dimecres, 12 de desembre de 2018

RAFAEL Y PASTORA HABLAN DE SU RELACIÓN (Y IV)

Última entrega de la entrevista a Pastora Imperio y a Rafael 'Gallo' publicada en el Heraldo de Madrid el 12 de febrero de 1912. En este caso, se trata de la segunda parte de las respuestas del matador a las preguntas de 'El duende de la Colegiata'.

Todos callamos. Yo pregunté al Gallo de improviso:

—Sin embargo, ella dice que los celos de usted son como su idea de que la cuadrilla echaba polvos en los capotes para estropear los toros…

 Hubo un momento de estupor. Todos dependían de la cara del torero. Vi palidecer á Alfonso. El Gallo, muy digno, muy caballero, con un aplomo de sinceridad que destilaba amargura, me respondió:

—Mire usted, esas son intimidades; cosas muy íntimas y muy dolorosas. ¡A lo mejor tiene uno figuraciones que...! ¡En fin... vamos á hablar de otra cosa!

[…]

Gallito, muy simpático, con una afabilidad encantadora, me cogió de un brazo y me llevó á un rincón.

—¡Usted es un hombre!—me dijo coa convicción—, y sabe lo que son estas cosas. Yo tengo mucha vergüenza y mucha dignidad, y yo no puedo olvidar… ¡lo que no puedo olvidar!

—Diga usted, Rafael—le pregunté-. Y si Pastora trabaja... ¿qué va usted á hacer?

Gallito me miró sorprendido.

—¿Cómo que qué voy á hacer? Pues ¡nada! ¡Que trabaje todo lo que quiera! ¡Me tiene sin cuidado! ¡Mira usted, para mí, esa mujer ha muerto! ¡Como si no existiera! Ella y yo somos ya dos extraños. Si en España hubiera divorcio, estaríamos divorciados y ella se casaría con uno que la hiciera feliz y yo„. ¡quién sabe!,,, ¡quizá, también! Yo he hecho como si me hubiese divorciado ya de ella... La vería por la calla con otro y me tendría sin cuidado. Para mí ¡ha muerto!.... ¡completamente! ¿No comprende usted que yo soy un hombre de vergüenza y de dignidad, y ante todo un hombre debe ser…¡hombre!

—De modo—le dije—¿que no se unirá usted á Pastora?

—No, señor; es decir, yo no sé si cambiaré de idea; yo no sé si variaré; los hombres podemos variar, rectificarnos á nosotros mismo; si no cambio de idea, si sigo pensando como hoy, esa mujer y yo hemos acabado para siempre; hace falta mucha fuerza de voluntad para hacer esto... Al principio, el corazón, los sentimientos, la gente, las familias, los amigos, todos; pero ¡créame usted! Yo sé lo que hago; tengo mis motivos; son cosas íntimas... de uno, ¡Qué quiere usted, yo tengo vergüenza, y eso es antes que todo!

 Ei Gallo, muy emocionado, me abrazó y me dijo, muy bajo, al oído, con la voz velada, con mucha amargura:

—Usted me comprende; usted es hombre, y sabe lo que son estas cosas... ¡lo que no puede ser,.., pues no puede ser!... ¡Y no será!


 Nos despedimos. Gallito, con esa simpatía personal que irradia y que le ha hecho ídolo de todos los públicos, supo subyugarnos á todos; al separarnos, un momento emocional cruzó nuestras almas; aquel hombre sufría y luchaba, manteniendo sus fueros de hombre con la noble dignidad del caballero.

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