EL GRAN ARTISTA DEL TOREO!

Javier Vellón remite el siguiente texto para su publicación:


Don Modesto.
El de 15 de mayo de 1912 Rafael ‘El Gallo’ realizó en Madrid una de sus faenas históricas, una auténtica conmoción para la afición capitalina. Don Modesto, ferviente seguidor de ‘Bombita’, escribió la crónica de la corrida en El Liberal, con el título que encabeza este artículo, dedicada casi enteramente al diestro. El cartel lo completaron Ricardo Torres ‘Bombita’ y Vicente Pastor, con toros de Aleas.






Ni aun remontando la memoria a los gloriosos tiempos de Lagartijo y Fracuelo en aquellas tardes inolvidables donde el arte, la inteligencia y el valor reñían brillantísimos combates, encuentro una faena tan grande, tan buena, tan artista y tan torera como la que realizó ayer El Gallo con el toro de Aleas que cerró plaza.

Habría que recurrir a la ampliación del Diccionario de la Lengua, en el apartado de los adjetivos entusiásticos, para crear muchos nuevos si hubiéramos de describir con sus verdaderos colores una hazaña tan estupenda y emocionante. Y habría que comprar un recio roten para darle con palos en la cabeza a este asombroso artista del toreo.

Rafael.
¿Con que decía usted que un toro al corral? Por mí, aunque le echen seiscientos. Si me aseguraran que este hombre inexplicable iba a torear un toro como ayer en el mismísimo Indostán, haría el viaje a pie, sin dinero, pidiendo de comer de puerta en puerta.

¡Yo no creo que se repita una cosa así aunque viva cien años! Ni él, ni nadie. Cervantes escribiendo el Quijote, Velázquez pintando las Meninas, Alfonso X redactando las Partidas y el Gallo trasteando al sexto de la corrida celebrada en Madrid el 15 de mayo de 1912, son los monumentos críticos más grandes que registra la historia en sus fastos gloriosos ¿He dicho algo?

Y no vengan después los catacaldos y cuentagotas con que si el toro era un dechado de nobleza y de bravura y de poco respeto. Con bueyancones no se pueden hacer faenas así. El toro ideal, de que tantas veces he hablado, era este. Convenido ¿Pero quién hará faena semejante con un toro ideal? Solo Gallito, que lleva dentro un artista indefinible y que ayer, no me cabe duda, se le metieron dentro de su cuerpo pajolero los espíritus de Lagartijo, Guerrita y Cayetano Sanz. Los tres juntos, y aderezada la combinación con esa salsa gitana que solo se guisa en la cocina del Excmo. Sr. Don Rafael Gómez, por mal nombre Gallito.
Banderillas de Rafael.
Aún la emoción hace temblar mi pluma y no sé qué hacer, si tirar al aire las cuartillas vitoreando a Gallito, o coger un bastón para ir a darle golpes a la cabeza.

Yo les diré a ustedes cómo fue.

El de Aleas, de pocas arrobas, pero finamente criado, recogido de cabeza y de pitones, había hecho una buena faena en el primer tercio: bravura, nobleza, aunque no mucho poder.

Al sonar los clarines, cogió Gallito los palos y se los ofreció a sus compañeros, saliendo él por delante con un par de frente, cuadrando en la misma cara, que ni dibujado. Pastor metió uno muy bueno al cuarteo y Bombita, llegando a la cara con su acostumbrada maestría, uno un poco desigual.

Y el gran artista se dirigió hacia el noble bruto con la calva al aire y en la mano izquierda los chismes de matar. Tanteó con la izquierda y al arrancarse el toro, le dio un pase cambiado, aguantando mecha de verdad. Después….después con la izquierda, siempre con la izquierda, inclinando ligeramente, graciosamente, el cuerpo para cargar la suerte, corriendo la mano lo preciso, ni una línea más, ni una línea menos de lo conveniente, moviendo el brazo con pausa, recreándose, dio una serie de muletazos tan preciosos, tan justos, tan ceñidos, que yo declaro con la mano en el corazón que no vi nunca cosa parecida.
Momentos después de la estocada.

Y todo ello aderezado con esa sal que le brota por todos los poros de su cuerpo y con esa severa seriedad de los grandes toreros. ¡Qué pensaría el toro de todo aquello!

Las explosiones de entusiasmo se sucedían a cada pase maravilloso del tremendo artista. Ya no eran los suyos los impresionados por aquella labor inenarrable y sin par en el toreo. Eran los de Bombita, los de Pastor, los indiferentes, todos enroqueciendo de júbilo, con los ojos inyectados de la sangre de la emoción que volteaba vertiginosa por las venas.

¿Cómo mató? Mejor que otras veces. Un pinchazo en lo duro citando a recibir y una alta bien dirigida. ¡Pero qué importa el estoque! Él no es Salvador Sánchez ni su fama se amasó con la sangre de los morrillos.

Chantecler me parece muy poco. Tendremos que aguardar a que Rostand haga otro poema de más altos vuelos poéticos para aplicar su título a Gallito.

¡Asombroso! ¡Estupendo! ¡Monumental! Pero qué pobre es nuestra lengua en adjetivos. Olvidémoslo todo. La faena de ayer actúe a modo de esponja, empapada en sal y vinagre, para borrar del historial de este enorme torero los puntos negros que lo afean. Ni toros al corral, ni espantadas, ni cuarteamientos vergonzantes. Caiga el agua del Jordán sobre la reluciente calva del artista y saludemos al catecúmeno con el sombrero en la mano y la rodilla en tierra. ¡Salve, oh Gallo-fénix de la tauromaquia contemporánea!