diumenge, 2 de desembre de 2018

RAFAEL Y PASTORA HABLAN DE SU RELACIÓN (I)

En el Heraldo de Madrid (12 de febrero de 1912) se publicó, en primera página, una extensa entrevista con Pastora Imperio y con Rafael, ya separados. El trabajo lo firmó ‘El duende de la Colegiata’, es decir, Adelardo Fernández Arias, periodista, dramaturgo y director de cine, que años después mostraría sus inclinaciones fascistas.

El duende’ se fue a Sevilla para hablar con el exmatrimonio. Primero acudió a la calle Santa Ana número 3, la casa de Rafael. Allí un criado le advirtió de que Rafael no se levantaba antes de las 12, por lo que decidió ir a la calle Correduría, números 43 y 45, donde vivía Pastora Imperio.

Pastora Imperio entra en la habitación, vestida de luto; sus ojos de gata, grandes, de niñas enormes, nos miran con curiosidad

 —¿Qué tal, Pastora?! ¿No se acuerda usted de mí? ¿En el Japonés? ¿Cuando usted empezaba?—le dije.
—Sí, sí…ya recuerdo…. ¡Creo que no recordaba!... jBueno, no importa!
—¿Está usted de luto?
—Sí, señor; ha muerto mi padre hace dieciocho días
Pastora Imperio
.—Doy á usted mi pésame.
—Muchas gracias
[…..]

Y Pastora calló. Le hablé en varios tonos de varias cosas, y al fin me dijo precipitadamente, con voz sonora, de un timbre metálico:

—Verá usted. Usted me ha conocido en El Japonés; supo que de mí no ha podido decir nadie nunca nada, y que yo traía loco á Madrid y todos se decían: «Ese es terreno vedado,.. No pierdas tiempo.» Yo he sabido coquetear con todo el mundo, y lo mejor de Madrid estaba loeo por mí; ¿se acuerda usted? Bueno; pues cuando yo me marché con Rafael era porque lo quería, porque fué el primer hombre que me hizo tilín... y me marché con él, ¡ea! Después nos casamos; cuando Rafael se casa conmigo, algo vería Rafael en mí que le hiciese decidirse á hacerme su esposa. La noche que nos casamos fuimos al Eslava y, al salir, la gente nos apretó y nos metió en el coche sin que nos enterásemos; el vestido, el sombrero, todo me lo rompieron... Cuando llegamos á casa, Rafael me dijo: «¡Oye, no volvemos al teatro, porque esto es un escándalo y á mí me fastidia!» . “Lo que tú quieras» le respondí.., y ¡ea!, desde entonces no he vuelto á saber ío que es una diversión ni salir con él por ahí... Ya ve usted, á Bienvenida le gusta lucir  a su mujer, llevarla á paseo,,, ¡A Rafael, no! Y yo, ¡tan á gusto! ¿Lo quería él así? ¡Bueno! Entonces me dijo qua íbamos a vivir con su familia y allá fuimos.,.

Pastora hizo una pausa; tomó aliento y continuó:

Adelardo Fernández
 —En Santa Ana, número tres, vivía su familia; en el cinco, nosotros; pero una puerta comunicaba las dos casas,.. Yo, al principio, estaba contenta porque como él se pasa algunas temporadas en El Pedroso, yo, en vez de estar sola prefería estar con su familia,,,; pero ¡no quiera usted saber!... Yo estoy acostumbrada á otra cosa... en fin.,, ¡una de disgustos!... ¡la mar!... ¡Que no era posible!.,. Luego Rafael es un hombre raro; no habla; no dice nada; una ve que le pasa algo, que tiene alguna preocupación, y él no dice nada. Y yo me he pasado un año encerrada….allí…

—¿Encerrada?-le pregunto.


—Bueno… encerrada, encerrada, no; pero ¡vamos!, que no he ido á ninguna parte. Yo iba algunas veces á El Pedroso á verle á él… Y con mi mantón como una gitanilla, porque a él no la gustan los sombreros, ni los vestidos, ni esas cosas; ¡á mí tampoco me gustó! Y allí me tiene usted, encerrada, y pidiéndole á la Virgen, los días de corrida, que me lo tratara con bien, porque, ¡á ver!, mi pan es el suyo, y usted ya ve, ¡qué vida de zozobra!

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