dimecres, 13 d’octubre de 2021

'EL CACHETERO' ESCRIBE SOBRE JOSELITO VEINTICINCO AÑOS DESPUÉS...

'El Ruedo', coincidiendo con el veinticinco aniversario de la tragedia de Talavera, publicó una serie de artículos dedicados a glosar la figura del coloso de Gelves. El que reproducimos a continuación está firmado por 'El Cachetero':

Foto que acompaña el original en 'El Ruedo'

"Permítaseme confesar inicialmente que la presente tarea es la más difícil que se me presentó en mi corta vida de escritor taurino, en los breves años que esta firma lleva corriendo por los papeles que de la fiesta de toros se ocupan. ¡Ahí es nada pensar que la magnitud de Joselito haya podido incidir en esta pluma crítica, por más que de homenaje de señalado aniversario se trate! ¡Ahí es nada confesar un fervor absoluto y una filiación taurina sin vacilaciones, cuando la verdad es que mis cortos años me privaron de ver la majestad torera de Joselito el Gallo! Estas son dificultades a vencer, o a estrellarse en ellas con la mejor intención, con la intención de la glorificación del mejor torero que pisó las Plazas. 

 Nosotros, los gallistas —me gusta empezar así y añadirme, solo por milagro de fe, al gallismo militante—, somos así. Somos de los que creemos que la fiesta de toros aún anda con las tocas de la viudez, que se encendieron como llama funeral de ébano una tarde en Talavera, veinticmco años hace. Aquella tarde se perdieron con Joselito muchas cosas que no han vuelto a aparecer por las arenas donde los toros salen a poder a los toreros. Una de ellas, el freno sabio, la contraposición, que hacía que la revolución que el otro gran torero de la mejor época que conocieron los toros fuese positiva y se cuajase de adiciones. Todo ello era posible- porque Belmonte había descubierto genialmente que la teoría de los terrenos taurinos admitía un plus ultra. Pero allí estaba José para que esa adición no se sumase al toreo, restando, al par, sus dimensiones inmutables. El también murió, como murió Belmonte —¡qué gran pareja de toreros!—, que paradójicamente, una vez desaparecido José, fue quien con más pureza exhibió por las Plazas, en aquella su primera reaparición después de la tragedia —esos trances ya me fue dable contemplar—, lo que José le había añadido, loe valores básicos que una cerrada, nobilísima, competencia con él coloso que mató Bailaor le había volcado sobre los alamares.. He aquí una ventaja —contra muchos inconvenientes— de no haber nacido unos años más allá. La ventaja de la pureza con que pude admirar a Belmonte, por lo suyo y por lo que del otro traía encima. 

 Si hubiera sido de los gallistas que anduvieron a golpes y discusiones cuando las corridas de competencia del año catorce, algo me habría empañado la admiración que me merece el más auténtico fenómeno que ha aparecido en los toros. Tan fenómeno, que se elevó a torero de época, porque José estaba allí. Si la herejía puede recaer sobre el que es más papista que el Papa, herejía actual del toreo es de ser más belmontista que Belmonte. Sí fuera posible que éste, con el mejor vigor de sus años y en su mejor "forma" taurina —no encuentro vocablo más expresivo que éste, que tomo prestado del deporte—, pudiese alternar con los actuales belmontistas, que han elevado la escuela a un punto quizá, bellísimo, de decadencia, como fruta deliciosa y viciosamente sazonada, podría verse con los ojos de la cara lo que Joselito fue en los toros. Uno, ha encontrado ya concebida la fiesta en un tono unilateral, sin más freno que las excepciones del propio Belmonte, por lo que antes dijimos, y las más palidecidas de Granero, y algunos aspectos de Marcial Lalanda. Uno ha encontrado ya la fiesta viuda. Y por eso, el estudio atento del pasado, tan próximo, de la leyenda y del mito taurino de Gallito, señaló el camino sin duda alguna. Uno es gallista desde entonces, y coa tal filiación me confieso cuando ahora me preguntan sobre mi simpatía a este o a otro ismo actual. Yo no sé si estoy solo entre mis coetáneos en tal postura, que a lo mejor me viene por herencia de un abuelo que fue lagartijista y de un padre cuya vida taurina empezó por Guerrita y acabó con Joselito, o si existen gentes en mis circunstancias. No lo sé, sino que el grupo ha de formarse y aumentar inexorablemente el grupo de los que creen que la fiesta de los toros ha de salvarse por el gallismo y lo que representa. 

 Si esto, a los veinticinco años de morir, no sirve como el mejor homenaje a Joseiito, no sé cuál servirá. Hacer creyentes tras de la muerte, ganar batallas como la que ha de ganarse después de muerto, es privilegio de grandes héroes. Del gran héroe de los toreros que fue Joselito, el mejor torero que pisó los ruedos".

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